martes, septiembre 25

COMENTARIO DEL CAPITULO 5 DE 1 DE REYES

CAPÍTULO V

Versículos 1—9.
El pacto de Salomón con Hiram. 10—18. Los obreros de Salomón para el templo.

Vv. 1—9.
Aquí está la determinación de Salomón para construir un templo. No hay adversario, no

hay un Satanás, esta es la palabra: ningún instrumento del diablo para oponerse ni para desviar esto.

Satanás hace todo lo que puede por estorbar la obra del templo. —Cuando no hay mal alrededor,

estemos listos y activos en lo que es bueno y vamos adelante. Que las promesas de Dios vivifiquen

nuestros esfuerzos. Que toda destreza y ventaja externa sean puestas al servicio de los intereses del

reino de Cristo. —Si Tiro abastece a Israel con obreros, Israel suplirá de trigo a Tiro, Ezequiel xxvii,

17. Así, pues, por la sabia disposición de la Providencia, un país necesita del otro y se beneficia de

otro para que haya interdependencia entre ellos para gloria de Dios.

Vv. 10—18.
El templo fue edificado principalmente con las riquezas y trabajos de los gentiles,

lo que tipifica el llamarlos a ser parte de la iglesia. Salomón mandó y ellos trajeron piedras costosas

para el cimiento. Cristo que es puesto como el fundamento, es una piedra escogida y preciosa.

Nosotros debemos echar nuestro fundamento con firmeza, y depositar la mayor parte de las penas

en aquella parte de nuestra fe que yacen fuera de la vista de los hombres. Bienaventurados los que,

como piedras vivas, van siendo edificados en una casa espiritual para habitación de Dios en el

Espíritu. ¿Quién de nosotros edificará la casa del Señor?

 

1ra. de Reyes CAPITULO 5

1ra. de Reyes

Capítulo 05

5:1 Hiram rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram siempre había amado a David.
5:2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram:
5:3 Tú sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de sus pies.
5:4 Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes; pues ni hay adversarios, ni mal que temer.
5:5 Yo, por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.
5:6 Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.
5:7 Cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande.
5:8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés.
5:9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar, y la enviaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me señales, y allí se desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi deseo al dar de comer a mi familia.
5:10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera de cedro y madera de ciprés, toda la que quiso.
5:11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite puro; esto daba Salomón a Hiram cada año.
5:12 Jehová, pues, dio a Salomón sabiduría como le había dicho; y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre ambos.
5:13 Y el rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la leva fue de treinta mil hombres,
5:14 los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de aquella leva.
5:15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte;
5:16 sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra.
5:17 Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.
5:18 Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la cantería para labrar la casa.

martes, septiembre 18

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 4

CAPÍTULO IV

Versículos 1—19.
La corte de Salomón. 20—28. Los dominios de Salomón—Su provisión diaria. 29

—34.
La sabiduría de Salomón.

Vv. 1—19.
Indudablemente manifestó su sabiduría en la elección de los grandes dignatarios de la

corte de Salomón. Varios son los mismos que estaban en la época de su padre. Se establece un

programa para abastecer la corte por el cual ninguna parte del país se agote, aunque cada una

mandaba su porción.

Vv. 20—28.
Nunca resplandeció con tanto brillo la corona de Israel como cuando Salomón la

llevó. Tuvo paz por todos lados. Aquí, su reino fue tipo del reino del Mesías; porque se le promete

que tendrá a los gentiles por heredad y príncipes le adorarán. —La paz espiritual, el gozo y la santa

seguridad de todos los fieles súbditos del Señor Jesús fueron tipificados por los de Israel. —El reino

de Dios no es, como el de Salomón, cosa de comida y bebida sino, de lo que es infinitamente mejor,

de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El vasto número de sus ayudantes y la gran cantidad de

personas que recurrían a él se muestran por el monto de la provisión diaria. Aquí Cristo supera lejos

a Salomón, porque alimenta a todos sus súbditos, no con el pan que perece, sino con el que para
vida eterna permanece.

