lunes, octubre 29

COMENTARIOS DE LOS CAPITULOS 11, 12, 13, Y 14, DE ! DE REYES

CAPÍTULO XI
Versículos 1—8. Las esposas y concubinas de Salomón—Su idolatría. 9—13. La ira de Dios. 14—
25. Los adversarios de Salomón. 26—40. El ascenso de Jeroboam. 41—43. Muerte de
Salomón.
Vv. 1—8. No hay en las Sagradas Escrituras un caso más más triste y asombroso sobre la
depravación humana que el aquí registrado: ¡Salomón se volvió adorador público de abominables
ídolos! Probablemente haya ido cediendo paulatinamente al orgullo y a la concupiscencia,
perdiendo así su gusto por la verdadera sabiduría. Nada constituye en sí mismo un seguro contra lo
engañoso y perverso del corazón humano. La edad avanzada no cura al corazón de ninguna
propensión al mal. Si nuestras pasiones pecaminosas no son crucificadas y mortificadas por la
gracia de Dios, nunca morirán por sí mismas, antes bien durarán aunque las oportunidades de
satisfacerlas hayan sido quitadas. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Vemos cuán débiles
somos en nosotros mismos sin la gracia de Dios; por tanto, vivamos en constante dependencia de la
gracia. Velemos y estemos sobrios: la nuestra es una guerra peligrosa y en territorio enemigo,
aunque nuestros peores enemigos son los traidores que hay en nuestro mismo corazón.
Vv. 9—13. El Señor dijo a Salomón, probablemente por un profeta, lo que debía esperar de su
apostasía. Aunque tengamos razón para esperar que se haya arrepentido y hallado misericordia, el
Espíritu Santo no lo registra expresamente, pero lo deja en la duda, como advertencia para que los
demás no pequen. Puede que se haya quitado la culpa, pero no el reproche; eso queda. Así que, debe
seguir en duda para nosotros hasta el día del juicio, si Salomón fue dejado o no para sufrir el eterno
desagrado de Dios ofendido.
Vv. 14—25. Mientras Salomón se mantuvo cerca de Dios y de su deber, no hubo enemigo que
lo inquietara, pero aquí tenemos el relato de dos. Si Dios está de nuestro lado no tenemos que temer
al mayor adversario; pero si Dios está contra nosotros, Él puede hacernos temer aun al menor de
todos y la misma langosta será una carga. Aunque ellos estaban motivados por principios de
ambición o venganza, Dios los usó para corregir a Salomón.

advierte a Jeroboam que se cuide de pecar por su ascenso. Pero la casa de David debe seguir; de ella

saldría el Mesías. —Salomón trató de matar a su sucesor; ¿no había él mismo enseñado que

cualesquiera sean los planes del corazón del hombre, el consejo del Señor prevalece? Pero él mismo

cree que puede derrotar ese consejo. Jeroboam se retiró a Egipto y se contentó con vivir en el exilio

y en la oscuridad por un tiempo, seguro de que iba a tener un reino al final. ¿No debiéramos estar

contentos porque tenemos un mejor reino reservado?

Vv. 41—43.
El reino de Salomón fue tan largo como el de su padre, pero no así su vida. El

pecado acortó sus días. —Si el mundo con todas sus ventajas, pudiera satisfacer el alma y dar gozo

real, Salomón lo hubiera hallado así. Pero él se desilusionó de todo, y para advertencia nuestra, dejó

este registro escrito de todos los placeres terrenales. “Vanidad y aflicción de espíritu”. —El Nuevo

Testamento declara que uno más grande que Salomón viene a reinar sobre nosotros, y a tomar

posesión del trono de David su padre. ¿No podemos ver algo de la excelencia de Cristo

representada tenuemente en esta figura para nosotros?

CAPÍTULO XII

Versículos 1—15.
Ascensión de Roboam—La petición del pueblo—Su respuesta. 16—24. Rebelión

de diez tribus.
25—33. La idolatría de Jeroboam.

Vv. 1—15.
Las tribus no se quejaron a Roboam por la idolatría de su padre y su rebelión contra

Dios. La ofensa más grave no era nada para ellos; tan negligentes eran en materia de religión, si

podían vivir cómodos y sin pagar tributos. A los espíritus contenciosos nunca les faltará de qué

quejarse. Cuando vemos el relato bíblico del reino de Salomón, la paz, la riqueza, y la prosperidad

que entonces disfrutó Israel, no podemos dudar que sus acusaciones eran falsas, o ajenas a la

verdad. —Roboam contestó al pueblo conforme al consejo de los jóvenes. No hay hombre más

cegado por el orgullo y el deseo del poder arbitrario, que el que piensa que eso no es fatal. Así

fueron cumplidos los consejos de Dios. Dejó a Roboam librado a su insensatez y escondió de sus

ojos las cosas que correspondían a su paz, para que el reino le fuese quitado y dividido. Dios usa

para sus propósitos sabios y justos las imprudencias y los pecados de los hombres. Los que pierden

el reino de los cielos es porque lo arrojan lejos, voluntaria y neciamente, como Roboam.

Vv. 16—24.
El pueblo habló de David en forma inconveniente. ¡Cuán pronto se olvidan los

hombres buenos y sus buenos servicios al público! Estas consideraciones debieran reconciliarnos

con nuestras pérdidas y problemas, que Dios es el Autor de ellos y nuestros hermanos son sus

instrumentos: no abriguemos deseos de venganza. Roboam y su gente escucharon la palabra del

Señor. Cuando sabemos qué piensa Dios, debemos someternos, por más que esto moleste nuestra

mente. Si tenemos la seguridad del favor de Dios, ni siquiera todo el universo puede dañarnos.

