miércoles, octubre 19

COMEN TARIO DE 1 DE SAMUEL CAPITULO 9

CAPÍTULO 9

1 Abimelec es hecho rey por conspiración con los siquemitas y asesinato de sus hermanos. 7 Jotam los reprocha mediante una parábola y predice su ruina. 22 Gaal conspira con los siquemitas contra él. 30 Zebul revela el complot. 34 Abimelec los vence y siembra la ciudad con sal. 46 Quema la torre del dios Berit. 50 En Tebes es muerto por una piedra de molino. 56 Cumplimiento de la maldición de Jotam.

1 ABIMELEC hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo:

2 Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem: ¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.

3 Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos de todos los de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano es.

4 Y le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit, con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron.

5 Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de Jerobaal, que se escondió.

6 Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem.

7 Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo: Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios.

8 Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros.

9 Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?

10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros.

11 Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?

12 Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros.

13 Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?

14 Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros.

15 Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.

16 Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos

17 (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de Madián,

18 y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano);

19 si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros.

20 Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec.

21 Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo por miedo de Abimelec su hermano.

22 Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años,

23 envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec; 358

24 para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos.

25 Y los de Siquem pusieron en las cumbres de los montes asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a ellos por el camino; de lo cual fue dado aviso a Abimelec.

26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se pasaron a Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza.

27 Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y pisaron la uva e hicieron fiesta; y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec.

28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y qué es Siquem, para que nosotros le sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal, y no es Zebul ayudante suyo?

Servid a los varones de Hamor padre de Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él?

29 Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues yo arrojaría luego a Abimelec, y diría a Abimelec: Aumenta tus ejércitos, y sal.

30 Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las palabras de Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira,

31 y envió secretamente mensajeros a Abimelec, diciendo: He aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y he aquí que están sublevando la ciudad contra ti.

32 Levántate, pues, ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscadas en el campo.

33 Y por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre la ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él salgan contra ti, tú harás con él según se presente la ocasión.

34 Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro compañías.

35 Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él estaba, se levantaron de la emboscada.

36 Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí gente que desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió: Tú ves la sombra de los montes como si fueran hombres.

37 Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que desciende de en medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de la encina de los adivinos.

38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con que decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y pelea con él.

39 Y Gaal salió delante de los de Siquem y peleó contra Abimelec.

40 Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal huyó delante de él; y cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta.

41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y a sus hermanos, para que no morasen en Siquem.

42 Aconteció el siguiente día que el pueblo salió al campo; y fue dado aviso a Abimelec,

43 el cual, tomando gente, la repartió en tres compañías, y puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el pueblo que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos y los atacó.

44 Porque Abimelec y la compañía que estaba con él acometieron con ímpetu, y se detuvieron a la entrada de la puerta de la ciudad, y las otras dos compañías acometieron a todos los que estaban en el campo, y los mataron.

45 Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y mató al pueblo que en ella estaba; y asoló la ciudad, y la sembró de sal.

46 Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre de Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit.

47 Y fue dado aviso a Abimelec, de que estaban reunidos todos los hombres de la torre de Siquem.

48 Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la gente que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y cortó una rama de los árboles, y levantándola se la puso sobre sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo.

49 Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la fortaleza, y prendieron fuego con ellas a la fortaleza, de modo que 359 todos los de la torre de Siquem murieron, como unos mil hombres y mujeres.

50 Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a Tebes, y la tomó.

51 En medio de aquella ciudad había una torre fortificada, a la cual se retiraron todos los hombres y las mujeres, y todos los señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, se subieron al techo de la torre.

52 Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó hasta la puerta de la torre para prenderle fuego.

53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo.

54 Entonces llamó apresuradamente a su escudero y le dijo: Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: Una mujer lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió.

55 Y cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron cada uno a su casa.

56 Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus setenta hermanos.

57 Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo de Jerobaal.

1.

Siquem.

Se hallaba a unos 50 km al norte de Jerusalén en un valle estrecho y fértil.

Probablemente estaba bajo la jurisdiccion de Gedeón. Al menos, allí vivía su concubina con sus familiares. Tan pronto fue enterrado Gedeón, Abimelec fue a Siquem para procurar que sus parientes -que parecen haber sido ciudadanos de renombre de esa ciudad- le ayudaran a heredar la autoridad para gobernar que había ejercido su padre.

2.

Los de Siquem.

La palabra hebrea traducida "los" es el plural de ba"al, que significa "dueños" o "ciudadanos". Los habitantes eran de diferentes razas: algunos israelitas, otros cananeos, y algunos, como Abimelec, eran consanguíneos de ambos. Vivían juntos, amalgamados hasta cierto punto, pero sentían cierto desprecio mutuo.

En el vers. 28 se indica que en esta ciudad predominaban los cananeos.

¿Qué os parece mejor?

Abimelec creyó que éste era un argumento poderoso. No hay razón para pensar que los 70 hijos de Gedeón quisieran gobernar. Abimelec presentó el caso de la peor manera posible, aprovechándose de los temores y prejuicios de la población.

Hueso vuestro.

Abimelec parece dirigirse al sector cananeo de la población; pero aunque así no hubiese sido, los israelitas que vivían en Siquem eran de la tribu de Efraín, y él conocía bien su ambición de ser la tribu principal. A ellos sin duda no les habría gustado que Gedeón, de la tribu de Manasés, fuera el caudillo de toda la zona. Por lo tanto, habrían estado muy dispuestos a aprovechar la oportunidad de elevar al puesto de su padre al hijo de Gedeón, que era de Siquem.

4.

Baal-berit.

En la antigüedad se depositaban en los templos los fondos privados y estatales, así como se los coloca hoy en los bancos. Además, cada templo tenía su propia tesorería donde se acumulaba el dinero entregado por votos, multas y donaciones. El apoyo financiero de la empresa de Abimelec provino de un templo de Baal. ¡Qué desgracia que el hijo del que comenzó su carrera mostrando la inutilidad de la adoración de Baal, iniciara la suya con una dádiva del templo de Baal y que con ese dinero matara a todos sus hermanos! Tal es el resultado final de la poligamia, la ambición y la falta de piedad. En las casas donde se practica la poligamia hay poco afecto y muchos celos.

Setenta siclos.

Un siclo por cada hermano muerto, aproximadamente 11,4 g de plata por cada uno.

Ociosos y vagabundos

Literalmente, "vacíos [sin valor] e indisciplinados". Se han llevado a cabo muchas revoluciones sangrientas porque sus dirigentes se han rodeado de tales seguidores indisciplinados y de mala fama.

5.

Mató a sus hermanos.

Éste era el método habitual que los usurpadores empleaban para conseguir el trono. El que no tenía ningún derecho eliminaba a todos los que tenían derecho al trono, a fin de que no tuviera ningún competidor. Los déspotas preveían las conspiraciones que se levantarían contra ellos, y por lo tanto mataban a todos sus hermanos y parientes cercanos.

Sobre una misma piedra.

Como a animales de sacrificio (1 Sam. 14: 33-35), Abimelec mató a sus hermanos quizá sobre la peña donde Gedeón había hecho su altar.

Jotam

Este nombre significa literalmente, 360 "Jehová es perfecto". El hecho de que Gedeón le hubiera puesto ese nombre a su 70.º hijo indica que siguió siendo fiel creyente en el Señor a pesar del efod que había hecho.

6.

Casa de Milo.

Es probable que la casa de Milo hubiera sido un lugar a poca distancia de Siquem. No se da a entender si la palabra "casa" se refiere a la familia o a los habitantes de Milo, o a un edificio. Aquí y en el vers. 20 la frase parece corresponder con "los de Siquem". Por lo tanto, podría referirse al clan o a la familia de Milo. Por otra parte, bien podría designar un edificio. La referencia del vers. 46 parece indicar que la "torre de Siquem" y la "casa de Milo" eran una misma cosa.

Llanura.

Heb. "elon. La palabra significa encina o "terebinto" (BJ, NC) (ver com. Juec. 6: 11; Gén. 35: 8). Este árbol era quizá el mismo debajo del cual Jacob mandó que su familia enterrara sus adornos y amuletos relacionados con el culto idolátrico (Gén. 35: 4), y bajo el cual Josué levantó su piedra de testimonio (Jos. 24: 26).

Pilar.

Una de las piedras sagradas que acostumbraban usar los hebreos y los cananeos en sus lugares de culto (Gén. 28: 18; Exo. 24: 4; Deut. 12: 3). Abimelec fue proclamado rey en el mismo sitio donde Josué había reunido por última vez a toda la nación para renovar el pacto de Israel con Jehová (Jos. 24: 1, 25, 26).

Era costumbre elegir al rey en algún santuario o lugar sagrado (1 Sam. 11: 15).

7.

La cumbre del monte de Gerizim.

Tal vez no habló desde la "cumbre" del monte, que está a 274,3 m sobre la aldea, sino probablemente desde algún punto más cercano en la ladera de la montaña. Jotam, el único hijo de Gedeón que había escapado de ser muerto por Abimelec, se enteró de que los de Siquem estaban proclamando rey a su hermano.

Arriesgando la vida, subió a una roca que sobresalía del monte, por encima de la gente que estaba reunida junto a la encina. Cuando hubo conseguido la atención de la multitud que acababa de hacer rey a Abimelec, Jotam dio un mensaje en alta voz. En la parábola del discurso se señala el contraste entre la actitud de Gedeón y sus hijos y la del aventurero Abimelec, y se predice que la acción de los siquemitas al elegir rey a Abimelec, acabará en el desastre.

Este discurso es una de las obras maestras de la literatura.

8.

Fueron una vez los árboles.

Los pueblos de la antigüedad gustaban mucho de las alegorías de este tipo, en las cuales las cosas inanimadas hablan y actúan.

Elegir rey.

Jotam conocía bien el deseo que el pueblo sentía por tener rey, no sólo para ser como las naciones que lo rodeaban, sino porque pensaba que sus frectientes sufrimientos a manos de sus enemigos se debían a un defecto en su sistema de gobierno, cuando en realidad esos sufrimientos eran consecuencia de la apostasía. Este pedido de tener rey se expresó por primera vez cuando el pueblo ofreció hacer rey a Gedeón. Siguió incrementándose hasta que se hizo este desafortunado intento. En tiempos de Saúl se hizo tan fuerte, que el profeta Samuel, por orden de Dios, Finalmente cedió y ofició en la elección de un rey.

Olivo.

En Palestina el olivo es el árbol de mayor valor. Aún existen extensos montes de tales árboles en el fértil valle de Siquem. El olivo, la higuera y la vid, a los que se les ofreció la dignidad real, representan a hombres que, como Gedeón, se interesaban más en el bienestar de la comunidad que en ganancias personales.

9

¿He de dejar?

