lunes, julio 1

COMENTARIOS DE 1 DE CRONICAS CAPITULOS 25,26,27,28 Y 29

CAPÍTULO XXV



Los cantores y los músicos



David organizó a los que fueron nombrados para cantores y músicos del templo. Profetizar en este lugar

significa alabar a Dios con gran fervor y afecto devoto, bajo la influencia del Espíritu Santo. Se empleaba

música y poesía para provocar estos afectos. Si el Espíritu de Dios no pone vida y fervor en nuestras

devociones, por ordenadas que sean, serán una forma inanimada e indigna.


CAPÍTULO XXVI



Los oficios de los levitas



Los porteros y tesoreros del templo tenían la ocasión de usar de fuerza y valor para oponerse a quienes

intentaban entrar al santuario en mala forma, y para custodiar los tesoros sagrados. Mucho se gastaba

diariamente en el altar: harina, vino, aceite, sal, combustible, además de las lámparas; se disponía

anticipadamente de buenas cantidades de esos elementos, además de los ropajes y utensilios sagrados
Estos eran los tesoros de la casa de Dios. Estos tesoros tipificaban la abundancia que hay en la casa de

nuestro Padre celestial, suficiente y para guardar. Todas nuestras necesidades son satisfechas con los

tesoros sagrados, las inescrutables riquezas de Cristo; al recibir de su plenitud, debemos darle gloria y

disponer de nuestras habilidades y de nuestra sustancia conforme a su voluntad. —Tenemos una relación

de los empleados como oficiales y jueces. La magistratura es una ordenanza de Dios para bien de la iglesia,

tan verdaderamente como el ministerio, y no debe ser descuidada. Ninguno de los levitas que fueron

empleados en el servicio del santuario, ninguno de los cantores o porteros, se ocupó en un asunto externo;

un deber era suficiente para comprometer por completo al hombre. Para cada oficio son útiles y se requiere

sabiduría, valor, fe firme, afectos santos y decisión constante para cumplir nuestro deber.


CAPÍTULO XXVII



Versículos 1—15.

La fuerza militar de David. 16—34. Príncipes y oficiales.

Vv. 1—15.


En los reinos de este mundo la prontitud para la guerra asegura la paz; en forma semejante,

nada anima tanto los ataques de Satanás como estar descuidado. En la medida que estemos armados con

toda la armadura de Dios, en el ejercicio de nuestra fe y preparación del corazón, ciertamente estaremos a

salvo y probablemente disfrutemos de paz interior.


Vv. 16—34.


Los oficiales de la corte, o los administradores de la fortuna del rey, tenían a su cargo la

supervisión y el cuidado de la labranza, los viñedos, las manadas y los rebaños del rey, cosas que

constituían la riqueza de los reyes orientales. Gran parte de la sabiduría de los príncipes se aprecia en la

elección de su gabinete, y las personas corrientes la demuestran en su elección de consejeros. Aunque

David tenía todo eso, prefería la Palabra de Dios a todos. Tus testimonios son mi deleite y mis consejeros.


CAPÍTULO XXVIII



Versículos 1—10.

David exhorta al pueblo al temor del Señor. 11—21. Él da instrucciones para el templo.

Vv. 1—10.


Durante la última enfermedad de David había muchos sumos sacerdotes y levitas en Jerusalén.

Encontrándose capaz, David habló de su propósito de edificar un templo para Dios, y que Dios había

desautorizado ese propósito. Les habló de los bondadosos propósitos de Dios acerca de Salomón. David

les encargó que se aferraran constantemente a Dios y su deber. No podemos hacer nuestra obra como

debemos, si no nos decidimos a buscar fortaleza en la gracia divina. —La religión o la piedad tiene dos

partes distintas. La primera es el conocimiento de Dios, la segunda es la adoración de Dios. David dice


conoce


al Dios de tu padre y sírvele con corazón perfecto y voluntad dispuesta. Dios se da conocer por sus

obra y su Palabra. La sola revelación muestra todo el carácter de Dios en su providencia, su santa ley, su

condenación de los pecadores, su bendito evangelio y la ministración del Espíritu a todos los creyentes

verdaderos. El hombre natural no puede recibir este conocimiento de Dios, pero, así aprendemos a valorar

la expiación del Salvador y la santificación del Espíritu Santo, y somos influidos para andar en todos sus

mandamientos. Lleva al pecador a su lugar apropiado al pie de la cruz como pobre gusano culpable y

necesitado, que merece la ira, pero espera todo lo necesario de la misericordia y gracia gratuitas de nuestro

Padre Dios y del Señor Jesucristo. Habiéndosele perdonado mucho, el pecador perdonado aprende a amar

mucho.