Vv. 29—34
. Fue más gloria para Salomón su sabiduría que su riqueza. Él tenía lo que aquí se

llama anchura de corazón, porque a menudo se pone el corazón para referirse a los poderes de la

mente. Tenía el don de la palabra y la sabiduría. Muy deseable es que quienes tienen grandes dones

de cualquier clase, tengan anchura de corazón para usarlos para el bien del prójimo. —¡Qué tesoros

de sabiduría y conocimiento se pierden! Pero cada clase de conocimiento que sea necesario para la

salvación se halla en las Sagradas Escrituras. —A él vinieron personas de todas partes, que

apreciaron más el conocimiento que sus vecinos, para oír la sabiduría de Salomón. En esto Salomón

es tipo de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento; y

escondidos para nosotros, pues Él es hecho por Dios sabiduría para nosotros. La fama de Cristo se

difundirá por toda la tierra y los hombres de todas las naciones acudirán a Él, aprenderán de Él y

tomarán su yugo que es liviano, y hallarán reposo para su alma.

1ra. de Reyes CAPITULO 4

1ra. de Reyes

Capítulo 04

4:1 Reinó, pues, el rey Salomón sobre todo Israel.
4:2 Y estos fueron los jefes que tuvo: Azarías hijo del sacerdote Sadoc;
4:3 Elihoref y Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de Ahilud, canciller;
4:4 Benaía hijo de Joiada sobre el ejército; Sadoc y Abiatar, los sacerdotes;
4:5 Azarías hijo de Natán, sobre los gobernadores; Zabud hijo de Natán, ministro principal y amigo del rey;
4:6 Ahisar, mayordomo; y Adoniram hijo de Abda, sobre el tributo.
4:7 Tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerlo por un mes en el año.
4:8 Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Efraín;
4:9 el hijo de Decar en Macaz, en Saalbim, en Bet-semes, en Elón y en Bet-hanán;
4:10 el hijo de Hesed en Arubot; éste tenía también a Soco y toda la tierra de Hefer;
4:11 el hijo de Abinadab en todos los territorios de Dor; éste tenía por mujer a Tafat hija de Salomón;
4:12 Baana hijo de Ahilud en Taanac y Meguido, en toda Bet-seán, que está cerca de Saretán, más abajo de Jezreel, desde Bet-seán hasta Abel-mehola, y hasta el otro lado de Jocmeam;
4:13 el hijo de Geber en Ramot de Galaad; éste tenía también las ciudades de Jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad; tenía también la provincia de Argob que estaba en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;
4:14 Ahinadab hijo de Iddo en Mahanaim;
4:15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó también por mujer a Basemat hija de Salomón.
4:16 Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;
4:17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;
4:18 Simei hijo de Ela, en Benjamín;
4:19 Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey de los amorreos y de Og rey de Basán; éste era el único gobernador en aquella tierra.
4:20 Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose.
4:21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Eufrates hasta la tierra de los filisteos y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.
4:22 Y la provisión de Salomón para cada día era de treinta coros de flor de harina, sesenta coros de harina,
4:23 diez bueyes gordos, veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin los ciervos, gacelas, corzos y aves gordas.
4:24 Porque él señoreaba en toda la región al oeste del Eufrates, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes al oeste del Eufrates; y tuvo paz por todos lados alrededor.
4:25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón.
4:26 Además de esto, Salomón tenía cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
4:27 Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa del rey Salomón venían, cada uno un mes, y hacían que nada faltase.
4:28 Hacían también traer cebada y paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al turno que tenía.
4:29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.
4:30 Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
4:31 Aun fue más sabio que todos los hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las naciones de alrededor.
4:32 Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.
4:33 También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces.
4:34 Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.