Gedeón se había negado a dejar la legítima obra de juez para tomar un cargo que, aunque pudiera haber tenido la capacidad de ejercerlo, Dios no le había pedido que ocupara. Su respuesta fue: "Jehová señoreará sobre vosotros"(cap. 8: 23). Si hubiese aceptado ser rey, su acción habría sido tan incongruente como si un árbol hubiera dejado su propia función útil para reinar sobre los demás árboles.

Se honra a Dios.

Se usaba el aceite de oliva para los sacrificios, las ofrendas y las consagraciones en el servicio del tabernáculo, así como también en la comida.

Es posible traducir en este pasaje la palabra "elohim, "dioses" (BJ), y no "Dios", lo que también es correcto. Se supone que Jotam aplicó su parábola a la idolatría de los siquemitas (ver también vers. 13).

10.

Higuera.

Representaba a los otros hijos de Gedeón, o tal vez aun a algunos de los anteriores jueces. Ellos podrían haber tenido dones y cualidades para gobernar mucho mayores que los de Abimelec. Es posible que se le hubiera hecho alguna oferta de ser rey a uno o más de ellos, pero la habían rechazado.

13.

Mosto.

Heb. tirosh. El jugo de la uva, fresco o fermentado. 361

Alegra a Dios.

"A los dioses" (BJ). Ver com. vers. 9. Jotam estaría acomodando la parábola a las costumbres conocidas por los idólatras siquemitas. Sin duda conocían bien las frecuentes libaciones de vino que se ofrecían a las deidades paganas, quienes supuestamente participaban de ellas.

Por otra parte, se usaba también el vino en las libaciones del servicio del santuario (Exo. 29: 40; Núm. 15: 7, 10; etc.).

Para ir a ser grande.

Literalmente, "ondear". La acción representa un gesto de autoridad. Los tres árboles que proporcionaban las más abundantes bendiciones a la gente -el olivo, la higuera y la vid- rehusaron uno tras el otro el honor de ser rey de los árboles. Los tres dieron la misma razón: ¿por qué habían de dejar la función con la cual prestaban un servicio valiosísimo para asumir un cargo que les parecía innecesario?

La figura de "ondear o flamear" sobre los árboles es una figura apropiada de la voluntad popular: incierta y juguete de todo viento. Una posición obtenida gracias al favor popular sólo podría mantenerse inclinándose ante cada brisa, o si no, perdiendo la verdadera nobleza en el esfuerzo de mantener esa posición por la fuerza de las armas. Las palabras de Jotam indian que Gedeón también comprendió la naturaleza cambiante de los israelitas. Ningún hombre de verdadero valor dejaría un cargo de utilidad para ser rey de un pueblo cuyos deseos y metas variaban con la rapidez del viento.

14.

Zarza.

Una planta espinosa común en los cerros de Palestina. Representaba la antítesis de los árboles valiosos que habían rechazado el ofrecimiento de ser hechos rey.

15.

Si en verdad.

Es decir, con un propósito serio. La zarza, reconociéndose de menos valor que los otros árboles, sospecha que se hace el ofrecimiento en son de burla.

Abrigaos bajo mi sombra.

"Cobijaos a mi sombra" (BJ). Con toda seriedad, la incauta zarza hace una invitación imposible. Sus ramitas no ofrecen ninguna sombra y están llenas de espinas. Aquí hay una mordaz ironía. Describe lo absurdo de la situación en la cual se encontraban los siquemitas. Jotam dice al pueblo que Abimelec no puede proporcionarles protección, así como la endeble y espinosa zarza no es capaz de dar sombra ni de proteger al olivo y a la higuera. Eran vanas promesas, imposibles de cumplir.

Y si no.

La zarza no sólo estaba ansiosa de reinar sino que pronuncia peligrosas y vengativas amenazas: la equivalencia de las intimidaciones que sin duda usó Abimelec para desanimar a los habitantes de Siquem que pudieran haber pensado en retirarle sus ofrecimientos de apoyarlo.

Salga fuego.

Las zarzas o espinos eran causa frecuente de incendios, pues ardían fácilmente y el fuego se extendía con rapidez (Exo. 22: 6; cf. Sal. 58: 9; Isa. 9: 18).

Aunque Abimelec, como la zarza, no tenía poder ni capacidad para ayudar, podría causar grandes daños. Los que habían hecho rey a Abimelec estaban en un dilema: si permanecían leales, gozarían de su ilusoria protección; si lo abandonaban, serían arruinados.

La moraleja de toda la parábola es ésta: los hombres débiles, inútiles y malvados serán siempre los primeros en colocarse en el poder, y al fin serán también los primeros en arruinarse a sí mismos y al desventurado pueblo sobre el cual presiden.

16.

Si con verdad.

Aquí Jotam comienza a hacer la aplicación de la parábola. Aun ellos mismos tendrían que admitir que al hacer rey a Abimelec habían actuado a tontas y a locas.

Conforme a la obra de sus manos.

Después de mostrar la peligrosa situación de los habitantes de Siquem, Jotam los reprendió severamente por la ingratitud que habían mostrado para con Gedeón al financiar el ataque de Abimelec contra la casa de Gedeón, durante el cual Abimelec había ultimado a 69 de sus hermanos. Esta era la recompensa que los habitantes de Siquem daban a la familia del que había arriesgado la vida para libertar a los habitantes de Palestina de las huestes madianitas. Los grandes favores muchas veces reciben malas recompensas, sobre todo de parte de la posteridad.

18.

Habéis matado a sus hijos.

Por haber ayudado financieramente a Abimelec en su malvada obra, Jotam sostenía que los hombres de Siquem eran partícipes de la responsabilidad de la matanza de sus hermanos.

Su criada.

Es decir, de una esclava concubina. El término es intencionalmente peyorativo.

El cap. 9: 1 indica que la concubina de Gedeón quizá era una mujer libre, tal vez miembro de una familia Influyente.

19.

Si con verdad ... habéis procedido.

Las palabras son irónicas. Era como decir: si vuestra conducta es justa y buena, os deseo que de 362 ella obtengáis gran gozo. Que vuestro rey-zarza os proporcione paz y prosperidad, si habéis actuado de buena fe.

20.

Y si no.

Los oyentes de Jotam sabían que no habían actuado de buena fe, y esta imprecación debe haber sido fúnebre para ellos.

Fuego salga.

La maldición de Jotam fue que Abimelec y los hombres de Siquem perecerían por destrucción mutua. Muchas veces la unión de los malos se torna rápidamente en enemistad y exterminio recíproco. Esta maldición se cumplió exactamente, según se registra en el resto del capítulo (ver vers. 56, 57).

21.

Beer.

Significa "pozo". Muchos lugares de Palestina llevaban este nombre. Por eso es imposible identificar con precisión el lugar. Es probable que Jotam hubiera encontrado refugio en cualquier punto de los territorios de Judá o Benjamín, y probablemente huyó a uno de esos lugares.

22.

Sobre Israel.

Es decir, sobre todos los israelitas que aceptaran su autoridad. Probablemente serían mayormente los de la zona de Siquem.

23.

Envió Dios.

Es decir, que Dios no evitó las consecuencias naturales de un mal proceder.

Con frecuencia se presenta lo que Dios permite como si él fuese su autor.

Aquellos que no escogen servir a Dios se ponen así bajo el dominio de Satanás.

Mal espíritu.

"Espíritu de discordia" (BJ). Puede significar mal genio o una actitud impía.

Se usa muchas veces la palabra "espíritu" para describir una actitud o estado de ánimo (ver Núm. 14: 24).

Se levantaron contra Abimelec.

"Traicionaron a Abimélek" (BJ). Los hombres de Siquem comenzaron a actuar contra Abimelec así como le habían ayudado contra los hijos de Gedeón. Era algo natural que los que fueron desleales a Gedeón lo fueran también a Abimelec. No se registra la causa inmediata de la ruptura entre Abimelec y los siquemitas. Estos quizá se dieron cuenta pronto de que era un terrible déspota que apenas fue hecho rey no vaciló en aprovecharse de ellos.

25.

Pusieron ... asechadores.

Es probable que Abimelec residiera en Ofra después de matar allí a sus hermanos. Descontentos los de Siquem, pusieron una emboscada con la esperanza de capturar a Abimelec cuando estuviese acompañado sólo de unos pocos hombres.

Mientras esperaban que apareciera su víctima, los crueles asechadores comenzaron a robar a todos los viajeros y las caravanas que por allí pasaban.

Pronto reinó en toda la zona una situación de inseguridad que dañó el prestigio y la popularidad de Abimelec.

Cumbres de los montes.

Probablemente cerca de Siquem. Esta ciudad estaba sobre las dos principales arterias de tránsito en las montañas de Efraín. Desde las alturas de los montes Ebal y Gerizim era fácil dominar todos los caminos. Esta zona de Palestina siempre ha sido un lugar predilecto de los asaltantes.

26.

Gaal.

Su nombre significa "aborrecimiento".

Sus hermanos.

Evidentemente los hermanos o parientes formaban el núcleo de la camarilla de secuaces de Gaal.

Se pasaron.

Esto podría sugerir que Gaal había vivido antes al otro lado del Jordán.

27.

Fiesta.

Heb. hilulim, de la raíz halal, "alabar". En Lev. 19: 24 hilulim se traduce "alabanzas". La fiesta de la vendimia era la más alegre de todo el año. Entre los cananeos se acompañaba generalmente con banqueteos, borracheras y festejos bulliciosos. Así fue la reunión que se describe aquí. En tal ocasión la evidente desconformidad con el gobierno de Abimelec tenía que manifestarse.

Bajo la influencia del vino y de la fiesta, se atrevieron a insultar a Abimelec y a hablar abiertamente contra él. En el mismo templo donde habían conspirado con Abimelec y del cual habían sacado los tesoros para financiar su primera nefasta incursión, ahora lo maldecían y tramaban su ruina.

28.

¿Quién es Abimelec?

Es evidente que lo dijo en forma despectiva. Compárese con "¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí?" (1 Sam. 25: 10).

¿Qué es Siquem?

Probablemente un reproche a la ciudad por haber permitido que una persona como Abimelec gobernara sobre sus habitantes. ¿Le pertenecía acaso Siquem naturalmente y por tradición a Abimelec?

Zebul ayudante suyo.

Se quejaban de no ser gobernados ni siquiera por Abimelec, sino sólo por Zebul, ayudante suyo, hombre sin valor alguno. Parece que Abimelec había puesto a Zebul como gobernador o prefecto de la ciudad (ver vers. 30). Gaal estaba preparando el camino para usurpar el puesto y la autoridad de Zebul. 363

Varones de Hamor.