Vv. 25—33.
Jeroboam desconfiaba de la providencia de Dios; él concebiría maneras y medios,

pecaminosos también, para su propia seguridad. La incredulidad en la suficiencia total de Dios se

halla en el fondo de todos nuestros alejamientos de Él. Aunque es probable que su adoración

estuviera dirigida a Jehová el Dios de Israel, era contrario a la ley divina y deshonroso para la

majestad divina ser representada de esa manera. A la gente puede haberle molestado menos adorar

al Dios de Israel en forma de una imagen, que si de inmediato se les hubiera pedido que adoraran a

Baal; pero eso abrió el camino a la idolatría. —Bendito Señor, danos gracia para reverenciar tu

templo, tus ordenanzas, tu casa de oración, tus días de reposo y que nunca más, como Jeroboam,

pongamos en nuestro corazón ningún ídolo abominable. Sé tú para nosotros todo lo que nos es

precioso; que tú reines y gobierne nuestro corazón, esperanza de gloria.

CAPÍTULO XIII
Versículos 1—10. Reprobación del pecado de Jeroboam. 11—22. El profeta engañado. 23—34.
Muerte del profeta desobediente—Obstinación de Jeroboam.
Vv. 1—10. Al amenazar el altar, el profeta amenaza al fundador y a los adoradores. El culto
idolátrico no continuará, pero la palabra de Jehová permanecerá para siempre. La predicción afirma
claramente que la familia de David continuaría, y apoyaría la verdadera religión, cuando las diez
tribus ya no fueran capaces de resistirlos. Si Dios, con justicia, endurece el corazón de los
pecadores, para que no puedan retirar arrepentidos la mano que extendieron al pecado, eso es un
juicio espiritual, representado por esto, y mucho más espantoso. —Jeroboam buscó ayuda, no de
sus becerros, sino solamente de Dios, de su poder y favor. Puede llegar el momento en que los que
aborrecen la predicación, se alegren de las oraciones de los ministros fieles. Jeroboam no desea que
el profeta ore para que su pecado sea perdonado y cambiado su corazón, sino sólo que su mano sea
restaurada. Él pareció afectado momentáneamente por el juicio y por la misericordia, pero la
impresión se desvaneció. —Dios prohibió a su mensajero que comiera o bebiera en Betel para
mostrar su aborrecimiento por su idolatría y apostasía de Dios, y para enseñarnos a no tener
comunión con las obras de las tinieblas. No han aprendido a negarse a sí mismos quienes no pueden
desechar una comida prohibida.
Vv. 11—22. La conducta del viejo profeta prueba que realmente no era un hombre bueno.
Cuando el cambio ocurrió bajo Jeroboam, aquel prefirió su comodidad e interés a su religión. Él usó
un método muy malo para hacer regresar al profeta bueno. Todo era mentira. Los creyentes están en
mayor peligro de ser desviados de su deber por las pretensiones engañosas de santidad. —Puede
llamarnos la atención que el profeta malo no fue castigado, mientras que el santo varón de Dios fue
castigado súbita y severamente. ¿Qué haremos con todo esto? Los juicios de Dios trascienden
nuestro poder de comprensión, y hay un juicio venidero. Nada puede excusar un acto voluntario de
desobediencia. Esto demuestra lo que deben esperar los que escuchan al gran engañador. Los que
ceden ante él como tentador, serán aterrados por él como atormentador. A los que adula ahora,
después los atacará violentamente; y a los que lleva al pecado tratará de llevarlos a la desesperación.
Vv. 23—34. A Dios le disgustan los pecados de su pueblo; nadie será protegido en su
desobediencia, por el oficio que ejerce, por su cercanía a Dios, ni por ningún otro servicio que haya
hecho por Él. A todos los que le sirven, Dios les advierte que observen estrictamente sus órdenes.
No podemos ser jueces de los hombres por sus sufrimientos, ni de pecados por los castigos
presentes; la carne es destruida en algunos para que el espíritu sea salvo; la carne es halagada en
otros para que el alma madure para el infierno. —Jeroboam no se arrepintió de su mal camino. Se
prometió que los becerros asegurarían la corona a su familia, pero la perdieron y él hundió a su
familia. Se traicionan a sí mismos los que piensan sostenerse por cualquier pecado. Temamos
prosperar por medios pecaminosos; oremos para ser resguardados de todo engaño y tentación, y ser
capacitados para andar con perseverancia abnegada en el camino de los mandamientos de Dios.

CAPÍTULO XIV
Versículos 1—6. Abías se enferma y su madre consulta a Ahías. 7—20. La destrucción de la casa
de Jeroboam. 21—31. El reino malvado de Roboam.
Vv. 1—6. “En aquel tiempo”, cuando Jeroboam hizo lo malo, su hijo se enfermó. Cuando la
enfermedad llega a nuestra familia debemos preguntarnos si no habrá algún pecado específico que
se albergue en nuestra casa, por el cual se envía la aflicción para acusarnos y reclamarnos de ese
pecado. —Hubiera sido más piadoso si hubiera deseado saber por qué Dios contendía con él; si

hubiera pedido las oraciones del profeta y desechado sus ídolos; pero la mayoría de la gente prefiere

que les digan la suerte, y no sus faltas o su deber. —Mandó a buscar a Ahías porque éste le había

dicho que sería rey. Los que por el pecado se descalifican para las consolaciones y, sin embargo,

esperan que sus ministros porque son hombres buenos les hablen la paz y consuelo, se engañan a sí

mismos y a sus ministros. —Mandó a su esposa disfrazada para que el profeta le respondiera su

pregunta sobre su hijo solamente. De esta manera algunos limitan a sus ministros para que suavicen

las cosas, y no les interesa que se les declare todo el consejo de Dios, no sea que se profetice algo

no bueno para ellos, sino malo. Pero ella sabe, a la primera palabra, en qué tiene que confiar. Las

noticias para quien tiene una porción con los hipócritas serán noticias espantosas. Dios juzgará a los

hombres conforme a lo que son, no por lo que parecen ser.

