viernes, agosto 31

COMENTARIO DE 2 DE SAMUEL CAPITULO 24

CAPÍTULO XXIV

Versículos 1—9.
David censa al pueblo. 10—15. Escoge la pestilencia. 16, 17. Detención de la

pestilencia.
18—25. El sacrificio de David—Fin de la plaga.

Vv. 1—9.
Por el pecado del pueblo se dejó que David actuara mal y como retribución recibieron un

castigo. Este ejemplo arroja luz sobre el gobierno de Dios sobre el mundo, y da una lección útil. —

El orgullo en el corazón de David fue su pecado al hacer el censo del pueblo. Pensó que ésto lo

haría parecer más formidable, y confió en el brazo de carne más de lo que debiera, y a pesar de

haber escrito tanto sobre confiar solo en Dios. Él no juzga el pecado como nosotros. Lo que a

nosotros nos parece inocuo o, al menos, poco ofensivo, puede ser un pecado grande a ojos de Dios,

que discierne los pensamientos e intenciones del corazón. Hasta los impíos pueden discernir los

malos temperamentos y la mala conducta de los creyentes, de los cuales están, a menudo,

inconscientes. Pero Dios rara vez les permite los placeres que desean pecaminosamente aquellos a

quienes Él ama.

Vv. 10—15.
Cuando un hombre peca es bueno que tenga un corazón interior que lo moleste por

eso. Si confesamos nuestros pecados, podemos orar con fe que, por misericordia perdonadora, Dios

nos perdonará y quitará ese pecado que nosotros desechamos con arrepentimiento sincero. Es justo

de parte de Dios que nos quite lo que constituimos motivo de orgullo, o lo haga amargo para

nosotros, y lo convierta en nuestro castigo. El castigo debe ser de tal índole puesto que el pueblo

tuvo una buena parte en ello, porque aunque el pecado de David abrió la compuerta, los pecados del

pueblo fueron todo un diluvio. —En esta dificultad David eligió por un juicio que viniera

directamente de Dios, cuyas misericordias él conocía que eran muy grandes, y no del hombre, que

habría triunfado en la miseria de Israel y se hubieran endurecido en su idolatría. Escogió la

pestilencia; él y su familia estarían tan expuestos a ella como el israelita más pobre; y por un breve

lapso seguiría sometido a la disciplina divina, no importa que fuera severa. —La rápida destrucción

ocasionada por la pestilencia muestra con cuanta facilidad puede derribar Dios a los pecadores más

orgullosos, y cuánto debemos diariamente a la paciencia divina.

Vv. 16, 17.
Quizá hubo más maldad, especialmente más orgullo, y ese era el pecado que ahora

se castigaba en Jerusalén más que en otro lugar, por tanto la mano del destructor se extiende hacia

esa ciudad; pero el Señor lo hizo arrepentirse del mal, cambiando no de propósito sino de método.

—En el mismo lugar donde le impidió que Abraham sacrificara a su hijo, le impidió al ángel que

destruyera Jerusalén, con una contraorden similar. Es por amor del gran sacrificio, que se preserva

nuestra vida del ángel destructor. Y en David está el espíritu del verdadero pastor de su pueblo que

se ofrece a sí mismo como sacrifico a Dios por la salvación de sus súbditos.

Vv. 18—25.
Cuando Dios nos exhorta a ofrecerle sacrificios espirituales es una evidencia de su

reconciliación de nosotros consigo mismo. David compró el terreno para construir el altar. Dios

odia que se robe para ofrecer holocausto. No saben lo que es la religión quienes principalmente se

interesan en abaratarla y hacerla fácil para ellos, y se complacen más con lo que les cuesta menos

dolores o dinero. ¿Para qué tenemos sustancia sino para honrar a Dios con ella, y cómo puede ser

mejor dada? —Véase la edificación del altar y la ofrenda de los sacrificios apropiados en él: Los

holocaustos para la gloria de la justicia de Dios, las ofrendas por la paz para la gloria de su

misericordia. Cristo es nuestro Altar, nuestro Sacrificio; solo en Él podemos tener esperanza de

escapar de su ira y hallar el favor de Dios. La muerte anda destruyendo todo alrededor en tantas

formas, y tan repentinamente, que es locura no esperar el fin de la vida y prepararse para ello.