Indicó que sería mucho mejor tener por dirigente a un cananeo de pura cepa, descendiente del antiguo príncipe Hamor, dueño hereditario de Siquem (ver Gén. 33: 19; Jos. 24: 32).

29.

Ojalá estuviera este pueblo.

Compárense los métodos de Gaal con los que usó Absalón para socavar el prestigio de David (2 Sam. 15: 4). La declaración va dirigida contra Zebul.

Gaal sugería que si él fuera gobernador de la ciudad en lugar de Zebul, acabaría pronto con Abimelec.

Diría.

Así reza la LXX. El hebreo dice "y él dijo a Abimelec". Pero según el contexto, sería más lógico como está. En el hebreo las dos formas son muy parecidas, y es posible que un copista las hubiera confundido. En el vers. 31 se sugiere que Zebul envió un mensaje secreto a Abimelec para informarle de lo que estaba aconteciendo. Si Gaal hubiera desafiado abiertamente a Abimelec, no habría existido la necesidad de tal misión secreta. Si se retiene la traducción "y él dijo", podría interpretarse como que Gaal habló a Abimelec en un diálogo imaginario, animado y elocuente. Si así fuera, el aplauso de los siquemitas envalentonó al orador enardecido por el vino y desafió con arrogancia, como si estuviese dirigiéndose a Abimelec: "Aumenta tus ejércitos, y sal".

30.

Gobernador de la ciudad.

Ver com. vers. 28.

Oyó las palabras.

Los traidores son a menudo traicionados a su vez por sus propios seguidores.

Cuando se maldice al rey, las aves del cielo llevan la voz (Ecl. 10: 20). La jactancia de Gaal, pronunciada bajo los efectos de la bebida, llegó a oídos de Zebul, quien se airó porque se enteró de que su derrocamiento debía estar relacionado con el de Abimelec. Este relato, aunque sencillo, está magníficamente narrado, y permite trazar con claridad el progreso de la conspiración, en la cual la traición secreta y la disipación manifiesta, la jactancia y los celos conspiran juntos para provocar la ruina de la ciudad.

31.

Secretamente.

Heb. betormah. Puede traducirse "en secreto" o "en Tormah". Si se tradujera de esta última manera, Abimelec habría estado viviendo en un lugar llamado Tormah. El vers. 41 afirma que vivía en Aruma. A menos que los dos nombres se refieran a un mismo lugar (así lo interpreta la BJ, 1967), deberá traducirse como lo hace la RVR. Zebul actuó en forma secreta. No era bastante fuerte para tratar con Gaal, así que no se le opuso abiertamente. Si Gaal hubiese sido más sabio podría haber actuado con mayor sutileza con Zebul.

35.

La entrada de la puerta.

En el período de los Jueces, el lugar habitual donde se reunían los magistrados con la gente era la puerta de la ciudad. Zebul fue a la puerta esa mañana porque suponía que surgirían dificultades. Gaal también llegó hasta allí porque estaba observando atentamente lo que sucedía dentro de la ciudad, a fin de promover sus propios fines.

36.

Gente que desciende.

Durante la noche, las fuerzas de Abimelec se habían acercado a la ciudad tanto como pudieron sin causar alarma. Temprano en la mañana, después de haberse abierto las puertas y de salir muchos a sus campos, los soldados de Abimelec comenzaron a avanzar sobre la ciudad. Gaal, que observaba desde la puerta, los vio en seguida, y nerviosamente a gritos informó de esto a Zebul. Podemos imaginar que éste, a fin de ganar tiempo, con toda calma salió a mirar y luego replicó con engaño y burla: "Estás alborotado sin razón. Son sólo las sombras del monte Ebal y el Gerizim". Zebul parecería tratar a Gaal como si éste aún estuviera sufriendo algo de la embriaguez de la noche anterior.

37.

De en medio de la tierra.

Literalmente, del "Ombligo de la Tierra" (BJ). Probablemente era el nombre de un cerro, así llamado porque estaba a mitad de camino entre el Jordán y el mar.

Una tropa.

Desde todos los puntos avanzaban las tropas de Abimelec, para consternación de Gaal y sorpresa de los ciudadanos.

Encina de los adivinos.

Es probable que esta encina fuera domicilio de una familia o secta de adivinos.

38.

¿Dónde está ahora tu boca?

En este pasaje, "boca" metafóricamente significa "jactancia". Es una reconvención contra la audacia e imprudencia de Gaal. Aunque Zebul no parece estar aún en una posición que le permita abiertamente oponerse a Gaal por temor de su propia seguridad personal, por sus burlas ante los presentes lo incita a cumplir lo que jactanciosamente había prometido en el vers. 29, y a salir a luchar contra las fuerzas de Abimelec. Los insolentes y jactanciosos muchas veces deben cambiar en poco tiempo su 364 actitud imprudente y temer a los que anteriormente han insultado.

40.

Cayeron heridos.

Mejor, "muchos cayeron muertos" (BJ). Sin gran dificultad Abimelec obtuvo la victoria completa. Es evidente que los secuaces de Gaal sufrieron fuertes bajas. Permanece la duda en cuanto a la razón por la cual Zebul no cerró las puertas de la ciudad para impedir la huida de Gaal. Quizá Gaal dejó un fuerte contingente para proteger la puerta a fin de que él y sus hombres pudieran hallar refugio dentro de los muros si eran derrotados.

41.

Se quedó en Aruma.

Puesto que allí residía, Abimelec regresó a ese lugar. No intentó tomar Siquem por asalto. Sus murallas eran suficientemente formidables como para que decidiera tomarla mediante una estratagema. Por eso volvió a su casa de Aruma, como si después de haberse deshecho de Gaal no se dispusiera a seguir la contienda con los siquemitas. Con la retirada de sus ejércitos, logró aquietar a los siquemitas con la convicción errada de que estaban seguros.

Echó fuera a Gaal.

Su incapacidad para oponerse a Abimelec le costó a Gaal la pérdida de sus secuaces en Siquem. Nadie le tenía ya confianza, y esperando tal vez que Abimelec se apaciguara si Gaal era echado, los habitantes de Siquem cedieron ante Zebul. Se pidió a Gaal y a los pocos hombres que le quedaban que abandonaran la ciudad, lo cual hicieron.

43.

Los atacó.

Después que muchos de los aldeanos habían ido a trabajar en los campos, los soldados de Abimelec los atacaron y destruyeron sin misericordia. Es difícil entender cómo neciamente creyeron los habitantes de Siquem que Abimelec se conformaría con el destierro de Gaal y no atacaría la ciudad luego de su victoria inicial.

44.

La entrada de la puerta de la ciudad.

Esta vez la estrategia de Abimelec fue mejor. En cuanto comenzó el ataque dirigió a un grupo de soldados hasta la puerta de la ciudad y la tomó. Con esa peligrosa maniobra pudo impedir que los siquemitas que estaban fuera de la ciudad volvieran a ella, o que los que estuviesen dentro salieran a rescatar a sus camaradas. No puede negarse el valor de Abimelec.

45.

Tomó la ciudad.

Los habitantes de Siquem lucharon a muerte. Abimelec necesitó todo un día para avanzar desde la puerta de la ciudad hasta finalmente devastarla. No permitió que nadie escapara. Es de suponer que toda la población pereció por la espada o el fuego.

La sembró de sal.

La ira de Abimelec no se calmó hasta que toda la ciudad, con sus edificios y sus muros, fue devastada. Entonces Abimelec esparció sal sobre las ruinas, como acción simbólica para expresar el deseo de que la ciudad permaneciera desierta y sin habitantes para siempre (ver Deut. 29: 23). Hubiera sido difícil poner allí suficiente sal como para arruinar la tierra, al menos en una zona apreciable. El pasaje no significa esto. Se informa de acciones similares de parte de los asirios, de Atila y de Carlos IX de Francia. En tiempos de Salomón, Siquem aparece nuevamente como una ciudad prospera (1 Rey. 12: 1). Su zona aledaña era demasiado fértil, y su ubicación en el cruce de los caminos era demasiado ventajosa como para que permaneciera mucho tiempo sin ser habitada.

46.

Torre de Siquem.

Podría haber sido la "casa de Milo" (ver com. ver. 6).

La fortaleza.

Heb. tseríaj. Una excavación subterránea. En 1 Sam. 13: 6 aparece la misma palabra, pero se traduce "rocas". "La cripta del templo de El-Berit" (BJ).

Dios Berit.

No hay absoluta certeza de que el templo de este dios Berit fuera el mismo de Baal-berit que se menciona en el vers. 4 de este mismo capítulo. Se supone que eran dos nombres de un mismo templo.

En la antigüedad se consideraba que los templos eran lugares de asilo. Esto ocurría entre los judíos (1 Rey. 2: 28-34) y los paganos (1 Mac. 5: 43). La literatura clásica de los griegos contiene muchas menciones de personas que huyeron a templos en procura de asilo político. Los residentes del lugar podrían haber peleado desde su torre fortificada, pero escogieron ir al templo y pedir misericordia. Si Abimelec no hubiese sido tan cruel, probablemente habría respetado esta antigua costumbre y no habría muerto a esa gente. Pero la misericordia parecía ser totalmente ajena a su naturaleza.

48.

Monte de Salomón.

Un monte desconocido apoca distancia de allí.

49.

Prendieron fuego con ellas a la fortaleza.

Es evidente que la fortaleza no era un lugar destinado a la defensa. Era un subsuelo amurallado dentro del recinto del templo al cual habían huido los refugiados esperando 365 que Abimelec respetaría allí su derecho de asilo. El calor intenso del fuego de esas ramas resinosas pronto incendió el recubrimiento de madera del lugar, y como resultado perecieron los 1.000 hombres y mujeres que se habían refugiado en esas habitaciones cavernosas.

La profecía de Jotam se cumplió literalmente. Había salido fuego del rey-zarza y había destruido a la gente de Siquem (vers. 20). Es probable que buena parte de esa gente no tuviera nada que ver con la querella ni con el hecho de que Abimelec hubiera sido coronado rey. Quizá no tomaron partido con un grupo ni con el otro. Sin embargo, a lo largo de todos los siglos, hombres de espíritu turbulento hacen que mueran otros junto con ellos. Millones de personas inocentes mueren todavía en crueles guerras desatadas por unos pocos malvados.

50.

Tebes.

Hoy día existe una ciudad de nombre Tûbâts a 14,4 km al noreste de Siquem.

Muchos piensan que ésta era la antigua Tebes, aunque otros lo ponen en duda.

Tebes aparentemente siguió a Siquem en la rebelión contra el gobierno de Abimelec.

51.

Techo de la torre.

Se han hallado en Palestina torres como ésta, cuyos muros tienen hasta 3 m de espesor. Dentro de la torre había diferentes pisos o niveles y una plataforma encima, desde la cual defenderla. Los ciudadanos de Tebes huyeron como último recurso a esta formidable ciudadela después que Abimelec irrumpió en su ciudad.