Vv. 7—20.
Sea que llevemos o no una cuenta de las misericordias de Dios, Él sí la lleva; las

pondrá en orden delante de nosotros para nuestra mayor confusión, si somos ingratos. Ahías

anuncia la pronta muerte del niño enfermo, por misericordia para él. Este niño era el único, en la

casa de Jeroboam, que tuvo afecto por la adoración verdadera de Dios y le disgustaba la adoración

de los becerros. Para mostrar el poder y la soberanía de su gracia, Dios salva a algunos miembros de

las peores familias, en los cuales hay
algo bueno para el Señor Dios de Israel. Los justos son

librados del mal que viene a este mundo, y llevados al bien de un mundo mejor. Suele ser una mala

señal para una familia cuando se sepulta a los mejores de ella. Pero su muerte no es pérdida para

ellos. Era una aflicción presente para la familia y para el reino, aflicción que debió servir de

instrucción, al reino y a la familia. —Dios además anuncia los juicios que sobrevendrán al pueblo

de Israel por conformarse a la adoración establecida por Jeroboam. Después que salió de la casa de

David, el gobierno nunca duró mucho en otra familia; una saboteaba y destruía a la otra. Las

familias y los reinos son arruinados por el pecado. Si los grandes hombres hacen lo malo, arrastran

a muchos otros a la culpa y al castigo. La condena de ellos será muy severa porque deben responder

no sólo por sus pecados sino por los pecados a que han arrastrado y en los cuales han mantenido a

otros.

Vv. 21—31.
Aquí nada bueno se dice de Roboam, y se dice mucho para desventaja de sus

súbditos. La abundancia de los peores crímenes, del peor de los paganos, en Jerusalén, la ciudad que

el Señor había escogido para su templo y para ser adorado, demuestra que nada puede mejorar el

corazón de los hombres caídos, sino la gracia santificadora del Espíritu Santo. En ella sólo podemos

confiar; por tanto, oremos diariamente por ella, para nosotros y todos los que nos rodean. El

esplendor de su templo, la pompa de su sacerdocio, y todas las ventajas con que estaba asociada su

religión, no fue suficiente para mantenerlos cerca de ella; nada sino el derramamiento del Espíritu

mantendrá la lealtad del Israel de Dios. —El pecado deja al descubierto, empobrece y debilita a toda

persona. Sisac, rey de Egipto, vino y se llevó los tesoros. El pecado hace que el oro se opaque, que

cambie el oro más fino y se vuelva bronce.

 

EL 1 LIBRO DE REYES CAPITULOS 11, 12, 13, Y 14

1ra. de Reyes

Capítulo 11

11:1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
11:2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.
11:3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.
11:4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
11:5 Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.
11:6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.
11:7 Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.
11:8 Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
11:9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,
11:10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová.
11:11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.
11:12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.
11:13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
11:14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom.
11:15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom
11:16 (porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom),
11:17 Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.
11:18 Y se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio tierra.
11:19 Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.
11:20 Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
11:21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.
11:22 Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? El respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.
11:23 Dios también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.
11:24 Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en Damasco.
11:25 Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre Siria.
11:26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.
11:27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.
11:28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José.
11:29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
11:30 Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,
11:31 y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus;
11:32 y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel;
11:33 por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.
11:34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.
11:35 Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus.
11:36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.
11:37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.
11:38 Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.
11:39 Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.
11:40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
11:41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?
11:42 Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.
11:43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.


Capítulo 12

12:1 Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.
12:2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto,
12:3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
12:4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
12:5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
12:6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
12:7 Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
12:8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él.
12:9 Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?
12:10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
12:11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12:12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.
12:13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;
12:14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12:15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
12:16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.
12:17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.
12:18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén.
12:19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
12:20 Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.
12:21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.
12:22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo:
12:23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:
12:24 Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
12:25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
12:26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,
12:27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
12:28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.
12:29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.
12:30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
12:31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
12:32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.
12:33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.


Capítulo 13

13:1 He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,
13:2 aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.
13:3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.
13:4 Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.
13:5 Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.
13:6 Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.
13:7 Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.
13:8 Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar.
13:9 Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.
13:10 Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.
13:11 Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey.
13:12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá.
13:13 Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó.
13:14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy.
13:15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan.
13:16 Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar.
13:17 Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres.
13:18 Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.
13:19 Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.
13:20 Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver.
13:21 Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito,
13:22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.
13:23 Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno.
13:24 Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo.
13:25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.
13:26 Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo.
13:27 Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron.
13:28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.
13:29 Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle.
13:30 Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío!
13:31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.
13:32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las cosas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.
13:33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos.
13:34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.