jueves, septiembre 13

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 3

Vv. 1—4. El que ama a Jehová, por su bien, debiera poner su amor en una mujer del pueblo del
Señor. —Salomón era un hombre sabio, rico, grande, pero el elogio más precioso de él es sobre el
carácter de todos los santos, aun del más pobre: “Amó a Jehová”. Donde Dios siembra
abundantemente, espera cosechar conforme a la siembra; y los que aman verdaderamente a Dios y
su culto, no reclamarán por los costos de su religión. Nunca debemos pensar que es un gasto
superfluo lo que se consagra al servicio de Dios.
Vv. 5—15. El sueño de Salomón no era corriente. Mientras sus poderes corporales estaban
bloqueados por el sueño, se fortalecieron los poderes del alma; él fue capacitado para recibir la
visión divina y hacer una decisión correcta. De modo similar, Dios nos pone en el camino preparado
para que seamos felices, asegurándonos que tendremos lo que necesitamos y pedimos en oración.
Que Salomón hiciera esa decisión estando dormido, cuando los poderes de la razón está menos
activos, demuestra que todo venía de la gracia de Dios. Teniendo un sentido humilde de sus propios
deseos y debilidades, ruega: Señor, yo soy joven. Mientras más sabios y considerados sean los
hombres, mejor familiarizados estarán con sus propias debilidades y más celosos de sí mismos. —
Salomón ruega a Dios que le dé sabiduría. Debemos pedirla, Santiago i, 5, para que nos ayude en el
llamamiento particular que hayamos recibido, y en las diversas ocasiones que tenemos. Aceptados
por Dios son quienes prefieren las bendiciones espirituales a los bienes materiales. Esta fue una
oración que prevaleció, y logró más de lo que pidió. Dios le dio sabiduría como nunca fuera otro
príncipe bendecido con ella y, además le dio riquezas y honra. Si nos aseguramos de la sabiduría y
la gracia, estas traerán consigo la prosperidad externa o endulzará la falta de ella. La manera de
obtener bendiciones espirituales es luchar en oración con Dios. La manera de obtener bendiciones
terrenales es encomendarnos a Dios al respecto. Salomón recibió sabiduría porque la pidió, y
riquezas porque no las pidió.
Vv. 16—28. Se da un ejemplo de la sabiduría de Salomón. Fijaos en lo difícil del caso. Para
averiguar cuál era la madre verdadera, no podía probar cuál era más amada por el niño y, por tanto,
probó cuál de ellas amaba más al niño: la sinceridad de la madre es puesta a prueba cuando el niño
corre peligro. Los padres deben mostrar su amor por sus hijos especialmente en el cuidado de su
alma y en arrebatándolos como tizones del fuego. Por este y otros casos de sabiduría con que Dios
lo dotó, Salomón tuvo gran fama entre su pueblo. Esto era mejor para él que las armas de la guerra;
por esto fue temido y amado.

1ra. de Reyes Capitulo 3

1ra. de Reyes

Capítulo 03

3:1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.
3:2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3:3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
3:4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.
3:5 Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.
3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
3:7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.
3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
3:9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
3:10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
3:11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,
3:12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
3:13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
3:14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
3:15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.
3:16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.
3:17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.
3:18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
3:19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.
3:20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto.
3:21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.
3:22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
3:23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
3:26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
3:27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

lunes, septiembre 3

EL LIBRO DE LOS REYES COMENTARIO DEL CAPITULO 2

Versículos 1—4.
El último encargo de David a Salomón. 5—11. El encargo de David tocante a

Joab y los demás.
12—25. Salomón reina—Adonías aspirante al trono es mandado matar. 26—

34.
Abiatar exiliado—Se manda matar a Joab. 35—46. Se manda matar a Simei.

Vv. 1—4.
El encargo de David a Salomón es que obedezca las órdenes del Señor. La autoridad de

un padre moribundo es mucha, pero nada comparada con la del Dios vivo. Dios había prometido a

David que el Mesías vendría de su simiente y esa promesa fue absoluta; pero la promesa de que no

les faltaría hombre sobre el trono de Israel era condicionada: si él anda delante de Dios con

sinceridad, celo y resolución; para esto debe prestar atención a su camino.