La frecuente mención de torres refleja el estado incierto en que se vivía entonces en ese país.

52.

Llegó hasta la puerta.

Con su característico ímpetu y valentía Abimelec atacó la torre. Cuando los defensores resistieron sus furiosos ataques, Abimelec intentó incendiar la puerta de madera. Si hubiese logrado quemarla, sus soldados podrían haber tomado con éxito la torre.

53.

Una mujer.

Aun las mujeres colaboraban en la defensa. Entre tanto que los hombres usaban arcos y lanzas, las mujeres podían echar pesadas piedras sobre los que se aventuraban cerca de la base de la torre.

Un pedazo de una rueda de molino.

Literalmente, "la piedra de molino que cabalga", es decir, la piedra superior del molino. Era la que se movía para moler, mientras que la inferior permanecía fija. El que la mujer tuviese una piedra de molino sugiere que allí se habían almacenado granos y que había instrumentos para moler harina, quizá en previsión de un asedio.

Le rompió el cráneo.

La palabra aquí traducida "cráneo" es gulgoleth, de donde proviene el nombre Gólgota, lugar donde Jesús fue crucificado. Aunque Abimelec hubiera estado usando un pesado casco, tal objeto, cayendo desde unos 10 ó 12 m, le habría aplastado la cabeza.

54.

Su escudero.

Los dirigentes militares acostumbraban tener un ayudante de campo o escudero como distintivo de su importancia, y también para llevar el pesado escudo y la lanza del amo cuando éste no luchaba (ver Juec. 7: 10; 1 Sam. 14: 6; 31: 4).

Para que no se diga.

El horror de ser muerto por una mujer no se limitaba a los hebreos (ver caps. 4: g; 5: 24-27). En la literatura griega y romana se expresa el mismo sentir.

Es probable que Abimelec hubiera temido caer herido de muerte entre sus enemigos, quienes lo hubieran escarnecido y torturado. A pesar de sus esfuerzos por acabar su vida de otra manera, Abimelec no escapó al oprobio de haber sido muerto por una mujer (ver 2 Sam. 11: 2 l).

En sus momentos postreros, Abimelec bien pudo haber pensado en lo que los hombres pensaban de su vida, porque sobre esa base la posteridad finalmente juzga a un hombre. Aún hoy, los asuntos a los cuales los seres humanos son más sensibles no son los que realmente importan en la vida. Los que sólo tienen en cuenta su orgullo y ambición, generalmente mueren como han vivido: con más preocupación de que se conserve su reputación ante los demás que de la salvación de su alma.

Le atravesó.

El primer hombre que procuró reinar sobre Israel, y Saúl, primer verdadero rey de Israel, insistieron en morir de la misma manera (ver 1 Sam. 31: 3, 4). ¡Qué triste fin!

55.

Cada uno a su casa.

En la antigüedad, por lo general bastaba que muriese el dirigente para que el ejército se dispersara (ver 1 Sam. 17: 51).

56.

Así pagó Dios.

En esta frase se da la moraleja de todo el relato. El autor de este libro tenía la honda convicción de que Dios regía los sucesos históricos, y que castigaba tanto por crímenes individuales como por los nacionales. El que asesinó a los hijos de Gedeón 366 "sobre una misma piedra" fue muerto por una piedra que le cayó sobre la cabeza. Los malvados siquemitas que usaron el dinero del templo para pagar el asesinato de hombres buenos, murieron en el incendio de ese mismo templo, provocado por el mismo Abimelec, a quien habían ayudado a consumar el hecho. La maldición de Jotam se había cumplido totalmente. Dios retribuyó a cada uno conforme a sus hechos.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL LIBRO 1RA DE SAMUEL CAPITULO 9

1ra. de Samuel

Capítulo 09

9:1 Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita.
9:2 Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.
9:3 Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas.
9:4 Y él pasó el monte de Efraín, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron.
9:5 Cuando vinieron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará acongojado por nosotros.
9:6 El le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios, que es hombre insigne; todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos, pues, allá; quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino.
9:7 Respondió Saúl a su criado: Vamos ahora; pero ¿qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos?
9:8 Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino.
9:9 (Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos al vidente; porque al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente.)
9:10 Dijo entonces Saúl a su criado: Dices bien; anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios.
9:11 Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente?
9:12 Ellas, respondiéndoles, dijeron: Sí; helo allí delante de ti; date prisa, pues, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto.
9:13 Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio; después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis.
9:14 Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando estuvieron en medio de ella, he aquí Samuel venía hacía ellos para subir al lugar alto.
9:15 Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo:
9:16 Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí.
9:17 Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo.
9:18 Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta, le dijo: Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente.
9:19 Y Samuel respondió a Saúl, diciendo: Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón.
9:20 Y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?
9:21 Saúl respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?
9:22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres.
9:23 Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte.
9:24 Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel.
9:25 Y cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Saúl en el terrado.
9:26 Al otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo: Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel.
9:27 Y descendiendo ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: Di al criado que se adelante (y se adelantó el criado), mas espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

martes, octubre 18

COMENTARIO DEL LIBRO 1RA DE SAMUEL CAPITULO 8

Puso a sus hijos por jueces.

En armonía con el pasaje del cap. 7: 15, esta declaración debe significar que, al llegar a la edad cuando ya no podía visitar todo el territorio del país, Samuel nombró a sus hijos como ayudantes ubicados en Beerseba, una de las ciudades más al sur del distrito que pertenecía a Judá. Nunca fueron jueces por derecho propio.

2.

Joel.

El nombre de Joel, "Jehová es Dios", y de Abías, "Jehová es mi padre", indican que Samuel continuó deleitándose en servir a Dios, a pesar de la idolatría nacional. La declaración de 1 Crón. 6: 28 que presenta a "Vasni" como el primogénito de Samuel, debería 485 leerse: "Los hijos de Samuel: el primogénito, y el segundo [la expresión hebrea washeni, "el segundo"], es decir Abías". Falta el nombre de Joel, pero el texto dice claramente que había dos hijos y que el segundo era Abías. La BJ no aclara este problema. Otra versión añade en cursiva: "El primogénito, Joel" (BC), y otra dice sin cursiva: "El primogénito, Joel, el segundo, Abías" (NC, 1 Paralipómenos 6: 28. [Este nombre equivale a Crónicas en la mayoría de las Biblias que llevan el imprimatur o autorización de la Iglesia Católica]). El plan de nombrar a los hijos como ayudantes para administrar ciertos distritos bajo la autoridad del juez principal también fue seguido por Jair mucho antes de los días de Samuel (Juec. 10: 4).

4.

Ancianos.

Heb. zaqan, de una raíz de significado dudoso, otro de cuyos derivados quiere decir "barbilla" o "barba". Los "ancianos" eran hombres de edad madura que ocupaban puestos de autoridad. Samuel organizó las tribus con jefes responsables en cada lugar, que informaban al "juez" local que jerárquicamente era inferior a Samuel. Esos jefes habían visto bastante de la conducta de los hijos de Samuel, por lo cual fueron directamente a éste.

5.

No andan en tus caminos.

La confianza de los ancianos en Samuel era tan grande que sabían que en ninguna manera era responsable por la impiedad de sus hijos. Razonaban que sería mejor pedir a Samuel que resolviera el asunto, que esperar una confusión después de su muerte cuando sus hijos posiblemente procurarían afirmar su propia autoridad.

Constitúyenos ahora un rey.

Dios había dicho mediante Moisés que llegaría un tiempo cuando el pueblo pediría un rey "como todas las naciones" (Deut. 17: 14). Quizá los ancianos citaban virtualmente este texto como una excusa para su pedido. Evidentemente el plan de Dios era que Israel fuese distinto de las naciones circunvecinas, y a través de los siglos desde el éxodo -de acuerdo con ese principio- lo había protegido y guiado por medio de jueces. Si -como les dijo Moisés- los israelitas hubieran seguido el plan de Dios para ellos, las naciones que los observaban habrían dicho: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta" (Deut. 4: 6). Apoyándose en la diplomacia de que son capaces los orientales -estando en oposición a la voluntad de Dios y sin buscar su consejo- ellos hicieron conocer su mezquina decisión. Al principio tan sólo declararon que querían un rey para que los juzgara según la costumbre del mundo; pero cuando Samuel trató de advertirles acerca de la maldición que estaban por acarrearse, añadieron una segunda razón: "Nuestro rey nos gobernará y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras" (1 Sam. 8: 20). Una aclaración de las circunstancias en las cuales los ancianos de Israel pidieron un rey se da en cap. 12: 12: "Habiendo visto que Nahas rey de los hijos de Amón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino que ha de reinar sobre nosotros un rey". Josefo confirma la opinión de que durante un tiempo Nahas había estado afligiendo a los judíos que estaban más allá del Jordán, reduciendo sus ciudades a la esclavitud y sacando el ojo derecho de sus cautivos para que quedaran inutilizados para futuras guerras (Antigüedades vi. 5. 1).

Descubrimientos arqueológicos efectuados tanto en Palestina como en Jordania también hacen resaltar que en el siglo anterior todas las naciones de ese distrito habían comenzado a fortificar sus ciudades, y se disponían para resistir a las hordas migratorias de los pueblos del mar de la región del Egeo (ver pág. 35), que avanzaban contra Egipto tanto por tierra como por mar. Parte de la ola migratoria cruzó el Asia Menor, destruyó a los hititas y siguió en su marcha asoladora hacia el sur, por Siria y Palestina rumbo a Egipto. Derrotados por el faraón Ramsés III, algunos se establecieron en la planicie filistea. Otras naciones observaban el horizonte político con temor y temblor, y no resultó extraño que los dirigentes de Israel se preocuparan muchísimo por la política nacional y la conducción del pueblo.

Dios procuraba demostrar que sólo había un método para hacer frente a los problemas internacionales, pero Israel no veía otro sino imitar a las naciones que lo rodeaban. Durante siglos los israelitas habían sido seminómadas; vivían mayormente en tiendas; no habían podido expulsar de sus ciudades a los habitantes autóctonos de Canaán (Juec. 1: 27-36). Sin embargo, en el período comprendido entre 1200 y 1050 AC se establecieron cada vez más en ciudades. Ahora bien, yendo en contra de la voluntad divina, los israelitas sólo tenían el propósito de consolidar su gobierno 486 y de fortificarse contra los cananeos.

Años antes los amonitas acusaron a Israel de haberles quitado su patrimonio (Juec. 11: 13-27). Eso había sido en los días de Jefté, cuando terminó la opresión amonita que había durado 18 años. Ahora los amonitas, por segunda vez, procuraban recuperar este territorio arrebatándolo de Israel.