miércoles, agosto 29

2da. de Samuel Capítulo 24


2da. de Samuel
Capítulo 24
24:1 Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.
24:2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente.
24:3 Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey?
24:4 Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel.
24:5 Y pasando el Jordán acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer.
24:6 Después fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi; y de allí a Danjaán y a los alrededores de Sidón.
24:7 Fueron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos, y salieron al Neguev de Judá en Beerseba.
24:8 Después que hubieron recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.
24:9 Y Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá quinientos mil hombres.
24:10 Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente.
24:11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo:
24:12 Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga.
24:13 Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado.
24:14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.
24:15 Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres.
24:16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo.
24:17 Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre.
24:18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo.
24:19 Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová;
24:20 y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra.
24:21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo.
24:22 Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña.
24:23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio.
24:24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.
24:25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.

lunes, agosto 27

COMENTARIO DEL CAPITULO 23 DE 2 DE SAMUEL


CAPÍTULO XXIII
Versículos 1—7. Últimas palabras de David. 8—39. Los valientes de David.
Vv. 1—7. Estas palabras de David son muy dignas de considerar. Cuando los que han tenido por
mucho tiempo la experiencia de la bondad de Dios y el placer de la sabiduría celestial, llegan al
final de su carrera, debieran dar su testimonio de la verdad de la promesa. —David admite su
inspiración Divina, que el Espíritu de Dios habla por él. Él y otros santos, hablaron y escribieron
movidos por el Espíritu Santo. —En muchas cosas tuvo que culpar su conducta y negligencia. Pero
David se consuela con que el Señor hizo con él un pacto eterno. Entiende como tal principalmente
el pacto de misericordia y paz, que el Señor hizo con él, un pecador que creyó en el Salvador
prometido, abrazó las bendiciones prometidas, y se rindió al Señor para ser su siervo redimido. Los
creyentes disfrutarán por siempre de las bendiciones del pacto; y Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
será para siempre glorificados en la salvación de ellos. Así, el perdón, la justicia, la gracia y la vida
eterna son recibidos como dádiva de Dios a través de Jesucristo. Hay una infinita plenitud de gracia,
y todas las bendiciones atesorados en Cristo para quienes buscan su salvación. —Este pacto era toda
la salvación de David; él conocía tan bien la santa ley de Dios y la magnitud de su propia
pecaminosidad, que se dio cuenta que estaba necesitado en su propio caso de esta salvación. Por
tanto, era todo su deseo. Comparativamente todos los objetos terrenales pierden su atractivo; estaba
dispuesto a darlos todos, o a morir y dejarlos para disfrutar la felicidad plena, Salmo lxxiii, 24–28.
Todavía el poder del mal y la debilidad de su fe, esperanza y amor eran su tristeza y su carga. Sin
duda, habría reconocido que su propia negligencia y falta de cuidado eran la causa; pero la
esperanza de que pronto sería hecho perfecto en gloria, lo alentó en sus momentos de muerte.
Vv. 8—39. Una vez David deseó ardientemente el agua del pozo de Belén. Eso parece un
instante de debilidad. Tenía sed; en su juventud se había refrescado con el agua de ese pozo a
menudo, y la deseó sin pensarlo debidamente. ¿Eran sus valientes tan osados para exponerse, ante la
menor señal del deseo de su príncipe, y estaban tan deseosos de complacerlo, y nosotros no
desearemos ser aprobados por nuestro Señor Jesús cumpliendo prestamente Su voluntad, según su
Palabra, su Espíritu y su providencia? David derramó el agua como libación para el Señor, así
enfrentó su fantasía necia, se castigó por permitirla, y demostró tener pensamientos sobrios para
corregir las decisiones precipitadas y mostró que sabía negarse a sí mismo. David consideró que el
agua era tan preciosa por la manera en que arriesgaron su sangre los hombres que la consiguieron, y
nosotros ¿no debiéramos valorar mucho más los beneficios adquiridos con el derramamiento de la
sangre de nuestro bendito Salvador? Cuidémonos para no descuidar una salvación tan grandiosa.

2° Libro de Samuel – Capítulo 23.


2° Libro de Samuel – Capítulo 23.