Capítulo 14

14:1 En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo.
14:2 Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.
14:3 Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño.
14:4 Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez.
14:5 Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada.
14:6 Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura.
14:7 Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel,
14:8 y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos,
14:9 sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas;
14:10 por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada.
14:11 El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho.
14:12 Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño.
14:13 Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.
14:14 Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo.
14:15 Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová.
14:16 Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
14:17 Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió.
14:18 Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías.
14:19 Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.
14:20 El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.
14:21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita.
14:22 Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron.
14:23 Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso.
14:24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.
14:25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,
14:26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.
14:27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la puerta de la casa real.
14:28 Cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la guardia.
14:29 Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en las crónicas de los reyes de Judá?
14:30 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.
14:31 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.

martes, octubre 23

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 10

CAPÍTULO X

Versículos 1—13.
La reina de Sabá visita a Salomón. 14—29. La riqueza de Salomón.

Vv. 1—13.
La reina de Sabá vino a ver a Salomón para oír su sabiduría y mejorar la suya. Nuestro

Salvador menciona sus preguntas sobre Dios a Salomón, como señalando la estupidez de quienes no

buscan a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Esperar y orar, escudriñar con diligencia las

Escrituras, consultar a cristianos sabios y experimentados y practicar lo que hemos aprendido, es lo

que nos librará de las dificultades. —La sabiduría de Salomón impresionó a la reina de Sabá mucho

más que toda su prosperidad y grandeza. Hay una excelencia espiritual en las cosas celestiales y en

los cristianos firmes, a lo cual ninguna fama hace justicia. Aquí la verdad resalta; todos los que, por

medio de la gracia, son llevados a la comunión con Dios, dirán que no se les había dicho ni la mitad
de los placeres y ventajas de los caminos de la sabiduría. Los santos glorificados dirán mucho más

del cielo; dirán que no se les dijo ni la milésima parte, 1 Corintios ii, 9. Ella declaró felices a los que

constantemente escuchaban a Salomón. Con mayor razón, nosotros decimos de los siervos de

Cristo: Bienaventurados los que habitan en su casa; ellos seguirán aún alabándole. —Ella le hizo un

regalo noble a Salomón. Cristo no necesita lo que nosotros le regalamos; pero querrá que lo

hagamos para expresar nuestra gratitud. El creyente que ha estado con Jesús, regresará a su lugar,

cumplirá prestamente sus deberes por mejores razones: esperar el día en que, ausente del cuerpo,

esté presente con el Señor.

Vv. 14—29.
Salomón aumentaba su riqueza. La plata no se contaba. Tal es la naturaleza de la

riqueza mundana, cuya abundancia le resta valor; mucho más debiera el goce de las riquezas

espirituales aminorar nuestra estima de las posesiones terrenales. Si el oro en abundancia hace

despreciar la plata, la sabiduría, la gracia y el gustar de antemano del cielo, que es muchísimo mejor

que el oro, ¿no hará que el oro sea estimado en poco? —Véase en la grandeza de Salomón el

cumplimiento de la promesa de Dios, y estimúlenos para buscar primero la justicia del reino de

Dios. Este es quien, habiendo gustado los placeres terrenales, escribió un libro para mostrar la

vanidad de todas las cosas terrenales y la aflicción de espíritu que las acompaña, y la necedad de

quienes ponen en ellas su corazón; y para recomendar seriamente la piedad, como lo que hará

mucho más por hacernos felices que todas las riquezas y poder que pueda lograr; y por medio de la

gracia de Dios, está a nuestro alcance.

1ra. de Reyes capitulo 10

1ra. de Reyes

Capítulo 10

10:1 Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.
10:2 Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía.
10:3 Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase.
10:4 Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
10:5 asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.
10:6 Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría;
10:7 pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído.
10:8 Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.
10:9 Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.
10:10 Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.
10:11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas.
10:12 Y de la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.
10:13 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
10:14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro;
10:15 sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.
10:16 Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo.
10:17 Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano.
10:18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.
10:19 Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones.
10:20 Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante.
10:21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada.
10:22 Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
10:23 Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.
10:24 Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
10:25 Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.
10:26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén.
10:27 E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia.
10:28 Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos.
10:29 Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.

martes, octubre 16

COMENTARIO DEL 1 DE REYES CAPITULO 9

CAPÍTULO IX
Versículos 1—9. La respuesta de Dios a Salomón. 10—14. Los regalos de Salomón e Hiram. 15—
28. Las edificaciones de Salomón—Su comercio.
Vv. 1—9. Dios advierte a Salomón que él y su pueblo no deben creerse mejores de lo que son ahora
que tienen el templo recién edificado y dedicado, sino que teman. Después de todo, los servicios
que podamos realizar, nos dejan en las mismas condiciones que antes con el Señor. Nada puede
adquirirnos la libertad para pecar, ni tampoco el creyente verdadero desea tal permiso. Más bien
preferiría ser castigado por el Señor que sentirse autorizado a seguir con comodidad y prosperidad
en el pecado.
Vv. 10—14. Salomón le dio veinte ciudades a Hiram, pero no le gustaron. Si Salomón lo quería
agradar, que fuera en su propio elemento, convirtiéndose en su socio comercial, como hizo. Véase
en qué manera la providencia de Dios adapta esta tierra a los variados temperamentos de los
hombres y ajusta las disposiciones de los hombres a la tierra y, todo por el bien de la humanidad en
general.
Vv. 15—28. He aquí otro relato de la grandeza de Salomón. Empezó por el lado correcto,
porque construyó primero la casa de Dios y la terminó antes de empezar la propia; entonces Dios lo
bendijo y prosperó en todas sus otras construcciones. Empezad por la piedad y seguirá la ganancia;
dejad el placer para el final. Probablemente tengamos provecho cualesquiera sean los trabajos que
pasemos para la gloria de Dios y para provecho del prójimo. Canaán, la tierra santa, la gloria de
todas las tierras, no tenía oro; lo cual muestra que el mejor producto es para el sustento de la vida, la
propia y la del prójimo; eso producía Canaán. Salomón obtuvo mucho por su mercadería, sin
embargo, nos ha dirigido a un mejor comercio al alcance del más pobre. La sabiduría es mejor que
la ganancia de la plata y su fruto más que el oro fino, Proverbios iii, 14.
CAPÍTULO X