6.

Samuel oró.

Otra vez Israel hizo precisamente lo que había hecho durante siglos: procedió sin esperar la conducción divina. Aunque había sido amonestado a no dejarse arrastrar por la idolatría, prefirió seguir los caminos de las naciones que lo rodeaban antes que seguir las instrucciones del Señor. Moisés había predicho que llegaría el tiempo cuando Israel iba a pedir un rey a fin de ser como las naciones circunvecinas (Deut. 17: 14), y ahora los israelitas cumplían literalmente esa profecía. Aunque los ancianos probablemente sólo eran movidos por motivos políticos, Samuel les mostró el camino mejor: buscar al Señor en oración. Habían subestimado sus excelsos privilegios religiosos, y no se habían dado cuenta de que la verdadera necesidad de la nación no era un poder nuevo sino una organización permanente de la teocracia para hacer frente a la confusión que resultaba de su propia impaciencia y perversidad.

No estaban dispuestos a someter el caso a Dios para conocer su voluntad, y Samuel empleó su prerrogativa oficial para insistir en que esperaran la decisión tan importante de Dios, quien siempre había estado listo a liberarlos en momentos de perplejidad. Samuel debe haber estado profundamente herido por ese pedido de parte del pueblo. Sin embargo, a igual que en ocasiones más agradables, se puso a disposición de los israelitas como profeta, a pesar de que la pregunta era lesiva para él. Su proceder parece haber sido muy semejante al de Cristo, siglos más tarde, cuando clamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23: 34), y el de Juan cuando dijo acerca de Cristo: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3: 30).

7.

Oye la voz.

Aquí está la mejor evidencia posible de que las naciones, al igual que los individuos, son entes morales libres. Si Israel hubiera acudido a Dios pidiéndole consejo, se lo habría dado. Como se le presentaron con un ultimátum, aceptó su elección.

Me han desechado.

Estando regido por los jueces, Israel tenía numerosas ventajas que se iban a perder con la monarquía. Por ejemplo:

1.

Bajo los jueces, cada tribu era prácticarnente independiente y los impuestos eran bajísimos. Pero los ancianos rechazaron la independencia de una confederación tribal, y eligieron una forma autoritaria de gobierno que después de unas pocas décadas creó un sistema de impuestos exorbitantes.

2.

Dios había dado a cada israelita considerable libertad individual para ganarse la vida, elegir su propia forma de culto y administrar a su manera sus asuntos generales. Pero los ancianos cambiaron esa libertad por una servidumbre bajo un rey que tenía poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y que podía ejecutar a los que no estaban de acuerdo con él.

3.

Durante varios siglos, el Espíritu del Señor vino sobre algunos hombres de diversas tribus. Bajo el liderazgo de esos hombres, Israel disfrutó de reposo y cierta medida de paz y seguridad para dedicarse a sus vocaciones predilectas. No había una sucesión hereditaria. Los jueces eran suscitados por Dios de vez en cuando, de acuerdo con sus cualidades personales. Pero ahora los ancianos rechazaron esa ayuda divina y prefirieron una monarquía hereditaria.

4.

Vez tras vez, cuando los israelitas buscaron a Dios en procura de consejo, él los protegió milagrosamente de los ataques del enemigo (ver 1 Sam. 7: 10; Jos. 10: 11; etc.). Al rechazar a Dios como el Señor supremo de la teocracia, en realidad los ancianos abrían el camino por el cual Israel se convertiría en una pieza clave de la intriga internacional. Exigieron tributo a sus enemigos derrotados y se gloriaron en sus proezas bélicas. En otras ocasiones cayeron bajo el dominio de naciones más poderosas. Equivocadamente atribuyeron sus reveses militares y períodos de opresión a la forma de gobierno antes que a su propio mal proceder.

5.

El plan de Dios era cambiar los valles de Acor por puertas de esperanza cuando su pueblo se volviera humillado ante él (Ose. 2: 15). Bajo la dirección de Dios, los errores podían convertirse en peldaños para un conocimiento mayor del Altísimo y de su plan de salvación.

6.

Dios había esparcido a los levitas por todas las tribus a fin de que dieran a los niños una educación especial acerca de Dios. Debido 487 a su propia renuencia egoísta para llevar a cabo este plan, los israelitas dejaron de sostener a los levitas, y permanecieron en el analfabetismo y la ignorancia. La mayoría de los habitantes no quisieron ser educados para pensar por sí mismos. Estaban perfectamente contentos con que los dirigentes pensaran por ellos, mientras esos dirigentes no les pidieran de sus recursos ni turbaran su tranquilo egoísmo.

Desde el tiempo cuando comenzó en el cielo el gran conflicto (Apoc. 12:7-9) hasta el día de hoy, el gran plan de Dios para el universo ha sido mal interpretado por algunos. Profesando ser sabios, pusieron en duda la veracidad y lo apetecible de la dirección divina, y en cambio siguieron lo que -en su ignorancia- les pareció un proceder mejor, tan sólo para encontrar que habían entrado en un callejón sin salida. Dios siempre ha dado a los hombres la oportunidad de comprobar que los caminos celestiales son los mejores; pero a veces condesciende con sus deseos, y les permite que sigan los senderos de su propia elección a fin de que sus fracasos -aunque graves- finalmente los induzcan a doblar las rodillas y a reconocer la superioridad del eterno plan de Dios (ver Fil. 2:10, 11; PP 655, 656).

9.

Protesta solemnemente.

Literalmente, "de cierto, tú protestarás ante ellos", o mejor, "de cierto, tú los amonestarás". Como ser moral libre, el hombre debe decidir -por las pruebas que tiene a mano- qué desea hacer consigo mismo. Tiene dos formas de obtener esa prueba: mediante un cuidadoso estudio de los consejos, estatutos y fallos de Dios aplicables en su caso, y experimentando con otras insinuaciones en un esfuerzo para convencerse por sí mismo en cuanto a su valor. Un padre quizá diga: "Hijo, estás cometiendo un error. Si crees que debes seguir en la senda que te propones, tendrás que atenerte a las consecuencias". Pero después de amonestar contra el proceder propuesto, Dios dice virtualmente: "Si crees que eso te conviene, haz la prueba. Aunque sé que tus planes no tendrán éxito, debes aprenderlo por tu propia experiencia. Sólo entonces estarás dispuesto a seguir mi consejo". Así se le instruyó a Samuel que amonestara a los israelitas en cuanto al resultado del plan de ellos. Sin embargo, Dios los ayudaría para que tuvieran éxito. En relación con esto, estúdiese cuidadosamente el Sal. 139, especialmente los vers. 7-13.

11.

Así hará el rey.

"He aquí el fuero del rey" (BJ). Literalmente, "el dictamen del rey". La palabra mishpat, "dictamen", describe el acto o la decisión del shofet, "juez". La decisión del rey debe aceptarse como legal y obligatoria. Si siente la necesidad de ayuda para llevar a cabo sus responsabilidades, tiene el derecho de reclutar forzosamente (o expropiar) ya sea para deberes civiles o militares.

13.

Perfumadoras.

Es más correcta en este caso la palabra "perfumistas" de la BJ. Literalmente, "mezcladoras de especias". En 1 Crón. 9: 30 se usan las palabras de la misma raíz para referirse a la obra de ciertos hijos de los sacerdotes que "hacían los perfumes aromáticos". Samuel también podría haber mencionado el hecho de que muchas de sus hijas entrarían en el harén del rey como concubinas (1 Rey. 11:3).

14.

A sus siervos.

Literalmente "esclavos". La misma palabra se usa al hablar de Egipto como una "casa de servidumbre" (Exo. 13: 3; Deut. 5: 6; etc.). El rey tenía poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en la mayoría de las naciones del Cercano Oriente el pueblo existía principalmente para el beneficio del rey, que podía hacer con él como le placiera. El pueblo no sólo suplía las necesidades de la casa real, sino que le proporcionaba recursos para enriquecer a sus favoritas, ya fueran esposas o concubinas, y también a sus dignatarios civiles y militares.

18.

No os responderá.

Esto está completamente en armonía con el contexto, pues en el cap. 8:7 se afirma que no fue Dios quien hizo planes para efectuar un cambio en el gobierno sino los dirigentes de Israel. Por lo tanto, posteriormente cuando quedaran insatisfechos con su situación, debían recordar que al pedir un rey habían puesto en marcha un nuevo régimen que ciertamente cambiaría materialmente su forma de vivir. La nación sería afectada por nuevas tentaciones, nuevas relaciones, nuevos problemas. Por su propia elección sembraron las semillas de la contumacia, y al hacerlo colocaron al Señor en una situación en la que le era necesario dejar que esa semilla produjera su propia cosecha. No alteraría la ley universal de que toda semilla sembrada produce una cosecha según su especie.

De esa manera, con frecuencia Dios permite que los seres humanos dispongan de lo 488 que él mismo no aprueba. Concede lo que en su misericordia previamente había retenido. Al poner en duda la orden de Dios, Adán provocó la existencia de un nuevo régimen que debía seguir su curso para demostrar plenamente ante hombres y ángeles que ningún otro plan -fuera del que ha sido ordenado por Dios- puede proporcionar vida y felicidad a todos. Los acontecimientos futuros de la historia de Israel muestran que aunque Dios con frecuencia le permitió que recogiera la cosecha de lo que había sembrado, nunca lo abandonó. Siempre estuvo con Israel, listo para ayudarlo. Además, los profetas testifican que en medio de un ambiente tal, cualquier individuo que así lo decida puede apartarse de los senderos de la multitud para ser guiado por el Señor (ver Eze. 18:1-24).

20.

Como todas las naciones.

Durante su permanencia en Palestina, los israelitas habían sido testigos de los esfuerzos concertados de los pueblos del mar y de otras naciones para conquistar todas las tierras del Cercano Oriente, venciendo toda resistencia y esparciendo temor en todo corazón. Pero los israelitas de ahora nada sabían del terror que había helado la sangre de los cananeos cuando Josué dirigió al pueblo de Dios en la conquista de Palestina (ver Jos. 2: 9-11). Neciamente creían sus ancianos que el tributo impuesto sobre los pueblos conquistados enriquecería a Israel. Se olvidaban de que las verdaderas riquezas provienen de una mejor manera de vivir. Disgustados con la codicia y los latrocinios de dirigentes sacerdotales como los hijos de Elí y de Samuel, pensaron que la solución se hallaba en someterse a la férula de un rey, tal como lo hacían las otras naciones. Se olvidaban de que un rey encontraría aún más oportunidades para demostrar favoritismo y para satisfacer sus deseos egoístas que los sacerdotes disolutos.