1 Estas son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fué levantado alto, El ungido del Dios de Jacob, El suave en cánticos de Israel:
2 El espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha sido en mi lengua.
3 El Dios de Israel ha dicho, Hablóme el Fuerte de Israel: El señoreador de los hombres será justo. Señoreador en temor de Dios.
4 Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, De la mañana sin nubes; Cuando la hierba de la tierra brota Por medio del resplandor después de la lluvia.
5 No así mi casa para con Dios: Sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado; Bien que toda esta mi salud, y todo mi deseo No lo haga él florecer todavía.
6 Mas los de Belial serán todos ellos como espinas arrancadas, Las cuales nadie toma con la mano;
7 Sino que el que quiere tocar en ellas, Armase de hierro y de asta de lanza, Y son quemadas en su lugar.
8 Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: El Tachmonita, que se sentaba en cátedra, principal de los capitanes: era éste Adino el Eznita, que mató en una ocasión sobre ochocientos hombres.
9 Después de éste, Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, fué de los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron á los Filisteos que se habían juntado allí á la batalla, y subieron los de Israel.
10 Este, levantándose, hirió á los Filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedósele contraída á la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud: y volvióse el pueblo en pos de él solamente á tomar el despojo.
11 Después de éste fué Samma, hijo de Age Araita: que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huído delante de los Filisteos:
12 El entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, é hirió á los Filisteos; y Jehová hizo una gran salud.
13 Y tres de los treinta principales descendieron y vinieron en tiempo de la siega á David á la cueva de Adullam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Raphaim.
14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Beth-lehem.
15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera á beber del agua de la cisterna de Beth-lehem, que está á la puerta!
16 Entonces los tres valientes rompieron por el campo de los Filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Beth-lehem, que estaba á la puerta; y tomaron, y trajéronla á David: mas él no la quiso beber, sino derramóla á Jehová, diciendo:
17 Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fué el principal de los tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, que mató; y tuvo nombre entre los tres.
19 El era el más aventajado de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó á los tres primeros.
20 Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él mismo descendió, é hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:
21 También hirió él á un Egipcio, hombre de grande estatura: y tenía el Egipcio una lanza en su mano; mas descendió á él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y matólo con su propia lanza.
22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes.
23 De los treinta fué el más aventajado; pero no llegó á los tres primeros. Y púsolo David en su consejo.
24 Asael hermano de Joab fué de los treinta; Elhaanan hijo de Dodo de Beth-lehem;
25 Samma de Harodi, Elica de Harodi;
26 Heles de Palti, Hira, hijo de Jecces, de Tecoa;
27 Abiezer de Anathoth, Mebunnai de Husa;
28 Selmo de Hahoh, Maharai de Netophath;
29 Helec hijo de Baana de Netophath, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;
30 Benaía Pirathonita, Hiddai del arroyo de Gaas;
31 Abi-albon de Arbath, Asmaveth de Barhum;
32 Elihaba de Saalbón, Jonathán de los hijo de Jassén;
33 Samma de Arar, Ahiam hijo de Sarar de Arar.
34 Elipheleth hijo de Asbai hijo de Maachâti; Eliam hijo de Achîtophel de Gelón;
35 Hesrai del Carmelo, Pharai de Arbi;
36 Igheal hijo de Nathán de Soba, Bani de Gadi;
37 Selec de Ammón, Naharai de Beeroth, escudero de Joab hijo de Sarvia;
38 Ira de Ithri, Gareb de Ithri;
39 Uría Hetheo. Entre todos treinta y siete.

martes, agosto 21

COMENTARIO DEL 2 DE SAMUEL CAPITULO 22


CAPÍTULO XXII
El Salmo de acción de gracias de David
Este capítulo es un salmo de alabanza; lo encontramos casi igual que el Salmo xviii. Los que
confían en Dios en la senda del deber, lo hallarán como ayuda presente en los peligros más grandes:
así fue para David. En nuestras alabanzas debiéramos mencionar expresamente sus liberaciones más
notables. Nunca seremos librados de todos los enemigos hasta que lleguemos al cielo. Dios
preservará a todo su pueblo, 2 Timoteo iv, 18. Los que reciben sus misericordias como señales de
Dios, deben darle la gloria a Él. —David cantó este cántico en el día en que Dios lo libró. Mientras
la misericordia esté fresca, y nosotros muy afectados con ella, presentemos nuestra ofrenda de
acción de gracias, que sea encendida con el fuego de ese afecto. Todo su gozo y esperanza se
centran, como todas nuestras esperanzas, en el gran Redentor.

