lunes, julio 30
COMENTARIO DEL 2DA DE SAMUEL CAPITULO 18
CAPÍTULO XVIII
Versículos 1—8. El ejército de Absalón es derrotado. 9—18. El muere. 19—33. La pena excesiva
de David.
Vv. 1—8. ¡Cómo devuelve David bien por mal! Absalón sólo habría dado muerte a David; David
sólo habría salvado a Absalón. Esto es semejante a la maldad del hombre para con Dios, y la
misericordia de Dios para con el hombre, de lo cual cuesta mucho decir cuál es más asombrosa.
Ahora los israelitas ven el resultado de ponerse contra Jehová y su ungido.
Vv. 9—18. Jóvenes, mirad a Absalón, colgando de un árbol, maldecido, abandonado por el cielo
y la tierra; leed en esto cuánto aborrece el Señor la rebelión contra los padres. Nada puede
resguardar a los hombres de la desgracia y desprecio, sino la sabiduría de lo alto y la gracia de Dios.
Vv. 19—33. Ahimaas preparó a David para la noticia de la muerte de su hijo guiándolo a dar
gracias a Dios por su victoria. Mientras más se prepara y engrandece nuestro corazón para
agradecer a Dios sus misericordias, mejor dispuestos estaremos a soportar con paciencias las
aflicciones que vienen con ellas. —Algunos piensan que el deseo de David surgió de la
preocupación por el estado eterno de Absalón; pero pareciera que más bien él habló sin pensar
debidamente. Debe culpársele por mostrar gran cariño por un hijo carente de bondad; además, por
pelear con la justicia divina y oponerse a la justicia nacional que tenía que administrar en su calidad
de rey, y la cual debió preferir por sobre el afecto natural. Los mejores no siempre tienen el enfoque
correcto; somos dados a entristecernos excesivamente por lo que amamos con exageración. Pero
aunque de este ejemplo aprendamos a velar y orar contra la indulgencia pecaminosa o el descuido
de nuestros hijos, ¿no podemos notar en David una sombra del amor del Salvador que lloró, oró y
hasta sufrió la muerte por la humanidad, aunque esta estaba compuesta de rebeldes y viles
enemigos?
CAPÍTULO XIX
2da de SAMUEL CAPITULO 18
2da. de Samuel
Capítulo 18
18:1 David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas.
18:2 Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.
18:3 Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.
18:4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.
18:5 Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los capitanes.
18:6 Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró la batalla en el bosque de Efraín.
18:7 Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres.
18:8 Y la batalla se extendió por todo el país; y fueron más los que destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.
18:9 Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante.
18:10 Viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina.
18:11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le mataste luego allí echándole a tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata, y un talabarte.
18:12 El hombre dijo a Joab: Aunque me pesaras mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón.
18:13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías en contra.
18:14 Y respondió Joab: No malgastaré mi tiempo contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, quien estaba aún vivo en medio de la encina.
18:15 Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a Absalón, y acabaron de matarle.
18:16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.
18:17 Tomando después a Absalón, le echaron en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda.
18:18 Y en vida, Absalón había tomado y erigido una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna por su nombre, y así se ha llamado Columna de Absalón, hasta hoy.
18:19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos?
18:20 Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey ha muerto.
18:21 Y Joab dijo a un etíope: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y el etíope hizo reverencia ante Joab, y corrió.
18:22 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab: Sea como fuere, yo correré ahora tras el etíope. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has de correr tú, si no recibirás premio por las nuevas?
18:23 Mas él respondió: Sea como fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope.
18:24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo.
18:25 El atalaya dio luego voces, y lo hizo saber al rey. Y el rey dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose,
18:26 vio el atalaya a otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero.
18:27 Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buenas nuevas.
18:28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.
18:29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era.
18:30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se quedó de pie.
18:31 Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti.
18:32 El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal.
18:33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!
jueves, julio 26
COMENTARIO DEL 2 DE SAMUEL CAPITULO 17
CAPÍTULO XVII
Versículos 1—21. El consejo de Ahitofel es frustrado. 22—29. Se ahorca—Absalón persigue a
David.