1ra. de Reyes Capítulo 09

1ra. de Reyes

Capítulo 09

9:1 Cuando Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer,
9:2 Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón.
9:3 Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.
9:4 Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos,
9:5 yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.
9:6 Mas si obstinadamente os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis;
9:7 yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos;
9:8 y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?
9:9 Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.
9:10 Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real,
9:11 para las cuales Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea.
9:12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le gustaron.
9:13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabul, nombre que tiene hasta hoy.
9:14 E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.
9:15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer:
9:16 Faraón el rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón.
9:17 Restauró, pues, Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón,
9:18 a Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto;
9:19 asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.
9:20 A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel;
9:21 a sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy.
9:22 Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus carros, o su gente de a caballo.
9:23 Y los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.
9:24 Y subió la hija de Faraón de la ciudad de David a su casa que Salomón le había edificado; entonces edificó él a Milo.
9:25 Y ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fue terminada.
9:26 Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom.
9:27 Y envió Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón,
9:28 los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.

lunes, octubre 15

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 8

Versículos 1—11.
Dedicación del Templo. 12—21. La ocasión. 22—53. La oración de Salomón. 54

—61.
Bendición y exhortación. 62—66. Las ofrendas de paz de Salomón.

Vv. 1—11.
Entrar con el arca es la finalidad que debe coronar la obra: se hizo con mucha

solemnidad. El arca fue instalada en el lugar indicado para su reposo en la parte interior de la casa,

desde donde ellos esperaban que Dios les hablara: el lugar santísimo. Las varas del arca las sacaron,

como para dirigir al sumo sacerdote hacia el propiciatorio sobre el arca, cuando éste entrara una vez

al año, para rociar la sangre; de modo que continuaron siendo útiles, aunque ya no hubo ocasión

para usarlas en el transporte del arca. La gloria de Dios que apareció en una nube puede significar:

—1. La oscuridad de esa dispensación comparada con la luz del evangelio por la cual, a cara

descubierta, contemplamos como en espejo la gloria del Señor. —2. La oscuridad de nuestro estado

presente en comparación con la presencia de Dios, que será la felicidad del cielo, donde la gloria

divina es develada.

Vv. 12—21.
Salomón anima a los sacerdotes que quedaron estupefactos con la nube oscura. Las

oscuras dispensaciones de la Providencia debieran vivificarnos para huir a refugiarnos en la

esperanza del evangelio. Nada puede reconciliarnos más con ellas que considerar lo que Dios ha

dicho, y comparar su palabra con sus obras. Cualquiera sea el bien que hagamos, debemos mirarlo

como el cumplimiento de la promesa de Dios para con nosotros, no como el cumplimiento de

nuestras promesas a Él.

Vv. 22—53.
En su excelente oración, Salomón hace como nosotros debiéramos hacer en toda

oración: da gloria a Dios. Las nuevas experiencias de la verdad de las promesas de Dios piden

mayores alabanzas. Él pide la gracia y el favor de Dios. Las experiencias que tengamos del

cumplimiento de sus promesas, debieran animarnos a depender de ellas y a reclamarlas; y quienes

esperan nuevas misericordias, deben estar agradecidos por las anteriores. Las promesas de Dios

deben ser las que dirigen nuestros deseos y la base de nuestra esperanza y de nuestras expectativas

en la oración. Los sacrificios, el incienso y todo el servicio del templo eran tipo de los oficios, la

oblación y la intercesión del Redentor. Por tanto, el templo tenía que ser recordado continuamente.

—Con una sola palabra, ‘perdonar’ Salomón expresa todo cuanto podía pedir a favor de su pueblo.

Porque como todas las miserias surgen del pecado, el perdón del pecado prepara el camino para

quitar todo el mal y recibir todo bien. Sin eso ninguna liberación resulta en bendición. —Además de

enseñar la palabra de Dios, Salomón suplica al Señor mismo que enseñe al pueblo a sacar provecho

de todo, aun de sus castigos. Ellos harán conocer a cada hombre la plaga de su corazón, qué es lo

que le hace doler; y extenderá sus manos en oración hacia esta casa; sea el problema corporal o

mental, lo presentarán ante Dios. Parece que se refiere especialmente a las cargas interiores. El

pecado es la plaga de nuestros corazones; las corrupciones que moran en nosotros son nuestras

enfermedades espirituales: todo israelita verdadero se esfuerza por conocerlas para mortificarlas y

velar contra su aparición. Esto lo lleva a arrodillarse; lamentándolas extiende sus manos en oración.

—Después de muchos detalles, Salomón concluye con la petición general a Dios para que escuche a

su pueblo que ora. Ningún lugar ahora, en el evangelio, puede agregar a las oraciones hechas en Él

o dirigidas hacia Él. La sustancia es Cristo; todo lo que pidamos en su nombre será dado. De esta

manera, se establece y santifica el Israel de Dios, se recupera y sana al descarriado. De este modo,

el extranjero se hace cercano, se consuela al doliente, se glorifica el nombre de Dios. El pecado es

la causa de todos nuestros problemas; el arrepentimiento y el perdón conducen a toda felicidad

humana.