2da. de Samuel Capítulo 22


2da. de Samuel
Capítulo 22
22:1 Habló David a Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.
22:2 Dijo:
Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;
22:3 Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio;
Salvador mío; de violencia me libraste.
22:4 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mi enemigos.
22:5 Me rodearon ondas de muerte,
Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
22:6 Ligaduras del Seol me rodearon;
Tendieron sobre mí lazos de muerte.
22:7 En mi angustia invoqué a Jehová,
Y clamé a mi Dios;
El oyó mi voz desde su templo,
Y mi clamor llegó a sus oídos.
22:8 La tierra fue conmovida, y tembló,
Y se conmovieron los cimientos de los cielos;
Se estremecieron, porque se indignó él.
22:9 Humo subió de su nariz,
Y de su boca fuego consumidor;
Carbones fueron por él encendidos.
22:10 E inclinó los cielos, y descendió;
Y había tinieblas debajo de sus pies.
22:11 Y cabalgó sobre un querubín, y voló;
Voló sobre las alas del viento.
22:12 Puso tinieblas por su escondedero alrededor de sí;
Oscuridad de aguas y densas nubes.
22:13 Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones ardientes.
22:14 Y tronó desde los cielos Jehová,
Y el Altísimo dio su voz;
22:15 Envió sus saetas, y los dispersó;
Y lanzó relámpagos, y los destruyó.
22:16 Entonces aparecieron los torrentes de las aguas,
Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo;
A la reprensión de Jehová,
Por el soplo del aliento de su nariz.
22:17 Envió desde lo alto y me tomó;
Me sacó de las muchas aguas.
22:18 Me libró de poderoso enemigo,
Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo.
22:19 Me asaltaron en el día de mi quebranto;
Mas Jehová fue mi apoyo,
22:20 Y me sacó a lugar espacioso;
Me libró, porque se agradó de mí.
22:21 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
22:22 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,
Y no me aparté impíamente de mi Dios.
22:23 Pues todos sus decretos estuvieron delante de mí,
Y no me he apartado de sus estatutos.
22:24 Fui recto para con él,
Y me he guardado de mi maldad;
22:25 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia;
Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.
22:26 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,
Y recto para con el hombre íntegro.
22:27 Limpio te mostrarás para con el limpio,
Y rígido serás para con el perverso.
22:28 Porque tú salvas al pueblo afligido,
Mas tus ojos están sobre los altivos para abatirlos.
22:29 Tú eres mi lámpara, oh Jehová;
Mi Dios alumbrará mis tinieblas.
22:30 Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.
22:31 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová.
Escudo es a todos los que en él esperan.
22:32 Porque ¿quién es Dios, sino sólo Jehová?
¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
22:33 Dios es el que me ciñe de fuerza,
Y quien despeja mi camino;
22:34 Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas;
22:35 Quien adiestra mis manos para la batalla,
De manera que se doble el arco de bronce con mis brazos.
22:36 Me diste asimismo el escudo de tu salvación,
Y tu benignidad me ha engrandecido.
22:37 Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
22:38 Perseguiré a mis enemigos, y los destruiré,
Y no volveré hasta acabarlos.
22:39 Los consumiré y los heriré, de modo que no se levanten;
Caerán debajo de mis pies.
22:40 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;
Has humillado a mis enemigos debajo de mí,
22:41 Y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,
Para que yo destruyese a los que me aborrecen.
22:42 Clamaron, y no hubo quien los salvase;
Aun a Jehová, mas no les oyó.
22:43 Como polvo de la tierra los molí;
Como lodo de las calles los pisé y los trituré.
22:44 Me has librado de las contiendas del pueblo;
Me guardaste para que fuese cabeza de naciones;
Pueblo que yo no conocía me servirá.
22:45 Los hijos de extraños se someterán a mí;
Al oir de mí, me obedecerán.
22:46 Los extraños se debilitarán,
Y saldrán temblando de sus encierros.
22:47 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,
Y engrandecido sea el Dios de mi salvación.
22:48 El Dios que venga mis agravios,
Y sujeta pueblos debajo de mí;
22:49 El que me libra de enemigos,
Y aun me exalta sobre los que se levantan contra mí;
Me libraste del varón violento.
22:50 Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,
Y cantaré a tu nombre.
22:51 El salva gloriosamente a su rey,
Y usa de misericordia para con su ungido,
A David y a su descendencia para siempre.