Vv. 5—11.
Los consejos tocante a Joab y Simei, al morir, no fueron por enojo personal, sino por

la seguridad del trono de Salomón, que era la causa de Dios y de Israel. Era evidente que Joab no se

arrepintió de los asesinatos que había cometido, y pronto los repetiría para lograr cualquier

propósito; aunque tolerado por mucho tiempo, al final tendrá que rendir cuenta. El tiempo no borra

la culpa de ningún pecado, en particular la del asesinato. —Tocante a Simei: No lo dejes sin castigo;

no creas que es tu amigo verdadero, de tu gobierno o digno de confianza; él no tiene menos maldad

ahora que la que tuvo entonces. —Los sentimientos de David al morir se registran como entregados

bajo la influencia del Espíritu Santo, 2 Samuel xxiii, 1–7. El Señor le descubrió los oficios y la

salvación de ese glorioso personaje, el Mesías, cuya venida entonces anunció y del cual él derivaba

todo su consuelo y sus expectativas. Ese pasaje da prueba determinante de que David murió bajo la

influencia del Espíritu Santo, en el ejercicio de la fe y la esperanza.

Vv. 12—25.
Salomón recibió a Betsabé con todo el respeto debido a una madre; pero nadie le

pida lo que no puede otorgar. Es malo para un hombre bueno promover una petición mala o

comparecer a favor de una mala causa. Al pedir que Abisag fuese su esposa, conforme a las

costumbres orientales, era evidente que Adonías procuraba ser rey, y Salomón no podría estar a

salvo mientras aquel viviera. Los espíritus ambiciosos y turbulentos preparan corrientemente la

muerte para sí mismos. Más de una cabeza se ha perdido tratando de alcanzar una corona.

Vv. 26—34.
Las palabras de Salomón a Abiatar y su silencio, implican que se habían efectuado

algunas conspiraciones recientes. A quienes muestran bondad al pueblo de Dios les será recordado

para su provecho. Por esta razón Salomón salva la vida a Abiatar pero lo despide de su oficio. En el

caso de pecados como los expiados por sangre de animales, el altar era un refugio, pero no fue así

en el caso de Joab. Salomón mira hacia arriba a Dios como Autor de la paz, y hacia la eternidad

como su perfeccionamiento. El mismo Señor de paz nos da esa paz que es eterna.

Vv. 35—46.
La vieja malignidad permanece en el corazón inconverso, y hay que mantener el

ojo atento sobre quienes, como Simei, han manifestado su enemistad y no han dado pruebas de

arrepentimiento. Ningún compromiso ni peligro frenará a los hombres mundanos; siguen adelante

aunque pierdan la vida y sus almas. —Recordemos, Dios no acomodará a nosotros su juicio. Su ojo

está sobre nosotros; esforcémonos por andar como en su presencia. Cada obra, cada palabra y cada

pensamiento nuestro esté gobernado por esta gran verdad, que se acerca rápidamente la hora en que

las circunstancias más pequeñas de nuestra vida serán sacadas a la luz, y nuestro estado eterno será

fijado por un Dios justo que no yerra. —De esta manera quedó establecido el trono de Salomón en

paz, como tipo del reino de paz y justicia del Redentor. Y en referencia a la enemistad de los

enemigos de la iglesia es un consuelo que, rujan furiosamente cuanto quieran, es cosa vana que

ellos imaginan. El trono de Cristo está establecido y ellos no pueden conmoverlo.

1ra. de Reyes CAPITULO 2

1ra. de Reyes

Capítulo 02

2:1 Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo:
2:2 Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.
2:3 Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;
2:4 para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
2:5 Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies.
2:6 Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz.
2:7 Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano.
2:8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová diciendo: Yo no te mataré a espada.
2:9 Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al Seol.
2:10 Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad.
2:11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.
2:12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
2:13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz.
2:14 En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
2:15 El dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo.
2:16 Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla.
2:17 El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer.
2:18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
2:19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra.
2:20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
2:21 Y ella dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.
2:22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
2:23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras.
2:24 Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.
2:25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.
2:26 Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre.
2:27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
2:28 Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.
2:29 Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él.
2:30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió.
2:31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
2:32 Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de Jeter, general del ejército de Judá.
2:33 La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová.
2:34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto.
2:35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
2:36 Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra;
2:37 porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
2:38 Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.
2:39 Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
2:40 Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat.
2:41 Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto.
2:42 Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
2:43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
2:44 Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza.
2:45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová.
2:46 Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.

domingo, septiembre 2

COMENTARIO DE PRIMERA DE REYES CAPITULO 1

PRIMERA DE REYES


La historia que ahora tenemos por delante explica los asuntos de los reinos de Judá e Israel,

aunque con especial consideración del reino de Dios entre ellos; porque es historia sagrada. Es

anterior en el tiempo, enseña más, y es más interesante que cualquiera de las historias corrientes.