Vv. 1—21. Aquí hubo un efecto maravilloso de la Providencia Divina que cegó la mente de Absalón e influyó su corazón para no seguir el consejo de Ahitofel, y desear el consejo de Husai.
Pero no hay discusión con este Dios que puede armar a un hombre contra sí mismo, y destruirlo por
sus propios errores y pasiones. —El anterior consejo de Ahitofel fue seguido, porque Dios quería
corregir a David, pero el último no fue seguido porque Dios no quería destruirlo. Él puede anular
todos los consejos. El éxito es de Dios solo, que no permitirá que su pueblo perezca sea cual sea la
sabiduría o ayuda que un hombre pueda emplear o permitirse.
Vv. 22—29. Ahitofel se ahorcó resentido porque no se siguió su consejo. Destrozará el corazón
del hombre orgulloso lo que no interrumpe el sueño del hombre humilde. Se creyó amenazado
concluyendo que como su consejo no fue seguido, la causa de Absalón fracasaría y, para prevenir
una posible ejecución pública, se hizo justicia a sí mismo. Así se detiene su hálito y se dobla la
cabeza de la cual nada podía esperarse sino maldad. —Absalón persiguió a su padre. Pero obsérvese
cómo Dios a veces da consuelo de extraños a su pueblo, cuando cuando no lo reciben de su propia
familia. —Nuestro Rey no necesita nuestra ayuda, pero nos asegura que lo que hacemos por el más
pequeño de nuestros hermanos, enfermos, pobres y menesterosos, será aceptado y recompensado
como si le fuera hecho a Él mismo.
EL 2 LIBRO DE SAMUEL Capitulo 17
2da. de Samuel
Capítulo 17
17:1 Entonces Ahitofel dijo a Absalón: Yo escogeré ahora doce mil hombres, y me levantaré y seguiré a David esta noche,
17:2 y caeré sobre él mientras está cansado y débil de manos; lo atemorizaré, y todo el pueblo que está con él huirá, y mataré al rey solo.
17:3 Así haré volver a ti todo el pueblo (pues tú buscas solamente la vida de un hombre); y cuando ellos hayan vuelto, todo el pueblo estará en paz.
17:4 Este consejo pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.
17:5 Y dijo Absalón: Llamad también ahora a Husai arquita, para que asimismo oigamos lo que él dirá.
17:6 Cuando Husai vino a Absalón, le habló Absalón, diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguiremos su consejo, o no? Di tú.
17:7 Entonces Husai dijo a Absalón: El consejo que ha dado esta vez Ahitofel no es bueno.
17:8 Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los suyos son hombres valientes, y que están con amargura de ánimo, como la osa en el campo cuando le han quitado sus cachorros. Además, tu padre es hombre de guerra, y no pasará la noche con el pueblo.
17:9 He aquí él estará ahora escondido en alguna cueva, o en otro lugar; y si al principio cayeren algunos de los tuyos, quienquiera que lo oyere dirá: El pueblo que sigue a Absalón ha sido derrotado.
17:10 Y aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón de león, desmayará por completo; porque todo Israel sabe que tu padre es hombre valiente, y que los que están con él son esforzados.
17:11 Aconsejo, pues, que todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta Beerseba, en multitud como la arena que está a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a la batalla.
17:12 Entonces le acometeremos en cualquier lugar en donde se hallare, y caeremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra, y ni uno dejaremos de él y de todos los que están con él.
17:13 Y si se refugiare en alguna ciudad, todos los de Israel llevarán sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, hasta que no se encuentre allí ni una piedra.
17:14 Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: El consejo de Husai arquita es mejor que el consejo de Ahitofel. Porque Jehová había ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara, para que Jehová hiciese venir el mal sobre Absalón.
17:15 Dijo luego Husai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos de Israel; y de esta manera aconsejé yo.
17:16 Por tanto, enviad inmediatamente y dad aviso a David, diciendo: No te quedes esta noche en los vados del desierto, sino pasa luego el Jordán, para que no sea destruido el rey y todo el pueblo que con él está.
17:17 Y Jonatán y Ahimaas estaban junto a la fuente de Rogel, y fue una criada y les avisó, porque ellos no podían mostrarse viniendo a la ciudad; y ellos fueron y se lo hicieron saber al rey David.