jueves, agosto 16

COMENTARIO DEL CAPITULO 21 DEL 2 DE SAMUEL


CAPÍTULO XXI
Versículos 1—9. Los gabaonitas vengados. 10—14. Rizpa cuida los cuerpos de los descendientes
de Saúl. 15—22. Las batallas con los filisteos.
Vv. 1—9. Toda aflicción surge del pecado y debe llevarnos a arrepentirnos y a humillarnos delante
de Dios; pero algunos problemas especialmente muestran que han sido enviados para traer a la
memoria el pecado. Los juicios de Dios suelen mirar muy atrás, y eso es lo que requiere que
hagamos cuanto antes sus reprensiones. No nos corresponde objetar el hecho de que la gente sufra
por el pecado de su rey; quizá le ayudaron. Ni objetar el hecho de que esta generación sufra por el
pecado de la anterior. Dios suele castigar los pecados de los padres en los hijos, y no rinde cuentas
de nada a nadie. El paso del tiempo no borra la culpa del pecado, ni podemos acariciar la esperanza
de escapar porque el juicio tarda. Si no podemos entender todas las razones de la Providencia al
respecto, tampoco tenemos derecho a pedir que Dios nos rinda cuenta de sus razones. Debe ser
bueno porque es la voluntad de Dios y, al final, resultará ser así. —El dinero no paga la sangre.
Pareciera que la posteridad de Saúl anduvo en sus huellas, porque es llamada casa de sangre. Era el
espíritu de la familia por lo cual con justicia se les reconoce por su pecado personal como por el de
su familia. Los gabaonitas pidieron esto contra Saúl o su familia no por maldad. No era para
satisfacer ninguna venganza, sino por el bien público. Fueron ejecutados al comienzo de la cosecha;
así pues fueron sacrificados para apaciguar la ira del Dios Todopoderoso que había suspendido la
misericordia de las cosechas durante los años anteriores, y para obtener su favor en la cosecha
actual. En vano esperamos misericordia de Dios si no hacemos justicia contra nuestros pecados. Las
ejecuciones no deben considerarse crueles cuando son por el bien público.
Vv. 10—14. Que una tierra culpable disfrutara de muchos años de abundancia, requiere gratitud;
no debe maravillarnos que se castigue con escasez la abundancia mal usada; pero cuán pocos están
dispuestos a preguntar al Señor la causa pecaminosa, mientras muchos buscan las causas
secundarias por medio de las cuales le ha placido obrar. Pero el Señor alega por la causa de los que
no pueden o no quieren vengarse; y las oraciones del pobre son de gran poder. —Cuando Dios
envió lluvia para regar la tierra, los cuerpos fueron enterrados, porque entonces quedó claro que la
petición por la tierra Dios la había oído. Cuando se hace justicia en la tierra, cesa la venganza del
cielo. Dios se pacifica, y es puesto a nuestro favor por medio de Cristo, que fue colgado en un
madero, hecho maldición por nosotros, para quitar de en medio la culpa, aunque Él mismo era
inocente.
Vv. 15—22. Estos sucesos parecen haber ocurrido hacia el final del reinado de David. David
flaqueaba, pero no huyó, y Dios envió ayuda en tiempo de necesidad. A veces hasta los santos más
fuertes desfallecen en los conflictos espirituales; entonces, Satanás los ataca furiosamente, pero
quienes defienden su terreno y le resisten, serán aliviados y serán más que vencedores. La muerte es
el último enemigo del cristiano, e hijo de Anac; pero, por medio de Aquel