Al comienzo de su labor como juez, Samuel había demostrado al pueblo que la verdadera solución de sus dificultades no radicaba en un cambio de administración sino en un cambio de corazón, en una contrita conversión al Señor.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1-22 PP 654-658

EL LIBRO 1RA DE SAMUEL CAPITULO 8

1ra. de Samuel

Capítulo 08

8:1 Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel.
8:2 Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba.
8:3 Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.
8:4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel,
8:5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
8:6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.
8:7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.
8:8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.
8:9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.
8:10 Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey.
8:11 Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro;
8:12 y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.
8:13 Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras.
8:14 Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.
8:15 Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos.
8:16 Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.
8:17 Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos.
8:18 Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día.
8:19 Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros;
8:20 y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.
8:21 Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de Jehová.
8:22 Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a vuestra ciudad.

viernes, octubre 7

COMENTARIO DEL 1RA DE SAMUEL CAPITULO 7

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Abinadab.

La palabra Abinadab significa "mi padre es noble" o "mi padre es generoso". El verbo del cual proviene es nadab, "incitar", "impeler", siempre en un buen sentido, y por lo tanto "estar dispuesto", "ser voluntario". No se conoce su genealogía, pero debe haber sido un levita estrechamente emparentado con Aarón ya que se pudo nombrar a su hijo Eleazar como guardián del arca. El primogénito de Aarón se llamaba Nadab (Núm. 3: 2), y podría esperarse que uno de sus descendientes directos se llamara Abinadab.

En el collado.

Heb. baggibe"ah. Cuando aparece esta palabra, el contexto debe determinar si se usa como el nombre de un lugar o si la palabra sólo se refiere a una "colina" o "collado", tal como se traduce uniformemente en el AT. También había una "Gabaa de Benjamín" (1 Sam. 13: 16) o "Gabaa de Saúl" (cap. 11: 4).

Además, había un "collado" -literalmente, "Gabaa"- de Finees en el monte de Efraín (Jos. 24: 33). Los gabaonitas literalmente eran "moradores de colinas", y puesto que Quiriat-jearim era una de las cuatro ciudades que se mencionan como que les pertenecían (Jos. 9: 17), el collado ("Gabaa") donde moraba Abinadab correspondería con una colina en Quiriat- jearim o en sus proximidades.

A juzgar por la dirección que tomaron las vacas, uno llegaría a la conclusión de que Bet-semes era el lugar lógico donde debía quedar el arca. Pero la impía curiosidad de la gente y el temor de los que sobrevivieron al castigo, indican que sus habitantes no eran idóneos para la reverente custodia del sagrado símbolo de la presencia de Dios. A unos 15 km de distancia estaban los pobladores de Quiriat-jearim, cuya reputación justificaba la creencia de que pudieran trasladar y guardar a buen recaudo lo que no querían sus vecinos.

Muchas veces Israel estorbó a Dios en la realización de sus propósitos al no aceptar su consejo y no ajustarse a su plan. Cristo amaba a Judas y habría querido convertirlo en uno de los principales apóstoles, pero Judas rehusó serio (ver DTG 261). Cristo también amaba al joven rico que pregunta por el camino, pero a pesar de la invitación de seguir a Cristo, el joven se alejó apesadumbrado.

2.

Pasaron muchos días.

Se necesitaron 20 años para que los israelitas reconocieran que no era Dios el que los había dejado sino que ellos, por su egoísmo y rebelión, habían abandonado a Dios y por eso cosechaban amargura y sufrimiento. Una vez se necesitaron obreros para construir el arca, y se encontraron hotnbres dispuestos para la tarea cuando Dios delineó el plan. Cuando se necesitaron hombres para llevar el arca en sus diversas jornadas, se presentaron los levitas con buena disposición para ayudar a Moisés en el Sinaí. Al no cumplir Israel con sus responsabilidades, el arca cayó en manos de los idólatras, y se necesitó ayuda para llevarla de vuelta. Entonces fallaron los hombres; pero las bestias del campo obedecieron la dirección de Dios. Muy cerca estaban los que podían llevarla y guardarla con toda reverencia y orden. ¿Por qué no estuvieron listos para la responsabilidad? No se da ningún atisbo de su origen o genealogía que pudiera servir como base para algunas conclusiones. Todo lo que se consigna es que se necesitaron 20 años para que los israelitas aprendieran que la idolatría da malos resultados, y acudieran arrepentidos a Samuel. El arca quedó en la casa de Abinadab mientras Samuel fue juez, durante el reinado de Saúl y la primera parte del reinado de David, mientras se preparaba un lugar para ella en Jerusalén. ¡Cuán pacientemente espera Dios!

3.

Quitad los dioses ajenos y a Astarot.

Una frase usada para representar a los diversos dioses y diosas a los cuales los israelitas adoraban cuando se olvidaban del Señor. Astoret (plural, Astarot) estaba asociada a los baales fenicios o cananeos, pues era la principal deidad femenina de éstos (ver com. Juec. 2: 13).

Se consideraba que esta deidad representaba los poderes reproductores de la naturaleza. Por lo general, su culto consistía en orgías lascivas fomentadas muchas veces por mujeres dirigentes que se convertían en sus devotas y se conocían como "mujeres sagradas" o prostitutas del templo. Sin duda había en muchos hogares israelitas estatuillas de dioses filisteos y cananeos. Gradualmente el pueblo de Israel había caído bajo el dominio y control de los pueblos de la llanura con quienes tenía trato comercial (1 Sam. 13: 19) e intercambio social (Juec. 14). El hecho de que Israel dejara el arca en Quiriat-jearim durante muchos años y no hiciera nada para restaurar el servicio del templo o para proporcionar un debido lugar de descanso para el arca, muestra hasta qué punto se había 481 apartado de Dios. La historia no registra una deportación de los israelitas a las planicies costeras, similar a las deportaciones posteriores a Asiria y Babilonia. Sin embargo, Israel debe haber estado en relación con los filisteos en casi todos los tratos de la vida, sirviéndoles (1 Sam. 4: 9), pagando un tributo anual con diversas clases de productos y deleitándose en las orgías de los lugares altos tan comunes en todo el país. La restauración del arca de ninguna manera significaba que los filisteos dejaron de oprimir a los israelitas vencidos.

Samuel aparece ahora en el relato por primera vez desde la batalla de Afec, desempeñando el papel de un reformador que trató de que volviera a Dios un pueblo idólatra y egoísta. Tan sólo la imaginación puede describir lo que le significaron esos años mientras iba de un lugar a otro. No sólo visitaba los distritos próximos a Filistea; todo Israel oía sus súplicas, amonestaciones y oraciones, hasta que lenta pero seguramente en toda la nación hubo una convicción de pecado y de la necesidad de una renovada dependencia de Dios. Gráficamente les describía la condición en que estaban en comparación con el plan que Dios tenía para ellos, y les prometía que serían liberados de los filisteos si tan sólo se convertían en verdaderos israelitas, literalmente, "gobernados por Dios". Sabía Samuel que si el pueblo abandonaba su idolatría y rehusaba servir a los dioses filisteos, esto se interpretaría como el equivalente de una rebelión contra la supremacía filistea, y por supuesto significaría guerra. Pero Samuel tenía confianza en las promesas de Dios y prosiguió inspirando esperanza en un pueblo desdichado.

4.

A los baales y a Astarot.

Ver com. Juec. 2: 11, 13.

Sirvieron sólo a Jehová.

Los israelitas habían estado sometidos a los filisteos durante 40 años en los días de Samuel y Elí, y después de la muerte de Elí claudicaron entre dos opiniones durante otros 20 años. El pueblo arrepentido difícilmente sabía qué paso dar, pues había estado demasiado tiempo bajo el poder de la idolatría. El arca había desaparecido del tabernáculo y se había interrumpido el servicio del santuario (ver PP 660). No había fiestas anuales en las que los adoradores pudieran recibir instrucciones. Prácticamente había surgido una generación nueva desde que fue tomada el arca. El pueblo de Israel era como ovejas extraviadas en la ladera de una montaña. Se daba cuenta de que estaba perdido, pero no sabía cómo volver al redil. Anticipando el tiempo cuando su pueblo desearía apartarse de sus malos caminos, Dios preparó a un fiel pastor que buscaría a los perdidos para llevarlos de vuelta al aprisco. Tal como Dios lo había previsto, en su ansiedad Israel se volvió a Samuel.

Uno de los mayores motivos de ánimo que tiene el cristiano es la seguridad de que Dios siempre está preparado, cualesquiera sean las circunstancias. Para Aquel que conoce el fin desde el principio no hay ni prisa ni pausa. ¿Qué le habría sucedido a Israel en ese tiempo si no hubiese existido Samuel? ¿Qué le habría sucedido a Israel en Egipto si no hubiese existido Moisés? ¿Cómo habría sido instruido Nabucodonosor en los caminos de Dios si no hubiese existido Daniel? A través de la historia, siempre que una crisis ha demandado acción, ha estado listo un dirigente bien preparado para la tarea. Esto no significa que el dirigente siempre fuera todo lo que podría haber deseado el Señor. Muchos son llamados pero pocos son escogidos porque, a semejanza de Sansón, muchos rehúsan tener en cuenta las instrucciones que Dios les envía. Ciertamente, Jeremías estuvo bien preparado para una obra especial, y cumplió bien su papel. Sin embargo, Israel sufrió terriblemente porque el rey Joacim rehusó prestar atención al consejo que le daba este profeta. Tanto para las naciones como para los individuos, la gran pregunta en el día del juicio será: "¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?" (Isa. 5: 4).

5.

Mizpa.

Esta palabra significa "punto para observar". En hebreo, mitspeh era una "atalaya", y así se traduce en Isa. 21: 8. Durante años se pensó -y todavía algunos opinan de esa manera- que la Mizpa de Samuel es la moderna Nebí Samwîl, a 8 km al noroeste de Jerusalén, pero no ha sido posible realizar excavaciones allí debido a que una tumba ubicada en este lugar es sagrada para los árabes como sitio tradicional de la sepultura de Samuel. Sin embargo, las excavaciones favorecen la identificación de Mizpa con la moderna Tell en Natsbeh, a 12,2 km al norte de Jerusalén en el camino principal a Samaria.

6.

Sacaron agua, y la derramaron.