17:18 Pero fueron vistos por un joven, el cual lo hizo saber a Absalón; sin embargo, los dos se dieron prisa a caminar, y llegaron a casa de un hombre en Bahurim, que tenía en su patio un pozo, dentro del cual se metieron.
17:19 Y tomando la mujer de la casa una manta, la extendió sobre la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y nada se supo del asunto.
17:20 Llegando luego los criados de Absalón a la casa de la mujer, le dijeron: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán? Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y como ellos los buscaron y no los hallaron, volvieron a Jerusalén.
17:21 Y después que se hubieron ido, aquéllos salieron del pozo y se fueron, y dieron aviso al rey David, diciéndole: Levantaos y daos prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra vosotros.
17:22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó uno que no pasase el Jordán.
17:23 Pero Ahitofel, viendo que no se había seguido su consejo, enalbardó su asno, y se levantó y se fue a su casa a su ciudad; y después de poner su casa en orden, se ahorcó, y así murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.
17:24 Y David llegó a Mahanaim; y Absalón pasó el Jordán con toda la gente de Israel.
17:25 Y Absalón nombró a Amasa jefe del ejército en lugar de Joab. Amasa era hijo de un varón de Israel llamado Itra, el cual se había llegado a Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia madre de Joab.
17:26 Y acampó Israel con Absalón en tierra de Galaad.
17:27 Luego que David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas, de Rabá de los hijos de Amón, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar, y Barzilai galaadita de Rogelim,
17:28 trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados,
17:29 miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en el desierto.
miércoles, julio 18
COMENTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL, CAPITULO 16
CAPÍTULO XVI
Versículos 1—4. La falsedad de Siba. 5—14. Simei maldice a David. 15—23. El consejo de
Ahitofel.
Vv. 1—4. Siba delató a Mefiboset. Los hombres grandes siempre deben sospechar de los
halagadores, y deben cuidar de oír ambos lados.
Vv. 5—14. David soportó las maldiciones de Simei mucho mejor que los halagos de Siba;
porque éstos lo llevaron a juzgar mal a otro, y aquellas lo llevaron a juzgarse a sí mismo en forma
justa: las sonrisas del mundo son más peligrosas que su ceño fruncido. Una y otra vez David salvó
la vida a Saúl, mientras Saúl buscaba la suya. Pero la inocencia no es defensa contra la maldad y la
falsedad. Ni tampoco tenemos que hallar raro que nos acusen precisamente de aquello que hemos
evitado con sumo cuidado. Bueno es para nosotros que los hombres no sean nuestros jueces, sino
Aquel cuyo juicio es conforme a la verdad. Véase cuán paciente fue David en este maltrato. Que
esto nos recuerde a Cristo, que oró por los que lo maldecían y lo crucificaron. El espíritu humilde
volverá los reproches en reprobación y sacará algo bueno de ellos, en lugar de ser irritados por
ellos. —David ve la mano de Dios en esto y se consuela con que Dios sacará algo bueno de su
aflicción. Podemos depender de Dios para recompensar no sólo nuestros servicios sino nuestros
sufrimientos.
Vv. 15—23. Los consejeros más sabios de la época eran Ahitofel y Husai; Absalón se cree
seguro de triunfar cuando los tiene a ambos; confía en ellos y no consulta el arca, aunque la tiene
consigo. Pero ambos resultaron ser consejeros miserables. Husai nunca le aconsejaría que actuara
sabiamente. Ahitofel le aconsejó que hiciera lo malo; y así, lo traicionó tan eficazmente como lo
hizo, siendo deliberadamente falso con él: porque los que aconsejan a los hombres que pequen,
ciertamente les aconsejan para su propio mal. Después de todo, la honestidad es la mejor política, y
así será en el largo plazo. Ahitofel aconsejó mal a Absalón para volverlo aborrecible a su padre de
modo que éste nunca se reconciliara con él; esta maldita política es del diablo. ¡Cuán perverso es el
corazón del hombre!
EL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 16
2da. de Samuel
Capítulo 16
16:1 Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí Siba el criado de Mefi-boset, que salía a recibirle con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, cien racimos de pasas, cien panes de higos secos, y un cuero de vino.