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CAPÍTULO I

Versículos 1—4.
Edad de la decadencia de David. 5—10. Adonías aspira al trono. 11—31. David

hace rey a Salomón.
32—53. Salomón ungido rey y fin de la usurpación de Adonías.

Vv. 1—4.
Tenemos aquí a David hundiéndose bajo las enfermedades. Fue castigado por sus pecados

recientes y sintió los efectos de los esfuerzos y las duras labores del pasado.

Vv. 5—10.
Los padres indulgentes suelen ser castigados con hijos desobedientes, ansiosos por

apoderarse de su fortuna. Ninguna sabiduría mundana, experiencia ni santidad de carácter pueden

asegurar la continuidad de una carrera de quienes permanecen bajo el poder del amor propio. Pero

bien podemos preguntarnos por medio de cuáles artes podría dejarse de un lado a Joab y Abiatar.

Vv. 11—31.
Obsérvense las palabras de Natán a Betsabé: Toma mi consejo, para que salves tu

vida, y la de tu hijo Salomón. Semejante a este es el consejo que nos dan los ministros de Cristo en

su nombre, para que pongamos toda diligencia no sólo para que nadie tome nuestra corona,

Apocalipsis iii, 11, sino para que salvemos nuestra vida, sí, la vida de nuestra alma. David declaró

solemnemente su firme adhesión a la anterior resolución de que Salomón fuera su sucesor. Aun el

recuerdo del desastre del cual lo rescató el Señor, aumentó su consuelo, inspiró sus esperanzas y le

animó a su deber, a pesar del deterioro de la edad y la proximidad de la muerte.

Vv. 32—53.
El pueblo expresó gran gozo y satisfacción con la ascensión de Salomón. Todo

israelita verdadero se regocija en la exaltación del Hijo de David. —Pronto se disolverán las

combinaciones formadas sobre malos principios, cuando el interés propio llame a cambiar de

rumbo. ¿Cómo pueden esperar buenas nuevas quienes hacen malas obras? Adonías había

despreciado a Salomón, pero pronto le tuvo temor. —Aquí vemos, como por espejo, a Jesús, el Hijo

de David e Hijo de Dios, exaltado al trono de gloria, a pesar de todos sus enemigos. Su Reino es

mucho más grande que el de su padre David y allí se regocija cordialmente todo el verdadero

pueblo de Dios. La prosperidad de su causa es insulto y terror para sus enemigos. Ningún cuerno de

altar, ninguna forma de piedad, y ninguna religión simulada, pueden servir de provecho a quienes

no se sometan a su autoridad, y acepten su salvación; y si la sumisión de ellos es hipócrita,

perecerán sin remedio.

 

1ra. de Reyes CAPITULO 1

1ra. de Reyes

Capítulo 01

1:1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba.
1:2 Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey.
1:3 Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
1:4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
1:5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
1:6 Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón.
1:7 Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
1:8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.
1:9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey;
1:10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.
1:11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
1:12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón.
1:13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?
1:14 Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
1:15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
1:16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
1:17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.
1:18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes.
1:19 Ha matado bueyes, y animales gordos, y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado.
1:20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
1:21 De otra manera sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
1:22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta Natán.
1:23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra.
1:24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
1:25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías!
1:26 Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado.
1:27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
1:28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey.
1:29 Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
1:30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
1:31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
1:32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
1:33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadlo a Gihón;
1:34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!
1:35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
1:36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
1:37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
1:38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
1:39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
1:40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
1:41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
1:42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hombre valiente, y traerás buenas nuevas.
1:43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
1:44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
1:45 y el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
1:46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino,
1:47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
1:48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
1:49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.
1:50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar.
1:51 Y se lo hicieron saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.
1:52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá.
1:53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.