Marcos 4
1. (4,1-20) Antes de interpretar la parábola del sembrador, debemos tener en mente la situación
histórica de ese momento. La gente continuamente está acudiendo a Jesús, tanto así, que Él tiene que
entrar en una barca. Desde aquel lugar comenzó de nuevo a enseñar. Sin embargo, la gente tiene al
parecer más interés en el curador de enfermedades que en el predicador de la Palabra. Un indicio de
esto, es el hecho de que Jesús destaca dos veces la importancia de oír bien (la palabra `oíd' en el v.3 y
la frase, "el que tiene oídos para oír, oiga" del v. 9). Entrando en una barca, Jesús crea distancia literal,
pero a la vez esta distancia demuestra una situación espiritual: la multitud está lejos del propósito real
de Jesús, cual es, predicar el reino de Dios y repartir el perdón de los pecados.
Adoptando la actitud de un maestro, Jesús se sienta y enseña muchas cosas por medio de parábolas.
En sí, esto no es algo nuevo, puesto que Él hablaba a menudo en parábolas. Lo que sí es nuevo es que
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ahora la ilustración se convierte en lo principal, podemos decir: sin `subtítulos'. Las parábolas obligan a
una meditación profunda o, de otro modo, la enseñanza de Jesús sigue siendo incomprendida. Jesús
empieza y termina la primera enseñanza con el tema: todos deben oír bien. Escuchar a Jesús es de
vital importancia. Esta parábola refleja la situación de los campos pequeños en Palestina. Las imágenes
indican que lo sembrado es amenazado por las aves, por el calor del sol y por la mala hierba. La semilla
sólo prospera en tierra buena. La tierra buena es aquella que tiene profundidad y susceptibilidad. Sólo
aquí el grano puede echar raíces, encontrar líquido, alimento y dar fruto; la tierra del que escucha la
palabra de Dios debe ser susceptible y el corazón dispuesto a recibir.
El sembrador es Jesús mismo. Es notable que Él se compare a sí mismo con un sembrador. La gente
piensa en cosas grandes, en la cosecha, pero Jesús en la actividad del sembrador.
Cuando sus discípulos (en un sentido amplio, pues son más que los 12) en un momento de descanso
le preguntan a Jesús por qué habla en parábolas, Él responde diciendo que ellos deben poder entender
su enseñanza, ya que a ellos es dado (por Dios) entender los misterios del reino. Ellos conocen el
verdadero propósito de la venida de Jesús. Pero para los demás, los de afuera, es decir, los que no
conocen a Jesús tal como es, todo es un misterio que no pueden entender. Como castigo por su
incredulidad, no pueden ver ni percibir, ni entender lo que ven y oyen. Aquellos que persisten en su
incredulidad y rechazan el verdadero propósito de Jesús, el perdón de los pecados, recibirán lo que
merecen, pero el perdón se les escapará de las manos.
Jesús se asombra que sus discípulos no entiendan la parábola, ya que entonces ¿cómo podrían
entender las demás? Esta parábola es la llave para comprender las demás parábolas que tratan de su
reino. La semilla es la Palabra de Dios. Ahora Jesús menciona tres lugares en donde la semilla no da
fruto. Cuando la palabra no entra en el alma, en seguida viene satanás como un ave de rapiña y la quita
de la vida y de la memoria. Recibir la palabra superficialmente, puede producir gozo, pero este gozo es
temporal, pues esto queda demostrado en los momentos difíciles de persecución en donde falta la fe en
Jesús. Cuando permitimos que las riquezas y las codicias se entronen en nuestra vida, estas suprimen
la palabra de Dios.
Solamente donde hay buena tierra, habrá un corazón susceptible a la palabra de Dios y una
producción de frutos a treinta, sesenta, y a ciento por uno como consecuencia.
* Sólo un corazón receptivo a la Palabra de Dios producirá hermosos y verdaderos frutos.
2. (4,21-25) Con otras imágenes Jesús aclara lo que pasa. Él es la luz. Normalmente la luz se pone en
un candelero y no debajo del almud o debajo de la cama, puesto que de esta manera no prestaría
ninguna utilidad. Esto es precisamente lo que quieren hacer algunos al querer que Jesús se calle. Pero
aunque la gente oscurezca la luz de Cristo, esta luz será conocida, si no ahora en medio de todo el
pueblo de Israel, seguramente después de la resurrección en medio de las naciones, cuando la gente
escuche bien a Jesús. Sólo si medimos con una buena medida (reconocer a Cristo tal como es)
recibiremos más: dar fruto para la gloria de Dios, llegando un día a ver lo que creemos ahora. Si
consideramos a Jesús sólo como Curador, la relación que pensamos tener con Él nos será quitada.