2da. de Samuel Capítulo 21


2da. de Samuel
Capítulo 21
21:1 Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos. Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató a los gabaonitas.
21:2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló. (Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos, a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento; pero Saúl había procurado matarlos en su celo por los hijos de Israel y de Judá.)
21:3 Dijo, pues, David a los gabaonitas: ¿Qué haré por vosotros, o qué satisfacción os daré, para que bendigáis la heredad de Jehová?
21:4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa; ni queremos que muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis, haré.
21:5 Ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó, y que maquinó contra nosotros para exterminarnos sin dejar nada de nosotros en todo el territorio de Israel,
21:6 dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos delante de Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová. Y el rey dijo: Yo los daré.
21:7 Y perdonó el rey a Mefi-boset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos, entre David y Jonatán hijo de Saúl.
21:8 Pero tomó el rey a dos hijos de Rizpa hija de Aja, los cuales ella había tenido de Saúl, Armoni y Mefi-boset, y a cinco hijos de Mical hija de Saúl, los cuales ella había tenido de Adriel hijo de Barzilai meholatita,
21:9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová; y así murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en los primeros días de la siega, al comenzar la siega de la cebada.
21:10 Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.
21:11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina de Saúl.
21:12 Entonces David fue y tomó los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad, que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los habían colgado los filisteos, cuando los filisteos mataron a Saúl en Gilboa;
21:13 e hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los huesos de Jonatán su hijo; y recogieron también los huesos de los ahorcados.
21:14 Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán en tierra de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de Cis su padre; e hicieron todo lo que el rey había mandado. Y Dios fue propicio a la tierra después de esto.
21:15 Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David se cansó.
21:16 E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David;
21:17 mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel.
21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai husatita mató a Saf, quien era uno de los descendientes de los gigantes.
21:19 Hubo otra vez guerra en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, mató a Goliat geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de un telar.
21:20 Después hubo otra guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía doce dedos en las manos, y otros doce en los pies, veinticuatro por todos; y también era descendiente de los gigantes.
21:21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán, hijo de Simea hermano de David.
21:22 Estos cuatro eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.

domingo, agosto 12

EL2 LIBRO DE SAMUEL COMENTARIO CAPITULO 20


CAPÍTULO XX
Versículos 1—3. La rebelión de Seba. 4—13. Joab mata a Amasa. 14—22. Seba se refugia en Abel.
23—26. Lo soficiales de David.
Vv. 1—3. Una prueba surge después de otra para nuestro bien, hasta que lleguemos al lugar donde
se eliminan para siempre el pecado y la pena. Los disputadores airados entienden mal e interpretan
mal las palabras de otro; el hombre orgulloso hará todo a su manera o rechazará toda ayuda. No se
debe confiar en el favor de muchos, y ¿qué se puede esperar cuando el Hosana al Hijo de David fue
prontamente cambiado por crucifícale, crucifícale?
Vv. 4—13. Joab asesinó brutalmente a Amasa. Mientras más premeditación hay en el pecado,
peor es. Joab sacrificó contento el interés del rey y el del reino en aras de su venganza personal. No
obstante, uno se preguntaría con qué cara un asesino puede perseguir a un traidor; y cómo, bajo esa
carga de culpa, tuvo valor para ponerse en peligro: su conciencia estaba encallecida.
Vv. 14—22. Justamente se ataca el lugar que osa albergar a un traidor; ni tampoco le irá mejor
al corazón que se deja llevar por la lujuria rebelde, que no tendrá a Cristo reinando sobre él. —Una
mujer discreta satisfizo a Joab, por su prudente ministración, y así salvó la ciudad. La sabiduría no
está confinada al rango ni al sexo; no consiste en profundo conocimiento, sino en saber actuar
cuando surge algo, para eliminar los problemas y asegurar los beneficios. Se evitaría mucha maldad
si las partes beligerantes se entendieran. Que ambos bandos se desengañen. La única condición para la paz es la rendición del traidor. Así pasa en los tratos de Dios con el alma cuando esta es sitiada
por la convicción de pecado y la aflicción; el pecado es el traidor; la amada lujuria es el rebelde;
termina con eso, echa fuera a la transgresión y todo estará bien. No hay paz bajo ninguna otra
condición.
Vv. 23—26. Aquí está la situación de la corte de David después de su restauración. Bueno es
cuando se nombra a hombres capaces para desempeñar los cargos públicos; que todos procuren
desempeñar sus deberes como fieles siervos del Hijo de David.