Vv. 54—61.
Nunca una congregación fue despedida con lo que más probablemente les afectara,

y permaneciera en ellos. Lo que Salomón pide en esta oración todavía lo otorga la intercesión de

Cristo, de quien la súplica de Salomón fue un tipo. Recibiremos suficiente gracia, conveniente y

oportuna en todo momento de necesidad. Ningún corazón humano por sí solo está dispuesto a

obedecer el llamado al arrepentimiento, a la fe y a la novedad de vida que formula el evangelio,

andando en todos los mandamientos del Señor, sin embargo, Salomón exhorta a la gente a ser

perfecta. Este es el método bíblico, nuestro deber es obedecer el mandamiento de la ley y el llamado
del evangelio, viendo que hemos quebrantado la ley. Cuando nuestro corazón se inclina a ello,

sintiendo nuestra pecaminosidad y debilidad, oramos pidiendo la ayuda divina; de este modo,

somos hechos capaces de servir a Dios por medio de Jesucristo.

Vv. 62—66.
Salomón ofreció un gran sacrificio. Observó la fiesta de los tabernáculos, según

parece, después de la fiesta de la dedicación. —De esta manera debiéramos irnos a casa,

regocijándonos por las santas ordenanzas, agradecidos por la bondad de Dios.
 

1ra. de Reyes Capítulo 08

1ra. de Reyes

Capítulo 08

8:1 Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion.
8:2 Y se reunieron con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta solemne.
8:3 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca.
8:4 Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
8:5 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar.
8:6 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.
8:7 Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima.
8:8 Y sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta hoy.
8:9 En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
8:10 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
8:11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
8:12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.
8:13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre.
8:14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie.
8:15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:
8:16 Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel.
8:17 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
8:18 Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.
8:19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
8:20 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
8:21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
8:22 Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
8:23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón;
8:24 que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.
8:25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.
8:26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.
8:27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?
8:28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti;
8:29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.
8:30 Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.
8:31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;
8:32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
8:33 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa,
8:34 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres.
8:35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres,
8:36 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.
8:37 Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea;
8:38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa,
8:39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres);
8:40 para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
8:41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre
8:42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,
8:43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
8:44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,
8:45 tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.
8:46 Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,
8:47 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;
8:48 y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,
8:49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.
8:50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;
8:51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
8:52 Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren;
8:53 porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.
8:54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;
8:55 y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:
8:56 Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.
8:57 Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.
8:58 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres.
8:59 Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;
8:60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.
8:61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.
8:62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová.
8:63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.
8:64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz.
8:65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete días, esto es, por catorce días.
8:66 Y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel.

lunes, octubre 8

COMENTARIO DEL LIBRO DE 1 DE REYES CAPITULO 7

CAPÍTULO VII

Versículos 1—12.
Las edificaciones de Salomón. 13—47. Mobiliario del templo. 48—51. Vasos de

oro.

Vv. 1—12.
Todas las edificaciones de Salomón, aunque bellas, estaban concebidas para ser usadas.

Salomón empezó con el templo; primero edificó para Dios y, luego, los demás edificios. Los

fundamentos más sólidos de la prosperidad duradera se echan en la piedad temprana. Tardó trece

años en la edificación de su casa, pero edificó el templo en poco más de siete años; no que fuera

más exacto sino que estaba menos ansioso por edificar su propia casa que por edificar la de Dios.

Tenemos que preferir la honra de Dios a nuestra propia comodidad y satisfacción.

Vv. 13—47.
Los dos pilares de bronce del pórtico del templo eran, como piensan algunos, para

enseñar a quienes venían a adorar, a que dependieran sólo de Dios en cuanto a fuerza y equilibrio de

todo sus ejercicios religiosos. “Jaquin” Dios fijará esta mente peregrina. Bueno es que el corazón

esté establecido con gracia. “Boaz”, nuestra fuerza está en Él, que obra en nosotros tanto el querer

como el hacer. La fuerza y la estabilidad espiritual se hallan en la puerta del templo de Dios, donde

debemos aguardar los dones de la gracia para uso de los medios de gracia. —Los sacerdotes y los

sacrificios espirituales deben lavarse en el lavacro de la sangre de Cristo y de la regeneración.

Debemos lavarnos a menudo porque diariamente nos contaminamos. Son medios completos

provistos para nuestra limpieza; así que será falta nuestra si echamos nuestra suerte entre los impíos

por siempre. Bendigamos a Dios por la fuente abierta por el sacrificio de Cristo para el pecado y la

inmundicia.

Vv. 48—51.
Cristo es ahora el Templo y el Edificador; el Altar y el Sacrificio; la Luz de nuestra

alma y el Pan de vida; capaz de abastecer todas las necesidades de todos los que han apelado o

apelarán a Él. Las imágenes externas no pueden representar, las palabras no pueden expresar, el

corazón no puede concebir lo precioso que es, ni su amor. Vamos a Él y lavemos nuestros pecados

en su sangre; procuremos la gracia purificadora de su Espíritu; mantengamos comunión con el

Padre por su intercesión y rindámonos nosotros y todo lo que tengamos a su servicio. Siendo

fortalecidos por Él, seremos aceptados, útiles y felices.