* Los ricos en el Señor aumentarán sus riquezas; los pobres caerán más en la miseria.
3. (4,26-29) A partir del versículo 26 Jesús se dirigirá nuevamente a la multitud. Ella espera de Jesús
cosas extraordinarias, no obstante, Él continúa lanzando semilla en la tierra, algo que no es tan
espectacular. Sin embargo, sin que nadie sepa cómo, la semilla crece por sí misma. Jesús no trae el
reino de Dios con fuerza y violencia, sino que lo hace por medio de la predicación de su Palabra. La vida
diaria continúa con su actividad normal, pero la semilla crece de hierba hasta espiga, y de espiga hasta
llegar a ser una espiga bien granada de trigo. La forma en que la semilla da fruto es un milagro obrado
por Dios. La palabra griega `automate' que se traduce "por que de suyo", indica la obra de Dios, quien
no abandona al mundo, sino que está obrando en él de manera silenciosa a través de la predicación de
su Palabra. Así viene la cosecha y luego el juicio final. Aquellos que crecen en la fe verán el reino y al
Rey en su gloria. Todavía tenemos que esperar.
* La obra de Dios avanza en forma milagrosa y silenciosa.
4. (4,30-34) Existe una gran diferencia entre la esperanza que abriga la multitud con respecto al reino de
Dios y la realidad tal como Jesús la trae. Si Jesús pregunta: "¿A qué haremos semejante el reino de
Dios, o con qué parábola lo compararemos?", es lógico para la multitud pensar en grandes cosas. Por
lo tanto, es frustrante que Jesús compare el reino de Dios con la semilla más chica que hay, la semilla
de mostaza. Parece irrespetuosa esta semejanza; Jesús se da cuenta de la pequeñez de la imagen, ya
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que lo destaca en el v.31. Pero la imagen es de mucha utilidad, ya que la semilla de mostaza puede
crecer hasta convertirse en una de las más grandes plantas del huerto. Jesús destaca no sólo el
contraste (entre el comienzo tan pequeño y el resultado tan grande), sino también la manera por la cual
la semilla crece: tan sólo una vez que es sembrada (32). Así crecerá la obra de Cristo: a través de su
muerte.
* El reino de Dios crece a través de la muerte de Jesús, a través de la pérdida.
El hecho de que Jesús sea una persona rechazada parece incompatible con la esperanza de la venida
del reino de Dios, pero en realidad ése es el camino de Dios para traer su reino.
Con muchas parábolas, Jesús enseñaba a las multitudes conforme a lo que podían oír; sin embargo,
declaraba todo a sus discípulos. Esto no significa que Jesús no estuviera dispuesto a dar a conocer las
parábolas también a la multitud, sino que el compromiso que se tenga con Él, será la garantía para
poder entender, o no entender, las cosas del reino de Dios.
* Si los hombres quieren guardar distancia de Jesús, entonces tampoco entenderán sus
enseñanzas.
5. (4,35-41) Al final de aquel día, Jesús manda a sus discípulos a pasar al otro lado del mar de Galilea.
Despidiendo a la multitud, le llevaron tal como estaba (en la barca). También había otras barcas muy
próximas, que fueron testigos del milagro de esa noche. De pronto se levantó una gran tempestad, las
olas se lanzaban contra la barca de tal manera que ella se llenó de agua. En ese momento, Jesús
dormía tranquilamente en la popa con la cabeza sobre un cojín. Pero para los discípulos, esto
significaba que estaban en gran peligro, y por eso despertaban a Jesús, diciéndole: ¿"No tienes cuidado
que perecemos"? Jesús calma en seguida la tempestad, reprendiéndola como si ella fuera un poder
destructivo con personalidad propia, y, a la vez, reprende a sus discípulos, ya que no era necesario
tener temor. Era su orden pasar al otro lado y todo lo que Él manda, sucede. Él hace lo que sólo Dios
sabe hacer, calmar el mar (ver Salmo 107,29; 89,10). El suceso hizo que los discípulos sintieran un
gran temor y se preguntasen: "¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?" Con estas
palabras los discípulos reconocen el poder divino de Jesús.
* Jesús hizo un milagro, no porque era necesario sino para fortalecer la fe de los suyos.
Síntesis aplicativa de temas importantes.