2da. de Samuel Capítulo 20


2da. de Samuel
Capítulo 20
20:1 Aconteció que se hallaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamín, el cual tocó la trompeta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad con el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!
20:2 Así todos los hombres de Israel abandonaron a David, siguiendo a Seba hijo de Bicri; mas los de Judá siguieron a su rey desde el Jordán hasta Jerusalén.
20:3 Y luego que llegó David a su casa en Jerusalén, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y las puso en reclusión, y les dio alimentos; pero nunca más se llegó a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez perpetua.
20:4 Después dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres de Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente.
20:5 Fue, pues, Amasa para convocar a los de Judá; pero se detuvo más del tiempo que le había sido señalado.
20:6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño que Absalón; toma, pues, tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle para sí ciudades fortificadas, y nos cause dificultad.
20:7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los cereteos y peleteos y todos los valientes; salieron de Jerusalén para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:8 Y estando ellos cerca de la piedra grande que está en Gabaón, les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido de su ropa, y sobre ella tenía pegado a sus lomos el cinto con una daga en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
20:9 Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.
20:10 Y Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en persecución de Seba hijo de Bicri.
20:11 Y uno de los hombres de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que ame a Joab y a David, vaya en pos de Joab.
20:12 Y Amasa yacía revolcándose en su sangre en mitad del camino; y todo el que pasaba, al verle, se detenía; y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura.
20:13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.
20:15 Y vinieron y lo sitiaron en Abel-bet-maaca, y pusieron baluarte contra la ciudad, y quedó sitiada; y todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla.
20:16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para que yo hable con él.
20:17 Cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.
20:18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían decir: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían cualquier asunto.
20:19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; pero tú procuras destruir una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de Jehová?
20:20 Joab respondió diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que yo destruya ni deshaga.
20:21 La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraín, que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David; entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será arrojada desde el muro.
20:22 La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la arrojaron a Joab. Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.
20:23 Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel, y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos,
20:24 y Adoram sobre los tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el cronista.
20:25 Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar, sacerdotes,
20:26 e Ira jaireo fue también sacerdote de David.

jueves, agosto 9

COMENTARIO DE 2 DE SAMUEL CAPITULO 19


CAPÍTULO XIX
Versículos 1—8. Joab hace que David cese su duelo. 9—15. David regresa al Jordán. 16—23.
Perdona a Simei. 24—30. Excusa a Mefiboset. 31—39. David se separa de Barzilai. 40—43.Vv. 1—8. Fue imprudente e indigno seguir lamentándose por un hijo tan malo como Absalón. Joab
reprende a David, pero sin el respeto y la deferencia adecuados para con su soberano. Un caso claro
puede discutirse con justicia con los que están por encima de nosotros, y se les puede reprender por
lo malo que hacen, pero esto debe hacerse sin rudeza ni insolencia. Sin embargo, David tomó
prudente y mansamente la reprensión y el consejo. Ceder en forma oportuna suele evitar los malos
efectos de las medidas erróneas.
Vv. 9—15. La providencia de Dios, por la persuasión de los sacerdotes y el interés de Amasa,
llevó al pueblo a resolver el regreso del rey. David no se movió hasta recibir esta invitación.
Nuestro Señor Jesús reinará en quienes le invitan al trono de sus corazones, pero no hasta ser
invitado. Él inclina primero el corazón para que se ofrezca voluntario en el día de su poder, luego
domina en medio de sus enemigos, Salmo cx, 2, 3.
Vv. 16—23. Los que ahora toman livianamente y abusan del Hijo de David se alegrarán de
hacer las paces con Él cuando vuelva en su gloria, pero será demasiado tarde. Simei no perdió
tiempo. Su maltrato había sido personal y con el buen sentimiento usual en los hombres buenos,
David lo perdonó fácilmente.
Vv. 24—30. David recuerda el decomiso del caudal hereditario de Mefiboset y éste expresa
gozo por el regreso del rey. El hombre bueno soporta contento sus pérdidas mientras vea a Israel en
paz, y exaltado al Hijo de David.
Vv. 31—39. Barzilai pensó que se había honrado a sí mismo al servir en algo al rey. De esta
manera, cuando los santos sean llamados a heredar el reino, se asombrarán por la recompensa que
será mucho más de lo esperado por su servicio, Mateo xxv, 37. —El hombre bueno no debiera ir a
ninguna parte donde sea carga o, más bien, que lo sea en su casa antes que casa ajena. Bueno es
para todos, pero especialmente conveniente para los ancianos pensar en la muerte y hablar mucho al
respecto. Mi sepulcro está aparejado, dejadme ir y preparaos para el momento.
Vv. 40—43. Los hombres de Israel se creían despreciados y las palabras más fieras de los
hombres de Judá produjeron efectos muy malos. Podría evitarse mucho mal si los hombres
estuvieran alerta contra el orgullo, y recordasen que la blanda respuesta quita la ira. Aunque
tengamos el derecho y la razón de nuestro lado, Dios no se agrada si lo decimos con fiereza.