16:2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es esto? Y Siba respondió: Los asnos son para que monte la familia del rey, los panes y las pasas para que coman los criados, y el vino para que beban los que se cansen en el desierto.
16:3 Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.
16:4 Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset. Y respondió Siba inclinándose: Rey señor mío, halle yo gracia delante de ti.
16:5 Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo,
16:6 y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda.
16:7 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso!
16:8 Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.
16:9 Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza.
16:10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David. ¿Quién, pues, le dirá: ¿Por qué lo haces así?
16:11 Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida; ¿cuánto más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho.
16:12 Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy.
16:13 Y mientras David y los suyos iban por el camino, Simei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo.
16:14 Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí.
16:15 Y Absalón y toda la gente suya, los hombres de Israel, entraron en Jerusalén, y con él Ahitofel.
16:16 Aconteció luego, que cuando Husai arquita, amigo de David, vino al encuentro de Absalón, dijo Husai: ¡Viva el rey, viva el rey!
16:17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Es este tu agradecimiento para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo?
16:18 Y Husai respondió a Absalón: No, sino que de aquel que eligiere Jehová y este pueblo y todos los varones de Israel, de aquél seré yo, y con él me quedaré.
16:19 ¿Y a quién había yo de servir? ¿No es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré delante de ti.
16:20 Entonces dijo Absalón a Ahitofel: Dad vuestro consejo sobre lo que debemos hacer.
16:21 Y Ahitofel dijo a Absalón: Llégate a las concubinas de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se fortalecerán las manos de todos los que están contigo.
16:22 Entonces pusieron para Absalón una tienda sobre el terrado, y se llegó Absalón a las concubinas de su padre, ante los ojos de todo Israel.
16:23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón.
martes, julio 10
COMENTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO XV
CAPÍTULO XV
Versículos 1—6. La ambición de Absalón. 7—12. Su conspiración. 13—23. David abandona
Jerusalén. 24—30. David devuelve el arca. 31—37. Ora contra el consejo de Ahitofel.
Vv. 1—6. David permite la pompa de Absalón. Los padres que permiten la actitud orgullosa en sus
hijos no saben lo que hacen: muchos jóvenes son destruidos por el orgullo. Corrientemente quienes
más anhelan la autoridad son quienes menos entienden sus deberes.
Vv. 7—12. Véase cuán dispuestos están los padres tiernos a creer lo mejor de sus hijos. Pero,
¡qué fácil y perverso es que los hijos se aprovechen de sus buenos padres y los engañen con un
alarde de religión! Los principales hombres de Jerusalén se unieron a la fiesta de Absalón por su
sacrificio. Las personas piadosas se alegran al ver que los demás parecen religiosos y esto da
ocasión al engaño. La política de los hombres malos, y la sutileza de Satanás, se ejercen para hacer
que las personas buenas apoyen sus malos designios.
Vv. 13—23. David decidió irse de Jerusalén. Resolvió esto como un penitente que se somete a
la vara. Ante el impío Absalón podía justificarse y resistir, pero ante el justo Dios debía condenarse
y rendirse a sus juicios. Así, acepta el castigo de su pecado. Cuando los hombres buenos sufren,
anhelan que los demás no sean llevados a sufrir con ellos. No obligó a nadie; dejó que se fueran con
Absalón los que tenían su corazón puesto en él, y así será su condena. Cristo enrola solo a
seguidores voluntarios. —David no pudo tolerar la idea de que Itai, un extranjero, prosélito y nuevo
convertido, que debiera haber sido animado y habérsele facilitado las cosas, tuviera que encontrarse
tan duro trato. Pero Itai valoraba tanto la sabiduría y bondad de David que no dejaría. Sin duda, en
todo el tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia. Aferrémonos al Hijo de
David, con pleno propósito de corazón, y ni la vida ni la muerte nos separarán de su amor.