1a. La primera venida de Jesús tiene como señal la actividad del sembrador. Aún estamos en esta
etapa. La cosecha y la gloria final de Jesús son todavía cosas futuras. Lo importante es que la palabra
de Jesús eche raíces profundas en nuestras vidas, y de esta manera produzcamos frutos para la gloria
de Dios. Así que no debemos amedrentarnos, pensando que la actividad de sembrar la Palabra no
parece tan espectacular para los hombres.
1b. Sólo los creyentes pueden comprender el comienzo humilde del reino de Dios en la persona
de Jesucristo. El Señor habla a sus discípulos y les dice que sólo a ellos ha sido dado (por Dios)
conocer el misterio del reino de Dios. Este misterio consiste en la revelación de Jesucristo como el Hijo
de Dios que vino a salvar al mundo. Es este un misterio que únicamente puede ser aceptado por fe, ya
que la gente espera cosas extraordinarias, y la imagen humilde de Jesús no encaja en su expectativa.
Así que no nos esforcemos por hacer que el reino de Dios se vista de sensacionalismo en esta tierra.
Sólo el que ha sido llamado por Dios comprenderá plenamente el significado de la vida, obra y palabra
de Jesús.
1c. En la parábola del sembrador encontramos una respuesta del porqué algunos reciben el
mensaje de salvación y otros lo rechazan. Jesús es el sembrador, Él predica la Palabra. Asimismo,
todo creyente que predica el evangelio está sembrando la Palabra de Dios en los corazones. Mucha
gente escucha el mensaje de salvación, pero no todos lo reciben; las razones de esto las podemos
encontrar en la actividad de Satanás que gobierna de tal manera la mente de algunos, que la hace inútil
para retener la Palabra de Dios; en otros, aparentemente hay una conversión: pueden asistir a la iglesia
con gran gozo, pero cuando tienen un problema se desilusionan y se apartan del Señor; por último, hay
quienes pretenden servir a Dios, pero no lo hacen ya que están más interesados por las cosas de este
mundo que por las de Dios. Sin embargo, y a pesar de todo aparente fracaso, la Palabra del Señor no
vuelve vacía: hay corazones que muestran verdadera conversión a Dios a través de una vida que
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glorifica al Señor.
2a. Jesús, la Luz del mundo, vino para alumbrar y sacar a luz todo lo oculto. Muchos quieren que
Jesús deje de hacer lo que hace, pero esto es imposible: Él vino para alumbrar a los hombres en el
conocimiento y voluntad de Dios. Pero la gente en general es ciega ante esta luz, al no reconocer a
Jesús en su sentido real. Si Israel en su totalidad no ve a Jesús, los creyentes de Israel y las naciones sí
lo harán y caminarán en ella. Además, nadie debe confiarse de que su situación de incredulidad ante
Dios nunca saldrá a luz. Llegará el momento cuando se revelará cuál es nuestra verdadera relación con
Jesús. Y en alguna medida esto ya ha comenzado, pues aquel que cree en Jesús recibe más bendición
de parte de Dios, pero el que sólo conoce a Jesús como un sanador simplemente recibirá cada vez
menos. Su vida con Dios no puede florecer.
3. Aunque no de manera espectacular, la Palabra de Dios está obrando en el corazón de la gente.
La semilla del evangelio crece automáticamente, pero esto es imperceptible para nuestros sentidos. Lo
cierto es que a través de la predicación del evangelio el reino de Dios está creciendo, transformando la
vida de los hombres desde adentro. El saber esto, es un gran aliciente para emprender una obra
evangelística, ya que aunque no veamos resultados inmediatos, por otro lado sí podemos confiar en
que Dios, en su misericordia, está obrando por medio de su Espíritu en el corazón de la gente,
preparándola para el gran día de la cosecha.
4. Jesús compara su reino a la semilla más pequeña que había en Israel; pero tal semilla llegará
a ser un enorme arbusto. Sin embargo, aun lo más pequeño debe `morir'. Jesús demostró esto por
medio de su propia muerte; mas su fruto es grande: una cosecha de miles y miles de personas que
encuentran la vida en Jesús.
5. El que Jesús nos asegure que llegaremos al final de nuestro trayecto, no significa que nunca
encontraremos oposición en el camino. La orden de Jesús es a la vez un hecho consumado; si Él
ordena a sus discípulos pasar al otro lado del mar, es porque sabe que esto se llevará a cabo. No
obstante, el trayecto no está exento de dificultades. Debemos estar preparados para las situaciones
difíciles que encontraremos en la vida cristiana, y no pensar en que hemos sido abandonados por Dios,
como si Él no se preocupara por nosotros. ¡No existe tempestad tan grande que impida el avance de
Jesús sobre esta tierra!
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