Los comentadores no están de acuerdo en cuanto al 482 significado de este texto. Algunos piensan que se refiere al dolor de Israel por su pecado al reconocer que si no hubiera sido por el poder de Dios habrían sido como "aguas derramadas por tierra" (2 Sam. 14: 14). Otros sugieren que estas palabras se refieren al agua y al vino derramados por el sacerdote en el principal día de la fiesta de los tabernáculos, que representaba el gozo con que sacaban agua "de las fuentes de la salvación" (Isa. 12: 2, 3). La fiesta de los tabernáculos era un recordativo del cuidado protector de Dios sobre Israel durante el éxodo, cuando manaron abundantes aguas de la roca herida. Refiriéndose a este incidente del desierto, Cristo declaró: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7: 37). Quizá el verdadero significado esté en una combinación de las dos ideas. Realmente Cristo fue "derramado como aguas" (Sal. 22: 14) para que pudiera ser posible la salvación. Al derramar esta libación en Mizpa, Israel expresó el reconocimiento de su propia indignidad y solemnemente se regocijó en una renovada confianza en un Padre celestial que lo recibió con los brazos abiertos a pesar de sus extravíos espirituales.

Juzgó.

Este fue el comienzo del largo período de Samuel como juez.

7.

Subieron los príncipes de los filisteos.

Una vez que decidieron apartarse definitivamente de la idolatría, los israelitas se reunieron en Mizpa. Los príncipes de los filisteos reconocieron que eso era equivalente a una declaración de independencia, y se apresuraron a impedir cualquier tentativa de los israelitas en ese sentido. Los filisteos atacaron con tal rapidez, que los israelitas -reunidos desde diversas partes del país con propósitos pacíficos- se vieron obligados a hacerles frente sin estar preparados para la guerra. Sólo les quedaba el recurso de la oración.

8.

No ceses de clamar.

Literalmente, "no te calles de dar voces". Todos los hombres pasan por momentos de prueba, cada uno dentro de su propio ambiente y circunstancias. La primera prueba de Samuel fue si debía esperar que el Señor los guiara en la guerra, y la segunda si el pueblo iba a confiar en el Señor, en vez de huir aterrorizado frente a las huestes que avanzaban. Fue una dura prueba para los israelitas, pues habiendo renunciado a sus ídolos -a los que habían servido durante todos esos años- se preguntaban si les garantizaría entonces la victoria ese profeta que los había visitado vez tras vez. Su caso iba a ser una demostración práctica de lo que diría Josafat: "Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados" (2 Crón. 20: 20).

9.

Oyó.

Literalmente, "contestó". "Anah es un verbo común, traducido de diversas maneras en castellano, pero con el significado fundamental de "contestar". De parte de Dios, con frecuencia implica una respuesta visible, como en cap. 28: 15, cuando Saúl se quejó al espíritu invocado por la pitonisa de Endor de que Dios no le contestaba.

10.

Jehová tronó.

En este caso la respuesta de Dios (ver Sal. 99: 6) vino como en un trueno. Ver com. 1 Sam. 14: 15 donde hay otros ejemplos del uso milagroso que hace Dios de las fuerzas de la naturaleza. Habiendo renunciado a sus ídolos y confesado -con espíritu humilde- su alejamiento del Señor, ahora serían testigos de cuán prontamente Dios estaba dispuesto a tomarlos bajo su protección y demostraría el amor de un Padre celestial por el hijo pródigo que retornaba. Tan pronto como su pueblo cambió de proceder, Dios extendió sobre él su brazo protector. Bien podían los israelitas convertir ese lugar en un recordativo de la eterna piedad de Dios, de su amante cuidado y de su poder para proteger y liberar.

11.

Bet-car.

Aunque es dudosa su ubicación, algunos piensan que es la actual "Ain Kãrim, a 6,7 km al oeste de Jerusalén. Esta ha sido la opinión general, pero últimamente se ha identificado a Bet-car con Ramath-Rahel, a 4,6 km al sur de Jerusalén. Quizá la tormenta eléctrica provino del norte, y puesto que se consideraba a Baal como un dios de tormentas, los supersticiosos filisteos pueden haber huido aterrados por un dios cuya morada suponían que estaba en las montañas del norte. En su huida hacia el sur, probablemente los filisteos tomaron el camino más fácil para regresar a la llanura, camino que los llevaría a pasar directamente por Bet-semes hasta llegar a Ecrón. Por el camino fueron hostigados por los israelitas congregados. Y allí -como lo declaró Isaías siglos más tarde- bondadosamente Dios les dio inmediatamente "gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto" (Isa. 61: 3).

12.

Eben-ezer.

Literalmente, "ében ha"ézer, "la piedra de la ayuda", lo que evidentemente 483 se refiere a la liberación providencial recién mencionada. Así como la ayuda había sido específica, también el recordativo debía ser de una forma definida y permanente. El hecho de que Dios los hubiera liberado de los enemigos en esa ocasión era tan sólo una prenda de futuras intervenciones de la Providencia. Samuel quería que los israelitas comprendieran que el Señor los asistiría siempre si tan sólo le obedecían día tras día, y no sin tomar en cuenta su proceder subsiguiente. Es bueno que el cristiano vuelva constantemente a los Eben-ezeres de la vida, donde sobrevinieron liberaciones providenciales, para desconfiar de sí mismo y alcanzar una entrega plena y confianza en Dios.

13.

La mano de Jehová.

El mismo incidente providencial puede ser tanto una bendición como una desgracia. Una bendición para los que se entregan a la mano guiadora del Señor, y una desgracia para los que eligen servir al yo. La misma tormenta significó una victoria para los indefensos israelitas, y una derrota para los filisteos, que confiaban en la fortaleza de dioses falsos y en las proezas de sus propios ejércitos. La misma columna de la presencia de Dios que proyectó luz sobre los ejércitos del Señor envolvió en oscuridad a las huestes egipcias. Quizá los filisteos llegaron a la conclusión de que Baal -el dios de las tormentas (ver pág. 42)- ahora estaba luchando contra ellos y a favor de los ejércitos de Israel. Pero, debido a su renovada relación con Dios, los israelitas se beneficiaron de la creencia pagana tradicional y consumaron completamente su victoria sobre los enemigos.

Así fue entonces; así es hoy día. El hombre llega al punto en que reconoce que su vida es sumamente desagradable. Se encuentra atado a sus ídolos, cualesquiera sean. Se da cuenta de la inutilidad de los hábitos que ha cultivado, los motivos que ha abrigado y los deseos que ha complacido. Es atraído a la comunión que ve que otros disfrutan con Dios, así como Israel vio en Samuel durante esos 20 años. Renuncia a su vida pasada y confiesa su incapacidad para transformarse por sus propios esfuerzos. Entonces se rinde al Espíritu Santo y descubre que ha adquirido dominio propio al aceptar la ayuda espiritual que Dios le da para capacitarlo a fin de que alcance una vida superior. Los fracasos pasados se convierten así en peldaños. Los valles de Acor se convierten en puertas de esperanza (Ose. 2: 15).

15.

Juzgó Samuel a Israel.

Más talentos le fueron dados al hombre que ya había comerciado con éxito con los que le habían sido concedidos. No soñaba Samuel con la responsabilidad que recaería sobre sus hombros cuando fue por primera vez a Silo. Tampoco soñó Pedro cuando dejó Betsaida para visitar a Juan en Betábara, que un día llegaría a ser pescador de hombres. ¡Cuánto menos pensó que un día se sentaría con Cristo en el trono del universo!

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL 1 RA LIBRO DE SAMUEN CAPITULO 7

1ra. de Samuel

Capítulo 07

7:1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.
7:2 Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.
7:3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.
7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
7:5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová.
7:6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.
7:7 Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.
7:8 Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos.
7:9 Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó.
7:10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.
7:11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
7:12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.
7:13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.
7:14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.
7:15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
7:16 Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
7:17 Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.

jueves, octubre 6

COMENTARIO DEL 1 SAMUEL CAPITULO 6

Los sacerdotes y adivinos.

El arca había estado en el país de los filisteos durante siete meses. Los habitantes de las tres ciudades, Asdod, Gat y Ecrón (ver cap. 5: 5-12), habían sido castigados con una terrible plaga, y el país había sido asolado por ratones que destruían las cosechas (vers. 5). Entre los pueblos de la antigüedad, el ratón era símbolo de pestilencia, y así aparece en los jeroglíficos egipcios. En su tribulación, los señores de los filisteos recurrieron a sus magos. Esos "adivinos" estudiaban los fenómenos y presagios naturales. Examinaban las entrañas de animales ofrecidos en sacrificio -los así llamados "augures mediante el hígado" de los babilonios-; observaban el vuelo de las aves, la forma en que caían ciertos talismanes, lo que les sucedía a las flores, etc. Correspondía a los astrólogos, adivinos, médiums espiritistas y nigromantes clasificar todas las cosas en dos categorías: lo propicio y lo funesto, lo bueno y lo malo, los presagios favorables y desfavorables. El Señor ordenó específicamente a su pueblo que no practicara el arte de la adivinación (Deut. 18: 10-12). Balaam, profeta apóstata del Señor, a quien Balac el rey de Moab había llamado para que maldijera a Israel, afirmó que no había tal cosa como un agüero o adivinación contra Israel (Núm. 23: 23). Pero Saúl evidentemente influido por las prácticas de los pueblos circunvecinos e impulsado a la desesperación por el silencio del consejo divino, recurrió a la pitonisa de Endor en procura de ayuda (1 Sam. 28).

¿Qué haremos?

Entre las naciones del Cercano Oriente ni aun los reyes se atrevían a iniciar una campaña sin consultar primero a sus magos. Entre las tribus paganas de hoy día, nadie hay más respetado y temido que el hechicero. Concordaba perfectamente con las costumbres de la época, el que los señores de los filisteos consultaran con los adivinos en cuanto a lo que correspondía hacer.

3.

No la enviéis vacía.

La respuesta de los sacerdotes y adivinos no sólo fue que se devolviera el arca, sino que se lo hiciera de tal forma que apaciguara al ofendido Dios de Israel y que se demostrara que él había refrenado la plaga. El primer requisito fue una ofrenda expiatorio de cinco tumores de oro y cinco ratones de oro. Entre las naciones paganas existía la práctica de tratar de aplacar la ira de sus dioses mediante ofrendas votivas que tomaban la forma de los males de los que procuraban liberarse. Cuán diferente era esto de las instrucciones dadas a Israel acerca de las ofrendas expiatorias. Si alguien pecaba "por yerro en las cosas santas de Jehová" debía llevar al sacerdote un carnero sin defecto de los rebaños (Lev. 5: 14-19). Además de esto se compensaba plenamente con dinero cualquier perjuicio cometido, lo que incluía no sólo pagar el valor de lo defraudado sino también una multa de una quinta parte del valor del artículo.

5.

Daréis gloria.

Es decir, reconocer el poder de Dios para quitar esas plagas, cualquiera fuera su causa, y buscar la curación divina. No todos estuvieron de acuerdo con el consejo de los sacerdotes. Su religión pagana era de temor servil y egoísta.