Vv. 24—30. David es muy cuidadoso de la seguridad del arca. Bueno es preocuparse más por la
prosperidad de la iglesia que por la propia; preferir el éxito del evangelio por sobre nuestra propia
riqueza, crédito, comodidad y seguridad. Observe con qué satisfacción y sumisión habla David de la
disposición divina. Interés y deber nuestro, es asentir con regocijo a la voluntad de Dios, sea lo que sea que nos pase. Veamos la mano de Dios en todos los sucesos; y para que no temamos de lo que
será, veamos todos los acontecimientos en la mano de Dios. —El pecado de David siempre estaba
delante de él, Salmo li, 3, pero nunca tan evidente ni tan negro como ahora. Nunca lloró así cuando
Saúl lo perseguía, pero la mala conciencia hace que los problemas sean gravosos, Salmo xxxviii, 4.
Vv. 31—37. David no ora contra la persona de Ahitofel sino contra su consejo. Oró creyendo
firmemente que Dios tiene todos los corazones en su mano, y también las lenguas. Pero nosotros
debemos secundar nuestras oraciones con esfuerzo, y así lo hizo David, de otro modo tentamos a
Dios. Pero no hallamos la sabiduría ni la sencillez tan unidas en un solo hombre, que no notamos
nada que necesite perdón. Sin embargo, cuando el Hijo de David fue tratado traidoramente y con
toda la crueldad que era posible, su sabiduría, mansedumbre, franqueza y paciencia fueron
perfectos. Sigámosle a Él, aferrémonos de Él y sirvámosle a Él en la vida y en la muerte.
EL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 15
2da. de Samuel
Capítulo 15
15:1 Aconteció después de esto, que Absalón se hizo de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
15:2 Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.
15:3 Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey.
15:4 Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia!
15:5 Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba.
15:6 De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.
15:7 Al cabo de cuatro años, aconteció que Absalón dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar mi voto que he prometido a Jehová.
15:8 Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo: Si Jehová me hiciere volver a Jerusalén, yo serviré a Jehová.
15:9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y fue a Hebrón.
15:10 Entonces envió Absalón mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: Cuando oigáis el sonido de la trompeta diréis: Absalón reina en Hebrón.
15:11 Y fueron con Absalón doscientos hombres de Jerusalén convidados por él, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.
15:12 Y mientras Absalón ofrecía los sacrificios, llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David, de su ciudad de Gilo. Y la conspiración se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón.
15:13 Y un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de todo Israel se va tras Absalón.
15:14 Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada.
15:15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos están listos a todo lo que nuestro señor el rey decida.
15:16 El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él. Y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que guardasen la casa.
15:17 Salió, pues, el rey con todo el pueblo que le seguía, y se detuvieron en un lugar distante.
15:18 Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los cereteos y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido a pie desde Gat, iban delante del rey.
15:19 Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey; porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.
15:20 Ayer viniste, ¿y he de hacer hoy que te muevas para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda ir; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre amor permanente y fidelidad.
15:21 Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
15:22 Entonces David dijo a Itai: Ven, pues, y pasa. Y pasó Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia.
15:23 Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto.
15:24 Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad.
15:25 Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, él hará que vuelva, y me dejará verla y a su tabernáculo.
15:26 Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.
15:27 Dijo además el rey al sacerdote Sadoc: ¿No eres tú el vidente? Vuelve en paz a la ciudad, y con vosotros vuestros dos hijos; Ahimaas tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar.
15:28 Mirad, yo me detendré en los vados del desierto, hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
15:29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allá.
15:30 Y David subió la cuesta de los Olivos; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, e iban llorando mientras subían.
15:31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que conspiraron con Absalón. Entonces dijo David: Entorpece ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel.
15:32 Cuando David llegó a la cumbre del monte para adorar allí a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro, rasgados sus vestidos, y tierra sobre su cabeza.
15:33 Y le dijo David: Si pasares conmigo, me serás carga.
15:34 Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalón: Rey, yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre, así seré ahora siervo tuyo; entonces tú harás nulo el consejo de Ahitofel.
15:35 ¿No estarán allí contigo los sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, se lo comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.
15:36 Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas el de Sadoc y Jonatán el de Abiatar; por medio de ellos me enviaréis aviso de todo lo que oyereis.
15:37 Así vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalón entró en Jerusalén.
martes, julio 3
COMENTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 14
CAPÍTULO XIV
Versículos 1—20. Joab procura el regreso de Absalón. 21—24. Absalón regresa. 25—27. Su
belleza personal. 28—33. Admitido en la presencia de su padre.