 

1ra. de Reyes, capitulo 7

1ra. de Reyes

Capítulo 07

7:1 Después edificó Salomón su propia casa en trece años, y la terminó toda.
7:2 Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas.
7:3 Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas, que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera tenía quince columnas.
7:4 Y había tres hileras de ventanas, una ventana contra la otra en tres hileras.
7:5 Todas las puertas y los postes eran cuadrados; y unas ventanas estaban frente a las otras en tres hileras.
7:6 También hizo un pórtico de columnas, que tenía cincuenta codos de largo y treinta codos de ancho; y este pórtico estaba delante de las primeras, con sus columnas y maderos correspondientes.
7:7 Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el pórtico del juicio, y lo cubrió de cedro del suelo al techo.
7:8 Y la casa en que él moraba, en otro atrio dentro del pórtico, era de obra semejante a ésta. Edificó también Salomón para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, una casa de hechura semejante a la del pórtico.
7:9 Todas aquellas obras fueron de piedras costosas, cortadas y ajustadas con sierras según las medidas, así por dentro como por fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por fuera hasta el gran atrio.
7:10 El cimiento era de piedras costosas, piedras grandes, piedras de diez codos y piedras de ocho codos.
7:11 De allí hacia arriba eran también piedras costosas, labradas conforme a sus medidas, y madera de cedro.
7:12 Y en el gran atrio alrededor había tres hileras de piedras labradas, y una hilera de vigas de cedro; y así también el atrio interior de la casa de Jehová, y el atrio de la casa.
7:13 Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram,
7:14 hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra.
7:15 Y vació dos columnas de bronce; la altura de cada una era de dieciocho codos, y rodeaba a una y otra un hilo de doce codos.
7:16 Hizo también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas; la altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel también de cinco codos.
7:17 Había trenzas a manera de red, y unos cordones a manera de cadenas, para los capiteles que se habían de poner sobre las cabezas de las columnas; siete para cada capitel.
7:18 Hizo también dos hileras de granadas alrededor de la red, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con las granadas; y de la misma forma hizo en el otro capitel.
7:19 Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico, tenían forma de lirios, y eran de cuatro codos.
7:20 Tenían también los capiteles de las dos columnas, doscientas granadas en dos hileras alrededor en cada capitel, encima de su globo, el cual estaba rodeado por la red.
7:21 Estas columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzando la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz.
7:22 Y puso en las cabezas de las columnas tallado en forma de lirios, y así se acabó la obra de las columnas.
7:23 Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo; su altura era de cinco codos, y lo ceñía alrededor un cordón de treinta codos.
7:24 Y rodeaban aquel mar por debajo de su borde alrededor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos filas, las cuales habían sido fundidas cuando el mar fue fundido.
7:25 Y descansaba sobre doce bueyes; tres miraban al norte, tres miraban al occidente, tres miraban al sur, y tres miraban al oriente; sobre estos se apoyaba el mar, y las ancas de ellos estaban hacia la parte de adentro.
7:26 El grueso del mar era de un palmo menor, y el borde era labrado como el borde de un cáliz o de flor de lis; y cabían en él dos mil batos.
7:27 Hizo también diez basas de bronce, siendo la longitud de cada basa de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y de tres codos la altura.
7:28 La obra de las basas era esta: tenían unos tableros, los cuales estaban entre molduras;
7:29 y sobre aquellos tableros que estaban entre las molduras, había figuras de leones, de bueyes y de querubines; y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de bajo relieve.
7:30 Cada basa tenía cuatro ruedas de bronce, con ejes de bronce, y en sus cuatro esquinas había repisas de fundición que sobresalían de los festones, para venir a quedar debajo de la fuente.
7:31 Y la boca de la fuente entraba un codo en el remate que salía para arriba de la basa; y la boca era redonda, de la misma hechura del remate, y éste de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus tableros, los cuales eran cuadrados, no redondos.
7:32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio.
7:33 Y la forma de las ruedas era como la de las ruedas de un carro; sus ejes, sus rayos, sus cubos y sus cinchos, todo era de fundición.
7:34 Asimismo las cuatro repisas de las cuatro esquinas de cada basa; y las repisas eran parte de la misma basa.
7:35 Y en lo alto de la basa había una pieza redonda de medio codo de altura, y encima de la basa sus molduras y tableros, los cuales salían de ella misma.
7:36 E hizo en las tablas de las molduras, y en los tableros, entalladuras de querubines, de leones y de palmeras, con proporción en el espacio de cada una, y alrededor otros adornos.
7:37 De esta forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera, de una misma medida y de una misma entalladura.
7:38 Hizo también diez fuentes de bronce; cada fuente contenía cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y colocó una fuente sobre cada una de las diez basas.
7:39 Y puso cinco basas a la mano derecha de la casa, y las otras cinco a la mano izquierda; y colocó el mar al lado derecho de la casa, al oriente, hacia el sur.
7:40 Asimismo hizo Hiram fuentes, y tenazas, y cuencos. Así terminó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová:
7:41 dos columnas, y los capiteles redondos que estaban en lo alto de las dos columnas; y dos redes que cubrían los dos capiteles redondos que estaban sobre la cabeza de las columnas;
7:42 cuatrocientas granadas para las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para cubrir los dos capiteles redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas;
7:43 las diez basas, y las diez fuentes sobre las basas;
7:44 un mar, con doce bueyes debajo del mar;
7:45 y calderos, paletas, cuencos, y todos los utensilios que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová, de bronce bruñido.
7:46 Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán.
7:47 Y no inquirió Salomón el peso del bronce de todos los utensilios, por la gran cantidad de ellos.
7:48 Entonces hizo Salomón todos los enseres que pertenecían a la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa también de oro, sobre la cual estaban los panes de la proposición;
7:49 cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, frente al lugar santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro.
7:50 Asimismo los cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo.
7:51 Así se terminó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, plata, oro y utensilios; y depositó todo en las tesorerías de la casa de Jehová.

jueves, octubre 4

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 6

CAPÍTULO VI

Versículos 1—10.
Edificación del templo de Salomón. 11—14. Promesas dadas en cuanto al

templo.
15—38. Detalles sobre el templo.