Los filisteos eran leales a Dagón y, sin embargo, temían al Dios de Israel debido a los sucesos recientes y estaban perplejos en cuanto a la forma de salir de sus dificultades. Querían desprenderse del arca, y sin embargo el orgullo les agitaba el corazón debido a su captura. Dar gloria a Dios habría sido una falta de respeto a Dagón. Estaban todavía menos dispuestos a renunciar a su forma de culto, como le sucedió a Nabucodonosor, siglos más tarde, cuando se convenció del poder- superior del Creador. Antes de llegar a esta consulta Final, habían probado varios recursos, tales como el envío del arca de una ciudad a otra.

6.

Endurecéis vuestro corazón.

Los adivinos creyeron conveniente advertir al pueblo que no se rebelara contra el Señor como lo habían hecho los egipcios, puesto que una continua resistencia contra la voluntad de Dios tan sólo provocaría mayores sufrimientos para ellos y para otros. Aunque al principio no estuvo dispuesto a escuchar, después de semanas de sufrimientos el pueblo se sintió constreñido a aceptar el consejo de los magos. Con frecuencia la convicción se impone sobre los más reacios. Del mismo modo como el Espíritu Santo habló mediante Balaam, también 477 dio a los Filisteos un sabio consejo aun por medio de sus adivinos.

Dios siempre habla a los hombres mediante formas y medios que les son comprensibles. Los acontecimientos posteriores demostraron que Dios trató a los filisteos de acuerdo con la luz que tenían (ver 2 Cor. 8: 12).

7.

Un carro nuevo.

La primera parte del vers. 7 dice literalmente: "Ahora, tomaos y haceos un nuevo carro, y dos vacas lecheras". Ambos verbos se refieren a ambos complementos. No significa que los filisteos habían de construir un carro nuevo. El énfasis recae en el hecho de que debía ser nuevo, sin usar. Así también las vacas no debían conocer lo que era el yugo, como señal de que nunca se las había empleado para fines seculares. Esta era una demostración de respeto. En su entrada triunfal en Jerusalén, Cristo se sentó sobre un pollino "en el cual ningún hombre" había "montado" (Mar.11: 2).

Haced volver sus becerros.

Separando los becerros de sus madres, los adivinos esperaban determinar -ante el consenso de todos- si las plagas provenían de Jehová o no. Si el Dios de los israelitas quería que volviera su arca, tendría que hacer que las vacas efectuaran algo antinatural: abandonar voluntariamente sus becerros. Dios estuvo dispuesto a ser puesto a prueba por quienes preguntaban con sinceridad.

8.

En una caja.

La palabra traducida "caja", "argaz, aparece únicamente esta vez en todo el AT. Se sabe que "argaz era una palabra palestina para designar la "caja" de un carro. Los filisteos mostraron mayor respeto por el arca, la cual no habían destapado, que los hombres de la ciudad sacerdotal de Bet- semes que la recibieron de vuelta. ¡Cuántas veces los paganos avergüenzan a los cristianos por su comportamiento cuando están en presencia de lo sobrenatural! Parece que las ofrendas de oro fueron cuidadosamente colocadas en una especie de talega o bolsa que podía atarse bien a las varas con las cuales se llevaba el arca o a la envoltura con que se la cubría.

9.

Bet-semes.

Literalmente, "la casa del sol". Había varias ciudades palestinas de nombre Bet-semes cuando Israel entró en el país. Se cree que una de ellas, que pertenecía a Isacar (Jos. 19: 22, 23), estaba en el lugar que ahora se conoce como El-"Abeidiyeh, a poca distancia al sur del mar de Galilea. Otra ciudad del mismo nombre pertenecía a la tribu de Neftalí, y probablemente estaba al noroeste del mar de Galilea (ver Jos. 19: 38, 39; Juec. 1: 33). Es evidente que 1 Sam. 6: 9 se refiere a una tercera ciudad que lleva el mismo nombre, ahora Tell er-Rumeileh, en la heredad de Judá (Jos. 15: 10, 12) que fue apartada para los levitas (Jos. 21: 13, 16; 1 Crón. 6: 59). Estaba en el distrito del hijo de Decar (1 Rey. 4: 9), uno de los funcionarios de Salomón que proporcionaba vituallas para la mesa del rey, y fue el lugar donde Amasías fue derrotado en su conflicto con Joás de Israel (2 Rey. 14: 11, 13; 2 Crón. 25: 21-23). El hecho de que tantos lugares tuvieran ese nombre indica que los cananeos eran devotos adoradores de los cuerpos celestes, en este caso el sol.

De igual manera, Ur de los Caldeos y Harán fueron centros del culto de la luna.

Convencidos del poder sobrenatural del arca, los adivinos filisteos dispusieron que fuera enviada a Bet-semes, la ciudad sacerdotal más cercana de Israel.

Razonaban que si las vacas que no estaban acostumbradas al yugo abandonaban a sus becerros y llevaban directamente el carro a esa fortaleza levítica, con toda seguridad el arca, o más bien el Dios del arca, era el autor de la plaga que les había sobrevenido.

12.

Camino recto.

La declaración dice literalmente:"Derecho en el camino sobre el camino a Bet-semes, por una calzada"; el camino directo de Ecrón a Bet-semes. Tan sólo un poder sobrenatural mantendría las vacas en el camino principal. Los príncipes filisteos no las condujeron sino que fueron "tras ellas". El hecho de que las vacas nunca habían llevado yugo (vers. 7), es una evidencia de que no habían estado antes en el camino.

¿Qué demostración más poderosa podían recibir los adoradores de Dagón? Si en forma antinatural unas bestias siguen a un Guía invisible, el hombre -generosamente bendecido con las facultades del intelecto-, ¿por qué no podría ir en contra del orgullo natural y de la tradición nacional para someterse a la conducción de Aquel que también podía reprimir la plaga y los ratones? ¿Por qué no había visto Balaam al ángel del Señor que estaba en el camino tan fácilmente como lo vio su asna? Bajo la influencia hipnótica del maligno, los hombres hoy día tan sólo ven lo que Satanás desea que vean, sin comprender que muy cerca está Uno listo para desatar las ligaduras que los atan estrechamente. 478

13.

Segaban el trigo.

Puesto que la cosecha del trigo se efectúa en la primavera, entre el tiempo de la pascua y la fiesta de las semanas o Pentecostés, y siendo que el arca había estado en poder de los filisteos durante siete meses, la batalla en que aquélla fue capturada ocurrió en el otoño, por el tiempo de la fiesta de los tabernáculos. Por eso quizá muchos estaban en Silo para la fiesta y pudieron haber ayudado para proteger a Israel contra los invasores. Ante la victoria filistea, habrían huido a sus hogares en las diferentes tribus (ver cap. 4: 10).

Los habitantes de Bet-semes estaban en el campo ocupados en la cosecha, probablemente usando la hoz y el rastrillo como se hace hoy en Palestina. No había huertos en la ciudad misma. Los campos no estaban separados por cercos sino por piedras que marcaban los linderos. El que no estaba familiarizado con la comarca no podía decir dónde comenzaba una parcela y dónde terminaba la otra.

14.

Una gran piedra.

En el campo de Josué, quizá cerca del camino real. Las vacas se detuvieron al lado de esa piedra. Bet-semes era una ciudad levítica, y sus habitantes tenían tanto el derecho como el deber de cuidar del arca. Como no había tabernáculo, los levitas colocaron el arca sagrada, junto con la ofrenda expiatorio de los filisteos, encima de la gran piedra y ofrecieron las vacas como holocausto al Señor. Puesto que Bet-semes está en el mismo corazón de la Sefela, o comarca montañosa, donde los caminos reales atraviesan el centro de los valles, tal vez esa piedra sobresalía desde la ladera de la colina, y fácilmente podía llegarse a ella desde arriba. Sin embargo, desde el lado de abajo podría haber estado a más de un metro por encima del camino.

16.

Volvieron a Ecrón.

¡Qué chasco para los filisteos! Habían sido testigos de la derrota de Dagón ante el Señor en el templo de Asdod. Habían contemplado el proceder de las vacas, movidas por una fuerza sobrenatural, cuando llevaron de vuelta el arca a Judá. Todavía habían de ser testigos del poder represor de Dios al detener la epidemia y al curarlos. Aunque habían visto maravillas ese día, ¡volvieron a sus dioses!

18.

La gran piedra.

Puesto que los vers. 14 y 15 se refieren a la gran "piedra" en la cual se colocó el arca, y puesto que los vers. 17 y 18 tratan de los recordativos de ese acontecimiento, resulta evidente que la piedra del campo de Josué se menciona tan sólo en relación con esos otros recordativos que contribuían a exaltar a Dios.

19.

Mirado dentro.

Tanto el toque como la inspección ocular irreverentes iban a recibir un serio castigo (ver Núm. 4: 20). A Moisés se le negó la entrada en la tierra de Canaán porque no prestó estricta obediencia a las órdenes de Dios. Aunque eran sacerdotes, Nadab y Abiú pagaron con la vida su falta de reverencia.

Cincuenta mil setenta hombres.

Literalmente, "setenta hombres, cincuenta mil hombres". En contra de la sintaxis normal del hebreo, el número más pequeño viene aquí primero. Este orden peculiar de las palabras hace dificilísima la traducción del texto.

Algunos han sugerido: "El hirió a setenta hombres; cincuenta de un millar", o "él mató a setenta hombres de cincuenta mil hombres". Tres importantes manuscritos hebreos omiten las palabras "cincuenta mil". En Juec. 6: 15 "élef, "mil", se traduce "familia". Es posible que también aquí debería traducirse "familia". Si fuera así, la afirmación diría: "E hirió entre el pueblo 70 hombres de 50 familias". La mayoría de los comentadores están de acuerdo en que sólo fueron muertos 70 hombres de Bet-semes. La BJ traduce: "a setenta de sus hombres". Con todo, en una ciudad tan pequeña como Bet-semes aun esto habría sido una calamidad terrible. Por supuesto, los filisteos escucharían acerca de esto, y tendrían así una prueba más de que Dios tuvo en cuenta el hecho de que ellos rehusaran mirar dentro del arca y la reverencia que le demostraron.

21.

Quiriat-jearim.

Literalmente, "la ciudad de bosques". Esta era una de las ciudades de Gabaón que buscó la protección de Josué después de la destrucción de Jericó (Jos. 9: 17). Estaba registrada en la heredad de Judá (Jos. 15: 9) y situada en las laderas occidentales de las montañas cercanas a Jerusalén, a 14,4 km de Bet-semes. El mensaje para la ciudad de Quiriat-jearim implica la creencia de que mientras más se alejara el arca de los filisteos, mayor seguridad habría.

Quiriatjearim, situada en las montañas, podía ser defendida más fácilmente contra un ataque que una ciudad de la zona más baja y ondulada. 479