Vv. 11—21.


El templo debe ser cosa sagrada, y tipo de Cristo; debe estar encuadrado en la enseñanza

divina. Cristo
es el templo verdadero, la iglesia es el templo del evangelio y el cielo es el templo eterno;

todos están dentro del marco de los consejos divinos y el plan establecido en la sabiduría divina, ordenada

delante del mundo, para la gloria de Dios y para nuestro bien. —David sentó este patrón para Salomón,

para que éste pudiera andar conforme a lo mandado. Se suministran materiales para los utensilios más

caros del templo. Se dan instrucciones acerca de donde buscar ayuda para esta gran empresa. No

desfallezcas: Dios te ayudará y tú debes mirarlo a Él primeramente. Podemos estar seguros de que Dios,

que reconoció a nuestros padres, y los llevó por los servicios de su época, de igual manera, nunca nos

dejará mientras tenga alguna obra que hacer en nosotros o por medio nuestro. Probablemente prosiga la

buena obra cuando todos los comprometidos estén dispuestos a hacerla avanzar. Esperemos en la

misericordia de Dios; si le buscamos, lo encontraremos.


CAPÍTULO XXIX



Versículos 1—9.

David invita a príncipes y al pueblo que ofrenden de buena voluntad. 10—19. Su acción de

gracias y oración.


20—25. Salomón asciende al trono. 26—30. El reino y la muerte de David.

Vv. 1—9.


Lo que se haga en obras de piedad y caridad debe realizarse voluntariamente y no por obligación,

porque Dios ama al dador alegre. David dio un buen ejemplo. David ofrendó, no por obligación ni para

exhibirse, sino porque había puesto su afecto en la casa de Dios y pensaba que nunca haría bastante para

fomentar esa buena obra. Quienes quieran atraer a otros al bien, deben ir adelante ellos mismos.


Vv. 10—19.


No podemos formarnos una idea correcta de la magnificencia del templo y de los edificios

que lo rodeaban, en los cuales se usaron tales cantidades de oro y plata. Pero las inescrutables riquezas de

Cristo exceden el esplendor del templo, infinitamente más de lo que aquel superaba a la choza más pobre

de la tierra. En lugar de jactarse de óbolos tan grandes, David agradeció solemnemente a Dios. Todo lo que

ellos dieron para el templo del Señor, era de Él; si ellos intentaban retenerlo, la muerte los hubiera quitado

prontamente de eso. El único uso que podían hacer de eso para su beneficio real, era consagrarlo al

servicio de Aquel que lo dio.


Vv. 20—25.


Esta gran asamblea se unió a David para adorar a Dios. Quienquiera sea la boca de la

congregación, quienes se le unan sólo se benefician, no tanto por inclinar la cabeza como por elevar el

alma. —Salomón se sentó en el trono del Señor. El reinado de Salomón tipifica el reinado del Mesías cuyo

trono es el trono del Señor.


Vv. 26—30.


Cuando leímos el segundo libro de Samuel escasamente podíamos esperar que David

apareciera tan ilustre en su escena final. Pero su arrepentimiento había sido tan notable como su pecado; y

su conducta durante sus aflicciones, y hacia el final de su vida, parece haber tenido un buen efecto en sus

súbditos. Bendito sea Dios, porque hasta el principal de los pecadores puede esperar una partida gloriosa

cuando es llevado al arrepentimiento, y huye a refugiarse en la sangre expiadora del Salvador. Marquemos

la diferencia entre el espíritu y el carácter del hombre que era conforme al corazón de Dios, en la vida y en

la muerte, y los de los profesantes indignos que se le parecen sólo en sus pecados, y que tratan malamente

de justificar sus crímenes por los pecados de aquel. Velemos y oremos, para que no seamos vencidos por la

tentación, y tomados por el pecado para la deshonra de Dios y perjuicio de nuestra conciencia. Cuando

sintamos que hemos ofendido, sigamos el ejemplo del arrepentimiento y la paciencia de David, a la espera

de una resurrección gloriosa por medio de nuestro Señor Jesucristo.


Henry, Matthew. 

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