Vv. 1—10.
El templo fue llamado casa de Jehová porque fue ordenado y concebido por Él e iba a

ser empleado en su servicio. Esto le daba la belleza de la santidad, pues era la casa de Jehová, la que

supera toda otra belleza. Iba a ser el templo del Dios de paz, por lo cual no debía oírse el sonido de

herramienta de hierro; la quietud y el silencio convienen y ayudan a los ejercicios religiosos. La

obra de Dios debe realizarse con mucho cuidado y sin ruido. El clamoreo y la violencia suelen

estorbar, pero nunca adelantar la obra de Dios. De esta manera, el reino de Dios en el corazón del

hombre crece en silencio, Marcos v, 27.
Vv. 11—14.
Nadie se emplea en la obra de Dios sin que Él tenga su ojo puesto sobre ellos. Pero

Dios da a conocer claramente a Salomón que toda la carga de la edificación del templo no lo

excusaría de obedecer la ley de Dios, ni lo protegería de sus juicios en caso de desobediencia.

Vv. 15—38.
Véase lo que tipifica este templo. —1. Cristo es el Templo verdadero. En Él habita

toda la plenitud de la divinidad corporalmente; en Él se reúne todo el Israel espiritual de Dios; por

medio de Él tenemos entrada a Dios con confianza. —2. Todo creyente es un templo
vivo en quien

habita el Espíritu de Dios, 1 Corintios iii, 16. Este templo vivo es edificado sobre el fundamento de

Cristo y será perfeccionado a su debido momento. —3. La iglesia del evangelio es el templo

místico
. Crece como templo santo en el Señor, enriquecida y embellecida con los dones y las

gracias del Espíritu. Este templo está firmemente edificado sobre la Roca. —4. El cielo es el templo

eterno
. Ahí quedará establecida la iglesia. Todos los que serán piedras de ese edificio, en el estado

presente de preparación, deben acomodarse y prepararse para todo esto. Que los pecadores acudan a

Jesús como fundamento vivo para ser edificados en Él, como parte de esta casa espiritual,

consagrados en cuerpo y alma a la gloria de Dios.

 

EL LIBRO 1 DE REYES CAPITULO 6

1ra. de Reyes

Capítulo 06

6:1 En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová.
6:2 La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto.
6:3 Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos.
6:4 E hizo a la casa ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera.
6:5 Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor.
6:6 El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa.
6:7 Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro.
6:8 La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa; y se subía por una escalera de caracol al de en medio, y del aposento de en medio al tercero.
6:9 Labró, pues, la casa, y la terminó; y la cubrió con artesonados de cedro.
6:10 Edificó asimismo el aposento alrededor de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro.
6:11 Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo:
6:12 Con relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre;
6:13 y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.
6:14 Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó.
6:15 Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés.
6:16 Asimismo hizo al final de la casa un edificio de veinte codos, de tablas de cedro desde el suelo hasta lo más alto; así hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo.
6:17 La casa, esto es, el templo de adelante, tenía cuarenta codos.
6:18 Y la casa estaba cubierta de cedro por dentro, y tenía entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía.
6:19 Y adornó el lugar santísimo por dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del pacto de Jehová.
6:20 El lugar santísimo estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, veinte de ancho, y veinte de altura; y lo cubrió de oro purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro.
6:21 De manera que Salomón cubrió de oro puro la casa por dentro, y cerró la entrada del santuario con cadenas de oro, y lo cubrió de oro.
6:22 Cubrió, pues, de oro toda la casa de arriba abajo, y asimismo cubrió de oro todo el altar que estaba frente al lugar santísimo.
6:23 Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura.
6:24 Una ala del querubín tenía cinco codos, y la otra ala del querubín otros cinco codos; así que había diez codos desde la punta de una ala hasta la punta de la otra.
6:25 Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un mismo tamaño y de una misma hechura.
6:26 La altura del uno era de diez codos, y asimismo la del otro.
6:27 Puso estos querubines dentro de la casa en el lugar santísimo, los cuales extendían sus alas, de modo que el ala de uno tocaba una pared, y el ala del otro tocaba la otra pared, y las otras dos alas se tocaban la una a la otra en medio de la casa.
6:28 Y cubrió de oro los querubines.
6:29 Y esculpió todas las paredes de la casa alrededor de diversas figuras, de querubines, de palmeras y de botones de flores, por dentro y por fuera.
6:30 Y cubrió de oro el piso de la casa, por dentro y por fuera.
6:31 A la entrada del santuario hizo puertas de madera de olivo; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas.
6:32 Las dos puertas eran de madera de olivo; y talló en ellas figuras de querubines, de palmeras y de botones de flores, y las cubrió de oro; cubrió también de oro los querubines y las palmeras.
6:33 Igualmente hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera de olivo.
6:34 Pero las dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra puerta también giraban.
6:35 Y talló en ellas querubines y palmeras y botones de flores, y las cubrió de oro ajustado a las talladuras.
6:36 Y edificó el atrio interior de tres hileras de piedras labradas, y de una hilera de vigas de cedro.
6:37 En el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los cimientos de la casa de Jehová.
6:38 Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octavo, fue acabada la casa con todas sus dependencias, y con todo lo necesario. La edificó, pues, en siete años.