Vv. 1—20. Aquí podemos advertir cómo ruega esta viuda la misericordia de Dios y su clemencia
para con pobres pecadores culpables. El estado de los pecadores es el de estar destituidos de Dios.Dios no perdona a nadie que deshonre de su ley y justicia, a nadie que sea impenitente, ni a quienes
estimulen el delito, ni al que causa daño al prójimo.
Vv. 21—24. David se inclinaba en favor de Absalón, pero por la honra de su justicia, no podía
hacerlo regresar si no se le solicitaba, lo cual puede mostrar los métodos de la gracia divina. Verdad
es que Dios piensa compasivamente en cuanto a los pobres pecadores, y no quiere que ninguno
perezca; pero se reconcilia con ellos a través de un Mediador que ruega por ellos. Dios estaba en
Cristo reconciliando consigo al mundo, y Cristo vino a la tierra de nuestro exilio para llevarnos a
Dios.
Vv. 25—27. Nada se dice de la sabiduría y piedad de Absalón. Todo lo que se dice de él es que
era muy bien parecido. Pobre recomendación para un hombre que no tenía otra cosa de valor en él.
Muchas almas contaminadas y deformadas habitan un cuerpo hermoso. Leemos que tenía un
cabello muy bello, que era una carga para él, pero no se lo cortaba mientras soportara el peso. Nadie
se queja de eso que estimula y gratifica al orgullo, aunque sea incómodo. ¡Quiera el Señor
concedernos la belleza de la santidad, y el adorno de un espíritu manso y apacible! Sólo quienes
temen a Dios son verdaderamente felices.
Vv. 28—33. Por su actitud insolente con Joab, Absalón hizo que aquel rogara por él. Obtuvo su
deseo por su mensaje insolente al rey. Cuando los padres y los gobernantes toleran tales
personalidades, pronto sufrirán los efectos más fatales. Pero la compasión de padre prevaleció para
reconciliarlo con su hijo impenitente, y ¿cuestionarán los pecadores arrepentidos la compasión de
Aquel que es el Padre de las misericordias?
EL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 14
14 Joab, hijo de Sarvia, se dio cuenta de que el corazón del rey se inclinaba por Absalón. 2 Entonces Joab mandó a traer de Tecoa a una mujer sabia, y le dijo:
-Por favor, finge que estás de duelo. Ponte un vestido de luto y no te unjas con aceite; antes bien, aparenta ser una mujer que hace tiempo guarda luto por algún muerto. 3 Luego entra a la presencia del rey y habla con él de esta manera . . .
Y Joab puso las palabras en su boca. 4 Aquella mujer de Tecoa vino al rey, se postró en tierra sobre su rostro haciendo reverencia y dijo:
-¡Socórreme, oh rey!
5 El rey le preguntó:
-¿Qué te pasa?
Ella respondió:
-¡Ay de mí! Soy una mujer viuda; mi marido ha muerto. 6 Tu sierva tenía dos hijos. Pero los dos pelearon en el campo, y no habiendo quien los separase, el uno hirió al otro y lo mató. 7 Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: "¡Entrega al que mató a su hermano, para que lo matemos por la vida de su hermano a quien mató, y destruyamos también al heredero!" ¡Así extinguirán el carbón encendido que me queda, no dejando a mi marido nombre ni descendencia sobre la tierra!
8 Entonces el rey dijo a la mujer:
-Vé a tu casa, que yo me ocuparé de tu caso.
9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey:
-¡Oh mi señor el rey, sea la culpa sobre mí y sobre mi casa paterna! Pero el rey y su trono sean sin culpa.
10 El rey dijo:
-Al que hable contra ti, tráelo a mí; y no te molestará más.
11 Entonces ella dijo:
-Acuérdate, por favor, oh rey, de Jehovah tu Dios, para que el vengador de la sangre no siga destruyendo, no sea que destruya a mi hijo.
El respondió:
-¡Vive Jehovah, que no caerá en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo!
12 Dijo la mujer:
-Por favor, permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey.
El dijo:
-Habla.