2da. de Samuel Capítulo 19


2da. de Samuel
Capítulo 19
19:1 Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por Absalón.
19:2 Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo.
19:3 Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla.
19:4 Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!
19:5 Entonces Joab vino al rey en la casa, y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas,
19:6 amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón viviera, aunque todos nosotros estuviéramos muertos, entonces estarías contento.
19:7 Levántate pues, ahora, y ve afuera y habla bondadosamente a tus siervos; porque juro por Jehová que si no sales, no quedará ni un hombre contigo esta noche; y esto te será peor que todos los males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.
19:8 Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta, y fue dado aviso a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; pero Israel había huido, cada uno a su tienda.
19:9 Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora ha huido del país por miedo de Absalón.
19:10 Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, estáis callados respecto de hacer volver al rey?
19:11 Y el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, diciendo: Hablad a los ancianos de Judá, y decidles: ¿Por qué seréis vosotros los postreros en hacer volver el rey a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerle volver a su casa?
19:12 Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois. ¿Por qué, pues, seréis vosotros los postreros en hacer volver al rey?
19:13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y aun me añada, si no fueres general del ejército delante de mí para siempre, en lugar de Joab.
19:14 Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen a decir al rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.
19:15 Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y Judá vino a Gilgal para recibir al rey y para hacerle pasar el Jordán.
19:16 Y Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, se dio prisa y descendió con los hombres de Judá a recibir al rey David.
19:17 Con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo Siba, criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.
19:18 Y cruzaron el vado para pasar a la familia del rey, y para hacer lo que a él le pareciera. Entonces Simei hijo de Gera se postró delante del rey cuando él hubo pasado el Jordán,
19:19 y dijo al rey: No me culpe mi señor de iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén; no los guarde el rey en su corazón.
19:20 Porque yo tu siervo reconozco haber pecado, y he venido hoy el primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor el rey.
19:21 Respondió Abisai hijo de Sarvia y dijo: ¿No ha de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehová?
19:22 David entonces dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel? ¿Pues no sé yo que hoy soy rey sobre Israel?
19:23 Y dijo el rey a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró.
19:24 También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz.
19:25 Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo?
19:26 Y él respondió: Rey señor mío, mi siervo me engañó; pues tu siervo había dicho: Enalbárdame un asno, y montaré en él, e iré al rey; porque tu siervo es cojo.
19:27 Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz, pues, lo que bien te parezca.
19:28 Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para clamar más al rey?
19:29 Y el rey le dijo: ¿Para qué más palabras? Yo he determinado que tú y Siba os dividáis las tierras.
19:30 Y Mefi-boset dijo al rey: Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.
19:31 También Barzilai galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán.
19:32 Era Barzilai muy anciano, de ochenta años, y él había dado provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim, porque era hombre muy rico.
19:33 Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te sustentaré conmigo en Jerusalén.
19:34 Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos años más habré de vivir, para que yo suba con el rey a Jerusalén?
19:35 De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará gusto ahora tu siervo en lo que coma o beba? ¿Oiré más la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué, pues, ha de ser tu siervo una carga para mi señor el rey?
19:36 Pasará tu siervo un poco más allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?
19:37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad, junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Mas he aquí a tu siervo Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él lo que bien te pareciere.
19:38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí, yo lo haré.
19:39 Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo; y él se volvió a su casa.
19:40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó Quimam; y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y también la mitad del pueblo de Israel.
19:41 Y he aquí todos los hombres de Israel vinieron al rey, y le dijeron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros hermanos, te han llevado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a su familia, y a todos los siervos de David con él?
19:42 Y todos los hombres de Judá respondieron a todos los de Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido algo del rey? ¿Hemos recibido de él algún regalo?
19:43 Entonces respondieron los hombres de Israel, y dijeron a los de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David más que vosotros. ¿Por qué, pues, nos habéis tenido en poco? ¿No hablamos nosotros los primeros, respecto de hacer volver a nuestro rey? Y las palabras de los hombres de Judá fueron más violentas que las de los hombres de Israel.