13 Entonces dijo la mujer:
-¿Por qué, pues, piensas de este modo contra el pueblo de Dios? Cuando el rey dice estas palabras, se culpa a sí mismo, por cuanto el rey no hace volver a su desterrado. 14 A la verdad, todos hemos de morir; somos como el agua derramada en la tierra, que no se puede recoger. Pero Dios no quita la vida, sino que busca la manera de que el desterrado no quede desterrado de él. 15 He venido ahora para decir esto a mi señor el rey, porque el pueblo me ha atemorizado. Pero tu sierva pensó: Hablaré al rey; quizás él haga lo que su sierva le diga. 16 Porque el rey me oirá para librar a su sierva de mano del hombre que busca destruirme a mí juntamente con mi hijo, de la heredad de Dios. 17 Dice, pues, tu sierva: ¡Que sea de alivio la respuesta de mi señor el rey, porque como un ángel de Dios es mi señor el rey para discernir lo bueno y lo malo! ¡Que Jehovah tu Dios sea contigo!
18 Entonces el rey respondió y dijo a la mujer:
-Por favor, no me encubras nada de lo que te voy a preguntar.
La mujer dijo:
-Hable mi señor el rey.
19 El rey preguntó:
-¿No está contigo la mano de Joab en todo esto?
La mujer respondió y dijo:
-¡Vive tu alma, oh mi señor el rey! Nadie se podrá desviar ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que habla mi señor el rey. Ciertamente fue Joab tu servidor quien me mandó. El puso todas estas palabras en boca de tu sierva. 20 Joab, tu servidor, hizo esto para cambiar la situación presente. Pero mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer todo lo que hay en la tierra.
21 Entonces el rey dijo a Joab:
-He aquí, yo concedo esto: Vé y haz volver al joven Absalón.
22 Joab se postró en tierra sobre su rostro, y haciendo reverencia, bendijo al rey. Entonces dijo Joab:
-Hoy ha entendido tu siervo que ha hallado gracia ante tus ojos, oh mi señor el rey, pues el rey ha concedido la petición de su siervo.
23 Entonces Joab se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalón a Jerusalén. 24 Pero el rey dijo:
-Que se vaya a su casa y no vea mi cara.
Así que Absalón se fue a su casa, y no vio la cara del rey.
Absalón en presencia de David
25 En todo Israel no había un hombre tan alabado por su belleza como Absalón. Desde la planta de su pie hasta su coronilla, no había defecto en él. 26 Cuando se cortaba el cabello (cosa que hacía al final de cada año porque le era pesado, y por ello se lo cortaba), el cabello de su cabeza pesaba 200 siclos de peso real. 27 A Absalón le nacieron tres hijos y una hija, que se llamaba Tamar. Ella era una mujer hermosa.
28 Durante dos años estuvo Absalón en Jerusalén y no vio la cara del rey. 29 Y Absalón mandó llamar a Joab para enviarlo al rey, pero Joab no quiso venir a él. Lo mandó llamar por segunda vez, pero él no quiso venir. 30 Entonces Absalón dijo a sus siervos:
-Mirad, la parcela de Joab está junto a la mía, y allí él tiene cebada. Id y prendedle fuego.
Los siervos de Absalón prendieron fuego a la parcela. 31 Entonces Joab se levantó, fue a la casa de Absalón y le preguntó:
-¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi parcela?
32 Absalón respondió a Joab:
-He aquí, yo envié por ti diciendo: "Ven acá para que te envíe al rey y le digas: ’¿Para qué vine de Gesur? Mejor me hubiera sido quedar aún allá.’ " Ahora pues, quiero ver la cara del rey; y si hay culpa en mí, que me haga morir.
33 Joab fue al rey y se lo informó. Entonces llamó a Absalón, el cual vino al rey y se postró sobre su rostro en tierra ante él. Y el rey besó a Absalón.
lunes, julio 2
COMENTARIO DEL LIBRO 2 DE SAMUEL CAPITULO 13
CAPÍTULO XIII
Versículos 1—20. La violencia de Amnón con su hermana. 21—29. Absalón asesina a su hermano
Amnón. 30—39. La tristeza de David—Absalón huye a Gesur.
Vv. 1—20. De aquí en adelante David tuvo un problema tras otro. El adulterio y el asesinato fueron
los pecados de David, y pecados similares de sus hijos fueron los comienzos de su castigo: fue
demasiado indulgente con sus hijos. Así, David pudo atribuir los pecados de sus hijos a su propia
mala conducta, cosa que debió empeorar la angustia del castigo. —Que nadie tenga la expectativa
de ser bien tratado por quienes son capaces de hacerlos caer en tentación; pero es mejor soportar el
mayor de los males que cometer el menor de los pecados.
Vv. 21—29. Obsérvese los agravantes del pecado de Absalón: él quiso matar a Amnón cuando
estuviera menos apto para irse de este mundo. Comprometió a sus siervos en la culpa. Son siervos
mal enseñados los que obedecen a un amo malo contra los mandamientos de Dios. Los niños
malcriados siempre resultan ser cruces para los padres piadosos, cuyo necio amor los lleva a
descuidar su deber para con Dios.
Vv. 30—39. Jonadab fue tan culpable de la muerte de Amnón como de su pecado; amigos falsos
resultan ser quienes nos aconsejan que hagamos el mal. Después de un tiempo David anhelaba ver a
Absalón en lugar de aborrecerlo por asesino: Esta era la debilidad de David: Dios vio algo en su
corazón que marcaba la diferencia, de lo contrario, hubiéramos pensado que él, como Eli, honraba
más a sus hijos que a Dios.
EL LIBRO DE 2da. de Samuel Capítulo 13
2da. de Samuel
Capítulo 13
13:1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amnón hijo de David.
13:2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que sería difícil hacerle cosa alguna.
13:3 Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto.
13:4 Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de día en día vas enflaqueciendo así? ¿No me lo descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano.
13:5 Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga mi hermana Tamar, para que me dé de comer, y prepare delante de mí alguna vianda, para que al verla yo la coma de su mano.
13:6 Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba enfermo; y vino el rey a visitarle. Y dijo Amnón al rey: Yo te ruego que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, para que coma yo de su mano.
13:7 Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa de Amnón tu hermano, y hazle de comer.
13:8 Y fue Tamar a casa de su hermano Amnón, el cual estaba acostado; y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas delante de él y las coció.
13:9 Tomó luego la sartén, y las sacó delante de él; mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad fuera de aquí a todos. Y todos salieron de allí.
13:10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba, para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había preparado, las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.
13:11 Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.
13:12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza.
13:13 Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti.
13:14 Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más que ella, la forzó, y se acostó con ella.
13:15 Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete.
13:16 Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír,
13:17 sino que llamando a su criado que le servía, le dijo: Echame a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta.
13:18 Y llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestían las hijas vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó fuera, y cerró la puerta tras ella.
13:19 Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando.
13:20 Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano.
13:21 Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho.
13:22 Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.
13:23 Aconteció pasados dos años, que Absalón tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín; y convidó Absalón a todos los hijos del rey.
13:24 Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo tiene ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo.
13:25 Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío, no vamos todos, para que no te seamos gravosos. Y aunque porfió con él, no quiso ir, mas le bendijo.
13:26 Entonces dijo Absalón: Pues si no, te ruego que venga con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para qué ha de ir contigo?
13:27 Pero como Absalón le importunaba, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey.
13:28 Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.
13:29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montaron cada uno en su mula, y huyeron.
13:30 Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalón ha dado muerte a todos los hijos del rey, y ninguno de ellos ha quedado.
13:31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos, y se echó en tierra, y todos sus criados que estaban junto a él también rasgaron sus vestidos.
13:32 Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana.
13:33 Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón ese rumor que dice: Todos los hijos del rey han sido muertos; porque sólo Amnón ha sido muerto.
13:34 Y Absalón huyó. Entre tanto, alzando sus ojos el joven que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente que venía por el camino a sus espaldas, del lado del monte.
13:35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen; es así como tu siervo ha dicho.
13:36 Cuando él acabó de hablar, he aquí los hijos del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
13:37 Mas Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días.
13:38 Así huyó Absalón y se fue a Gesur, y estuvo allá tres años.
13:39 Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto.
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